El 26 de enero el mundo conmemora el Día Internacional de la Energía Limpia, una jornada establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para reflexionar sobre los desafíos que aún enfrenta la transición energética global más allá de la adopción tecnológica. Esta fecha no solo recuerda la importancia del acceso a energías renovables y limpias, sino que pone sobre la mesa los retos de equidad, justicia y conectividad que persisten en muchas regiones del planeta. En 2026, la conmemoración se enfoca en cómo ampliar el acceso a energía limpia sin dejar a nadie atrás, reforzando la necesidad de políticas inclusivas que integren soluciones para comunidades rurales, mujeres y grupos vulnerables.
La transición hacia fuentes limpias —como la solar, eólica o hidroeléctrica— no solo reduce emisiones de carbono, sino que también tiene un poder transformador en los sistemas productivos y sociales. Según mensajes recientes de la ONU, las energías renovables “pueden ser el motor de una transición ordenada y equitativa hacia formas de energía distintas de los combustibles fósiles” y, por primera vez, energías como la eólica y la solar generan más electricidad que el carbón en muchos lugares del mundo. Sin embargo, la infraestructura de redes y los costos aún representan barreras importantes para una adopción universal.
Este contexto plantea un llamado al compromiso de las universidades con el desarrollo sostenible. El Día Internacional de la Energía Limpia se vincula directamente con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 (ODS 7) de la Agenda 2030 —que busca garantizar “energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”— pero también con metas transversales como el ODS 4 (Educación de calidad) y el ODS 13 (Acción por el clima). La formación de profesionales con competencias técnicas y éticas para diseñar soluciones energéticas inclusivas es clave para cerrar brechas de acceso, impulsar economías locales y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático.
Desde la perspectiva universitaria, este día es una invitación a repensar currículos, impulsar investigación aplicada y fortalecer alianzas interdisciplinarias que conecten conocimiento, sociedad y política pública. Iniciativas que integren a estudiantes, docentes, gobiernos y empresas pueden incubar ideas que no solo mejoren la eficiencia energética en campus y comunidades, sino que también promuevan modelos de innovación social y tecnológica que trasciendan fronteras. La energía limpia —bien entendida— es un potente motor de desarrollo sostenible, equidad y bienestar colectivo; y la educación superior está en una posición privilegiada para liderar esta transformación.
Que el privilegio de contar con energía continua nos impulse a cuestionar su origen y a proponer, desde cada una de nuestras especialidades y posiciones, acciones concretas para que la sostenibilidad deje de ser una meta lejana y se convierta en nuestra realidad.
Luis Roca, coordinador de Sostenibilidad de la UPC
Texto realizado con el apoyo de Chat GPT.