Cada 3 de diciembre conmemoramos el Día Internacional de las Personas con Discapacidad — una jornada para visibilizar tanto los desafíos como los enormes aportes de millones de personas en el mundo. En el ámbito educativo, esta fecha representa una invitación a reflexionar sobre la inclusión real: no basta con accesibilidad física o acomodaciones aisladas; debemos garantizar entornos de aprendizaje verdaderamente equitativos, que reconozcan la diversidad como valor y fortaleza.

Sabemos que muchas barreras, visibles e invisibles, siguen limitando la participación plena de estudiantes y docentes con discapacidad. Infraestructura inaccesible, materiales poco adaptados, tecnologías exclusivas, o una cultura educativa que no promueve la empatía y el respeto: todo ello afecta su desempeño, su sentido de pertenencia y su desarrollo personal. Pero también sabemos que, con voluntad e innovación, podemos transformar esa realidad.

En este contexto, la Agenda 2030 y la ODS 10 (Reducción de las desigualdades) nos recuerdan que la educación inclusiva es clave para construir sociedades más justas. Reducir brechas implica eliminar las barreras que enfrentan las personas con discapacidad y garantizar igualdad de oportunidades en todos los niveles educativos. La innovación, la accesibilidad digital y el diseño universal del aprendizaje son caminos concretos para cumplir esta meta global y asegurar que nadie quede atrás.

Desde la innovación educativa —en especial con herramientas digitales, diseño universal de aprendizaje y metodologías flexibles— tenemos una oportunidad enorme para construir aulas más inclusivas. Plataformas accesibles, subtítulos automáticos, materiales en formatos alternativos (audio, lectura fácil, video descriptivo), clases híbridas y colaboración en línea: todo esto permite adaptar la enseñanza a diferentes ritmos, estilos y necesidades. Así, no solo atendemos a la diversidad funcional, sino que enriquecemos el aprendizaje para todas las personas —porque la inclusión beneficia al estudiante con discapacidad y a su comunidad educativa en conjunto.

En este Día Internacional de las Personas con Discapacidad, desde nuestra comunidad educativa reafirmamos nuestro compromiso con la equidad, la accesibilidad y la innovación social. Invitamos a docentes, estudiantes, gestores y diseñadores de programas a incorporarlo en cada curso, cada proyecto, cada evento. Porque una educación verdaderamente inclusiva es una educación más humana, justa y transformadora.

El 26 de noviembre, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2023, se conmemora el Día Mundial del Transporte Sostenible, una fecha que invita a reflexionar sobre cómo la movilidad influye en la calidad de vida, el ambiente y el futuro de nuestras ciudades. Este día busca promover sistemas de transporte más eficientes, seguros y menos contaminantes.

Esta fecha está directamente vinculada con dos Objetivos de Desarrollo Sostenible: ODS 11 (Ciudades y Comunidades Sostenibles), al fomentar una movilidad accesible y ordenada, y ODS 13 (Acción por el Clima), al contribuir a la reducción de emisiones mediante prácticas de transporte responsables.

La innovación cumple un rol decisivo para avanzar hacia una movilidad más sostenible. Vehículos eléctricos, sistemas de micromovilidad, tecnologías que optimizan rutas y soluciones digitales que integran distintos medios de transporte permiten que nuestras ciudades evolucionen hacia modelos más limpios y eficientes.

Los centros de estudio y los espacios de trabajo también tienen una responsabilidad importante. Incentivar el uso de bicicletas, promover el carpooling o habilitar estacionamientos seguros para movilidad ligera son acciones que facilitan que estudiantes y colaboradores opten por alternativas sostenibles en su día a día.

Hoy es una buena oportunidad para elegir mejor cómo nos movemos: usar bicicleta, optar por caminar o evitar conducir en trayectos cortos son pequeñas decisiones que generan un gran impacto. Cada recorrido sostenible cuenta.

Cada 20 de noviembre el mundo conmemora el Día Mundial de la Infancia, proclamado por la ONU como una oportunidad para defender, promover y celebrar los derechos de niños y niñas, reconociendo su papel fundamental en nuestras sociedades. Esta fecha recuerda la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), el tratado internacional más ratificado de la historia y la base para garantizar bienestar, protección y acceso a una educación de calidad desde los primeros años.

Logros en educación temprana
Durante las últimas décadas se han logrado avances relevantes que muestran el impacto positivo de la inversión educativa durante la primera infancia:

  • Existe un mayor reconocimiento del valor estratégico de la educación inicial para el desarrollo cognitivo, emocional y social.
  • Los programas de atención y educación temprana han demostrado mejorar el rendimiento escolar posterior y reducir brechas futuras en el aprendizaje.
  • Cada vez más países adoptan políticas que integran el enfoque de educación a lo largo de la vida desde la primera infancia, en consonancia con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 sobre educación de calidad.

Retos pendientes
A pesar de los avances, persisten desafíos importantes:

  • La cobertura y la calidad educativa continúan siendo desiguales, especialmente en contextos de vulnerabilidad social y económica.
  • Millones de niños y niñas aún no acceden a espacios educativos seguros, estimulantes y con recurso profesional adecuado.
  • Garantizar el derecho a la educación no implica solo acceso físico, sino experiencias significativas basadas en el juego, la exploración y la participación activa de las familias y comunidades.

La educación temprana como motor de transformación
Educar desde los primeros años es una apuesta estratégica y profundamente humana. Cada oportunidad de aprendizaje inicial construye bases que se proyectan a lo largo de toda la vida. Impulsar una educación inclusiva, innovadora y orientada al desarrollo integral contribuye a formar ciudadanos preparados para enfrentar un futuro cambiante, complejo y global.

El desarrollo de metodologías activas, el acompañamiento emocional, el juego como forma natural de aprender y el uso pertinente de tecnologías educativas son herramientas que permiten potenciar las capacidades de niños y niñas y abrir puertas a un aprendizaje con sentido y propósito.

En este Día Mundial de la Infancia, celebramos la importancia de proteger la voz, la imaginación y los derechos de cada niño y niña. Cuidar la infancia es cuidar el futuro, y cada acción educativa, por pequeña que sea, contribuye a construir sociedades más justas, creativas y solidarias.

La infancia merece oportunidades reales para crecer, descubrir y transformar. Que este día sea un recordatorio para seguir creando espacios donde cada niño y niña pueda aprender, jugar y soñar sin límites.

Invertir en la infancia es una de las decisiones más poderosas para transformar el mañana. Y ese mañana empieza hoy.

Cada 10 de noviembre, el mundo conmemora el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, proclamado por la UNESCO para resaltar el papel esencial de la ciencia en la promoción del bienestar social, el respeto por los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Este día nos recuerda que la ciencia no es solo un conjunto de conocimientos, sino una fuerza colectiva para fomentar la cooperación internacional y promover la paz, tal como subraya la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su Agenda 2030. Su impacto se vincula directamente con el ODS 16, que busca construir sociedades pacíficas, inclusivas y con instituciones sólidas basadas en el conocimiento y la equidad.

En el ámbito educativo, la celebración invita a repensar la enseñanza de la ciencia como una herramienta para formar ciudadanos críticos, éticos y comprometidos con el bien común. Organismos como la OCDE destacan que fortalecer la alfabetización científica desde edades tempranas es clave para que los estudiantes comprendan fenómenos complejos —desde la inteligencia artificial hasta el cambio climático— y participen activamente en la construcción de soluciones sostenibles. Este enfoque se alinea con el ODS 4, que promueve una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todas las personas, preparando a las nuevas generaciones para afrontar los desafíos globales.

Las universidades del mundo, desde el MIT hasta la Universidad de Cambridge, impulsan proyectos de investigación y programas interdisciplinarios que vinculan la ciencia con la innovación social. En América Latina, instituciones como la Universidad de São Paulo o la UPC también promueven el aprendizaje basado en retos, el pensamiento científico y la aplicación del conocimiento en beneficio de la comunidad. Estas acciones contribuyen al ODS 9, orientado a fortalecer la investigación, la infraestructura sostenible y la innovación como pilares del desarrollo.

En este día, recordemos que la ciencia no solo habita en los laboratorios, sino en cada aula, en cada mente inquieta y en cada esfuerzo por entender y transformar nuestro entorno. Como comunidad educativa, asumamos el compromiso de seguir aprendiendo, investigando y compartiendo el conocimiento con propósito.

La ciencia cobra sentido cuando sus descubrimientos se traducen en soluciones que mejoran vidas. Promover iniciativas de innovación, investigación y sostenibilidad nos permite formar profesionales comprometidos con el bien común y con un futuro más saludable y equitativo.
Desde la Facultad de Ciencias de la Salud, creemos que educar con propósito es también promover el ODS 4: Educación de Calidad. Cada vez que formamos a un estudiante capaz de cuidar con empatía, pensamiento crítico y responsabilidad, contribuimos al bienestar y la paz de nuestras comunidades.

Dra. Angela Requena, Coordinadora de Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias de la Salud, UPC

Invitamos a docentes y estudiantes a participar activamente en iniciativas de innovación, investigación y sostenibilidad que promuevan la ciencia al servicio de la sociedad. Cada idea, cada proyecto y cada descubrimiento pueden ser una oportunidad para construir un futuro más justo, pacífico y sostenible.

Texto trabajado con el apoyo de Chat GPT.

Cada 3 de noviembre se conmemora el Día Internacional de las Reservas de la Biosfera, una fecha que invita a reconocer la importancia de estos territorios donde la naturaleza, la ciencia y las comunidades conviven en equilibrio. Las reservas de la biosfera son áreas que representan un modelo de relación sostenible entre el ser humano y su entorno, y constituyen escenarios clave para la investigación, la educación ambiental y la innovación orientada a la conservación.

En el caso del Perú, contamos con diversas reservas que reflejan la gran riqueza biológica y cultural del país. Lugares como el Manu, el Huascarán, el Noroeste Amotapes–Manglares, Oxapampa–Asháninka–Yánesha, Gran Pajatén y Avireri–Vraem forman parte de una red que protege ecosistemas únicos, desde los bosques amazónicos hasta los andes tropicales. En estos espacios, comunidades locales, investigadores y autoridades trabajan en conjunto para preservar los recursos naturales y mantener vivas las tradiciones que conviven con ellos.

La educación desempeña un papel esencial en este esfuerzo. Las universidades y centros de investigación pueden contribuir significativamente a la gestión sostenible de las reservas a través de proyectos interdisciplinarios, innovación tecnológica y formación de ciudadanos comprometidos con la conservación. Este compromiso se alinea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15, que promueve la protección, restauración y uso sostenible de los ecosistemas terrestres, reafirmando que el conocimiento es una herramienta poderosa para cuidar la vida en todas sus formas.

Celebrar este día es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y asumir un compromiso activo con su preservación. Cuidar las reservas de la biosfera no es solo tarea de las instituciones o de las comunidades que las habitan, sino una responsabilidad colectiva. Proteger estos espacios es también proteger nuestro futuro.

Texto editado con asistencia de ChatGPT.

El próximo 31 de octubre se celebra el Día Mundial de las Ciudades, fecha planteada por la ONU con la finalidad de contribuir con el desarrollo urbano sostenible en todo el mundo. ¿Cómo está Lima al respecto?

Las ciudades son el espejo más nítido de nuestras desigualdades. En ellas se cruzan la riqueza y la pobreza, la modernidad y la precariedad, la oportunidad y la exclusión. Según el nuevo Plan Estratégico 2026–2029 de ONU-Hábitat, más de 2.8 mil millones de personas en el mundo viven en condiciones de vivienda inadecuadas, y más de mil millones en asentamientos humanos. En América Latina, la región más urbanizada del planeta, el 80 % de la población vive en ciudades, pero la mayoría lo hace en las periferias sin servicios básicos ni seguridad habitacional.

Lima es un ejemplo emblemático de esta brecha. Mientras algunos distritos concentran polos de innovación, infraestructura moderna y espacios verdes, a pocos kilómetros millones de personas sobreviven en cerros y desiertos, sin acceso regular a agua, transporte eficiente o vivienda segura. La capital del Perú es hoy una ciudad fracturada, donde el distrito en el que se vive determina las oportunidades de futuro de miles de familias. Esa desigualdad espacial —reflejo de una desigualdad social persistente— no solo erosiona la cohesión urbana: atenta contra el derecho a una vida digna.

ONU-Hábitat lo plantea con claridad: el acceso a una vivienda adecuada, al suelo, el transporte y a los servicios básicos debe estar en el centro de toda política urbana. No se trata de construir más edificios, sino de reconstruir el pacto social sobre el que se levantan nuestras ciudades. La planificación urbana, la gobernanza participativa y la inversión pública deben converger para cerrar las brechas que hoy dividen a nuestras sociedades.

En Lima, eso significa enfrentar la informalidad, la segregación y la vulnerabilidad climática con una mirada integrada. Significa repensar cómo usamos el territorio, cómo se financian las inversiones y cómo involucramos a la ciudadanía en las decisiones que moldean su entorno. Significa, sobre todo, pasar de ciudades que reproducen la desigualdad a ciudades que la corrigen.

ONU-Hábitat propone cinco caminos: planificación integrada, gobernanza multiescalar, datos y conocimiento, alianzas estratégicas y financiamiento sostenible. Pero detrás de todos ellos hay una verdad ineludible: no hay sostenibilidad sin equidad. Y no habrá desarrollo urbano verdadero mientras el derecho a la ciudad siga siendo un privilegio.

Porque en el fondo, el desafío no es solo urbanístico, es moral:
¿Queremos seguir viviendo en ciudades donde unos pocos miran el futuro desde las alturas y millones lo hacen desde los cerros?

El 21 de octubre se celebra el Día Mundial del Ahorro de Energía, una fecha que invita a reflexionar sobre el uso responsable de los recursos energéticos. Es un llamado global para que ciudadanos, empresas e instituciones comprendan que la energía es limitada y que cada acción de consumo tiene impacto ecológico y económico. Celebrar esta fecha implica poner en agenda el consumo responsable, promover tecnologías limpias y difundir prácticas que reduzcan el desperdicio. A nivel global, la eficiencia energética es una de las estrategias más efectivas para mitigar el cambio climático y reducir costos en hogares e industrias.

Para que estas ideas se materialicen, es esencial el compromiso de las autoridades en todos los niveles. Los gobiernos deben establecer políticas, regulaciones y programas que incentiven el ahorro de energía, como estándares mínimos para edificaciones, etiquetado de eficiencia energética y promoción de auditorías energéticas. También deben liderar con el ejemplo, aplicando medidas de eficiencia en edificios públicos, alumbrado y transporte. Solo con un marco normativo sólido y seguimiento constante las buenas intenciones se traducirán en resultados concretos.

En el Perú ya se vislumbran cambios en esta dirección, aunque aún quedan pasos por dar. Por ejemplo, el Ministerio de Energía y Minas ha promovido iniciativas de transición energética y eficiencia energética, y el país tiene compromisos en materia de reducción de emisiones en su Contribución Nacional Determinada. ENGIE -+2Publicaciones del BID+2 También hay esfuerzos hacia la modernización de redes eléctricas inteligentes (smart grids) que faciliten una gestión más eficiente del consumo. ENGIE – Sin embargo, es necesario avanzar con mayor rapidez en normativas que obliguen a mejorar la eficiencia en edificaciones nuevas o remodeladas, regular el consumo en el sector industrial, incentivar renovables en zonas alejadas, fortalecer auditorías energéticas y crear mecanismos de financiamiento que faciliten la inversión en mejoras energéticas por parte del sector privado o las municipalidades.

En este contexto, el ámbito educativo juega un papel estratégico. Las universidades y escuelas pueden integrarse activamente en la construcción de una cultura de ahorro energético mediante proyectos de investigación, campañas de concientización, implementación de prácticas eficientes en sus propios campus y formación interdisciplinar. Por ejemplo, pueden incluir asignaturas o módulos sobre eficiencia energética, gestionar auditorías energéticas en laboratorios y edificios universitarios, y promover concursos internos para optimizar consumos. Esta intervención educativa fortalece que los futuros profesionales —ingenieros, arquitectos, gestores públicos, etc.— tengan una mentalidad orientada hacia la sostenibilidad desde su formación.

En línea con este compromiso, la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) viene implementando diversas acciones orientadas a la eficiencia energética. Desde el año 2024, la institución realiza un mantenimiento integral de sus instalaciones con el objetivo de optimizar el consumo energético, reemplazando equipos de alto consumo —como chillers y sistemas de aire acondicionado— por tecnología de mayor rendimiento. Además, la universidad cuenta con más del 80% de sus luminarias con tecnología LED y viene implementando sensores de movimiento en puntos críticos de sus campus. A estas acciones se les suma su nuevo Plan de Descarbonización al 2050, que contempla la ejecución futura de auditorías energéticas, mejoras de rendimiento e incorporación progresiva de fuentes de energía renovable. – Luis Roca Infante

Para cerrar, la innovación es un motor indispensable para acelerar el cambio en eficiencia energética. Soluciones tecnológicas (IA, sensores inteligentes, redes eléctricas inteligentes, sistemas de monitoreo en tiempo real) pueden transformar el modo en que consumimos energía.

Texto revisado y editado con apoyo de ChatGPT.

Cada 20 de septiembre, el Día Internacional del Deporte Universitario —impulsado por la UNESCO y la Federación Internacional de Deporte Universitario— destaca el papel del deporte como catalizador de bienestar integral, formación ética y fortalecimiento de la vida universitaria. Esta conmemoración invita a las instituciones de educación superior a integrar el deporte en su propuesta educativa, fomentando valores como la colaboración, la disciplina y el respeto, esenciales para una formación universitaria de calidad y para el avance hacia una educación verdaderamente innovadora.

El deporte universitario no solo contribuye a la salud física y mental, sino que también desarrolla habilidades transversales clave: liderazgo, resiliencia, comunicación efectiva y trabajo en equipo. Estas competencias resultan fundamentales en un mundo laboral y social que demanda adaptabilidad y creatividad. De esta manera, el deporte se convierte en una herramienta educativa que potencia el aprendizaje activo y promueve una cultura de bienestar en el campus, aportando directamente al ODS 3 (Salud y bienestar) y al ODS 4 (Educación de calidad), al integrar la actividad física como parte esencial de una formación integral.

Un ejemplo inspirador a nivel global es la FISU World University Games, evento multideportivo internacional que reúne cada dos años a miles de estudiantes-atletas de universidades de todo el mundo. Esta experiencia refuerza la idea de que el deporte es un vehículo para el desarrollo de habilidades globales y para el fortalecimiento de comunidades universitarias diversas y comprometidas.

En el ámbito local, la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) destaca con su Programa Deportivo de Alta Competencia (Prodac), que respalda a más de 700 estudiantes-deportistas en 22 selecciones. Este programa no solo promueve el alto rendimiento, sino que integra becas, tutorías, apoyo psicológico y nutricional, así como flexibilidad académica, permitiendo que los estudiantes equilibren su formación profesional con el entrenamiento y la competencia de alto nivel. La UPC ha logrado resultados sobresalientes en competencias nacionales, demostrando que el deporte universitario puede ser un eje estratégico de bienestar, inclusión y excelencia académica dentro de una universidad peruana.

En la UPC creemos que el deporte universitario es mucho más que una competición: es una herramienta formativa que impulsa el bienestar, fortalece valores y prepara a nuestros estudiantes para liderar con integridad en un mundo en constante cambio. Celebrar este día es reafirmar nuestro compromiso con una educación integral.
Daniel Cino Barreda, Jefe de Deportes de la UPC

Celebrar el Día Internacional del Deporte Universitario es, por tanto, reconocer que el deporte no solo es actividad física: es una estrategia educativa para el desarrollo humano, la cohesión social y la preparación de ciudadanos capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI. Integrar iniciativas como las de la FISU y la UPC en la vida universitaria es una oportunidad para que las instituciones avancen hacia una educación más inclusiva, saludable y sostenible.

Texto escrito con el apoyo de Chat GPT y la colaboración de Daniel Cino.

Cada 10 de septiembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) nos convocan a reflexionar en torno a una realidad que afecta a millones de personas: el suicidio. Bajo el lema de este año, Changing the Narrative on Suicide (Cambiando la narrativa sobre el suicidio), se busca transformar el silencio y el estigma en diálogos abiertos que promuevan empatía, apoyo y prevención. Según estimaciones recientes, más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, lo que representa aproximadamente 1 de cada 100 muertes globales. Además, más de mil millones de personas viven con condiciones de salud mental, lo que evidencia la urgencia de escalar los servicios de atención y acompañamiento a nivel mundial.

El desafío es aún mayor en los países de ingresos bajos y medianos, donde ocurre cerca del 73 % de los suicidios y donde la brecha de acceso a servicios especializados limita las posibilidades de prevención. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Naciones Unidas han reiterado que la salud mental es un derecho humano y que invertir en programas comunitarios, redes de soporte y estrategias educativas es clave para reducir estas cifras. La prevención del suicidio no es solo responsabilidad de los sistemas de salud, sino también de la sociedad en su conjunto: familias, instituciones educativas y comunidades deben involucrarse activamente.

prevencion suicidio

En el Perú, la situación refleja estas tendencias globales. Durante el primer trimestre de 2025 se registraron 642 intentos de suicidio, y más de la mitad correspondió a jóvenes entre 18 y 29 años, un grupo estrechamente ligado al entorno universitario. Además, cerca del 36 % de los jóvenes reporta síntomas de depresión moderada o grave, lo que resalta la necesidad de atención temprana y acompañamiento emocional. El Ministerio de Salud (MINSA) pone a disposición la Línea 113, opción 5, para brindar atención psicológica gratuita y permanente a quienes enfrentan pensamientos suicidas o crisis emocionales, reforzando la importancia de contar con recursos accesibles y confiables.

No necesitamos ser profesionales de la salud para realizar acciones a favor del cuidado de la salud mental en nuestros entornos. Por ejemplo, el aula es un espacio ideal, donde no solo se promueve el aprendizaje de competencias académicas sino de habilidades sociales, donde podemos impulsar un clima emocional seguro, donde cada uno, se sienta libre de expresarse. Como docentes podemos enseñar reconociendo y valorando la diferencia en los estilos de aprendizaje de mis alumnos, desde sus capacidades y áreas a mejorar. Fortalezcamos entre los estudiantes el trabajo en equipo, la sinergia, el cuidado por el otro, la gratitud y la empatía. Reservemos espacios para mirarnos entre todos y preguntarnos ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo estamos? ¿Cómo llegamos a esta clase? Y dejar abierta la posibilidad de que si alguno necesita ayuda lo podemos escuchar o ayudar a buscar una ayuda profesional.

María Teresa Díaz Calderón, Jefa de Orientación Psicopedagógica en la UPC

En el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, invitamos a docentes, estudiantes y colaboradores a sumarse a las iniciativas de sensibilización y soporte emocional que se vienen desarrollando en el país y a fortalecer, desde cada espacio, un entorno donde la vida, la empatía y la esperanza sean siempre el centro. Este compromiso se alinea con el ODS 3: Salud y Bienestar, que busca garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. Promover la salud mental y prevenir el suicidio es parte esencial de este objetivo, ya que contribuye a construir comunidades más seguras, resilientes y solidarias, donde cada persona pueda desarrollarse plenamente.

Texto redactado con el apoyo de Chat GPT.