Una parte importante del aprendizaje tiene lugar fuera de las aulas y espacios tradicionales de enseñanza-aprendizaje. Si bien es cierto que el aprendizaje continúa sucediendo principalmente en las aulas, laboratorios, talleres y bibliotecas; el aprendizaje se produce cada vez más a través de la observación, y participación en experiencias reales. El aprendizaje basado en proyectos promueve experiencias de formación profesional a través de pasantías, prácticas virtuales y formación de equipos de proyectos para clientes externos. Tales actividades son a menudo un elemento clave de lo que se conoce como aprendizaje auténtico.

El aprendizaje auténtico es activo y vivencial, y puede proporcionar a los estudiantes muchas de las habilidades que necesitan cuando entran al mundo laboral. Además, muestra a los estudiantes el impacto real que puede tener su trabajo académico. Por ejemplo, la Universidad de Buenos Aires ofrece proyectos de extensión que vinculan los estudios académicos con la comunidad. Estos proyectos ayudan a los estudiantes a desarrollar capacidades reflexivas y de pensamiento crítico, así como a ver el impacto directo de sus decisiones y acciones posteriores.

Las experiencias de aprendizaje situadas en contextos del mundo real pueden proporcionar a los estudiantes el impulso intelectual necesario en un mercado laboral en crecimiento. En los Estados Unidos, actualmente hay más de seis millones de empleos vacantes, mientras que en Asia, el desempleo juvenil, el subempleo y la insatisfacción laboral están en aumento. Además, la mayoría de los países africanos enfrentan escasez de recursos humanos y capacidad en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como en agricultura y disciplinas sanitarias, ya que el patrón actual de habilidades del continente no coincide con la demanda del mercado laboral o las necesidades de desarrollo. La falta de inversión en instalaciones de alta calidad y recursos humanos también sigue siendo un obstáculo significativo. El aprendizaje auténtico tiene el potencial de reducir estas brechas al brindarle a los estudiantes el conocimiento y las habilidades necesarias en el lugar de trabajo de hoy.

El aprendizaje auténtico puede tener lugar al inicio de la carrera académica de un estudiante para complementar la instrucción en clase, o puede servir como impulso a mitad de carrera de un profesional. A través de pasantías, los estudiantes son entrenados y asesorados por profesionales en el campo en el que se desarrollan. Al mismo tiempo, tienen la flexibilidad de explorar campos interdisciplinarios, como el diseño de juegos, el neuromarketing y la informática, o probar roles específicos sin tener que comprometerse a tiempo completo.

Queda claro que el aquello que llamamos como “auténtico” está vinculado con los problemas reales que enfrentan los profesionales y que, al enfrentarse a ellos, los estudiantes logran un mejor aprendizaje. ¿Puede ser auténtico el aprendizaje en las aulas? Bajo esta lógica, no. Pensemos en que las aulas en realidad son espacios creados artificialmente para simular situaciones reales. En un aula de matemáticas un docente plantea una situación en una pizarra, o en una proyección multimedia, para que los estudiantes imagines esa situación como si fuera real y resuelvan el caso. Lo mismo un docente de márketing puede explicar el caso de una empresa y su estrategia de ventas o distribución para que los estudiantes imagine que están en dicha empresa y resuelvan el caso. El aprendizaje (el acto de aprender) se da en un espacio real -el aula- pero enfocándose en una realidad imaginada. Los problemas que los estudiantes resuelven no tienen ninguna relación con la realidad que están viviendo en ese momento, en el aula.

La clave está en solucionar problemas reales en contextos reales, mientras estamos aprendiendo ¿Es eso posible? El profesor Jan Herrington de la Universidad de Wollongong, Australia señala que ya muchos diseñadores instruccionales están utilizando los entornos digitales para promover el aprendizaje auténtico.

Gracias a las tecnologías digitales y a la posibilidad de mantenerse permanentemente conectado, los estudiantes pueden atender situaciones reales en espacios reales y al mismo tiempo recibir retroalimentación de los expertos con los que trabaja y de sus docentes y colegas de manera remota.

Aprender haciendo, aprender conectado, permitiendo que la tecnología facilite el aprendizaje real, y abandonando la idea del aprendizaje “virtual”.

(*) La presente nota constituye una obra derivada de la original Horizon Report 2018  y se comparte con Licencia Creative Commons 4.0

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