El Día Internacional de la Mujer 2026 se conmemora bajo el lema “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”, una consigna impulsada por la Organización de las Naciones Unidas que busca reforzar la determinación colectiva frente a contextos donde el sexismo y las barreras estructurales aún persisten. La propuesta es clara: no retroceder en los avances logrados y avanzar juntas hacia el pleno ejercicio de derechos y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas.
Este llamado cobra especial relevancia cuando se observan las brechas actuales. La Organización Internacional del Trabajo señala que, a nivel mundial, las mujeres perciben en promedio un 20% menos de ingresos que los hombres.
Todos (todas las personas) son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. – Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 7
En este contexto, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 resulta fundamental, ya que promueve la eliminación de todas las formas de discriminación y violencia, el fortalecimiento de marcos legales y la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos. El Día Internacional de la Mujer 2026 enfatiza precisamente la necesidad de derribar leyes discriminatorias, protecciones legales insuficientes y normas sociales que limitan el acceso equitativo a la justicia.
Como docente, veo cada día el impacto que tiene la educación en la vida de las mujeres jóvenes. Desde mi trabajo en el ámbito de la salud global, he confirmado que la educación no solo transmite conocimientos: también permite que las mujeres descubran su voz, reconozcan su valor y amplíen las posibilidades que imaginan para su futuro. Cuando una mujer se reconoce capaz de ocupar espacios de liderazgo y decisión, no solo transforma su propia vida, también abre camino para muchas más.
Angela Requena, Coordinadora de Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias de la Salud de la UPC
El 8 de marzo es, entonces, una oportunidad para renovar el compromiso. Avanzar en derechos, justicia y acción implica asumir responsabilidades desde la educación, el trabajo y la vida pública, construyendo entornos donde la igualdad no sea un ideal, sino una práctica cotidiana.




