Cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial del Reciclaje, una fecha que invita a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y el impacto ambiental que generan, especialmente en un contexto donde el uso de tecnología continúa creciendo dentro y fuera de los espacios educativos.

El reciclaje forma parte de acciones cotidianas que hoy buscan generar un impacto más consciente y sostenible. Desde reutilizar botellas y envases, hasta apostar por la moda circular y el consumo de prendas reutilizadas, cada vez más personas y organizaciones adoptan prácticas responsables para reducir residuos y extender la vida útil de los productos. Esta conversación también alcanza al ámbito educativo y tecnológico, donde el incremento de celulares, laptops, tablets y otros dispositivos ha convertido a los residuos electrónicos en un desafío ambiental cada vez más visible.

En línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 (ODS 12) de las Naciones Unidas, relacionado con la producción y el consumo responsables, distintas empresas tecnológicas ya vienen incorporando materiales reciclados en sus procesos de fabricación. Marcas como Apple, Dell y HP han impulsado iniciativas vinculadas al uso de aluminio reciclado, plásticos recuperados y empaques más sostenibles en algunos de sus productos.

En este escenario, las universidades cumplen un rol clave. Además de integrar tecnología en los procesos de aprendizaje, también pueden promover una cultura de sostenibilidad mediante campañas de reciclaje, programas de concientización y espacios que impulsen la reflexión sobre el impacto ambiental de la innovación y el consumo tecnológico.

Pequeñas acciones pueden generar grandes cambios. Apostar por una cultura de reciclaje y consumo responsable también es una forma de construir entornos educativos más conscientes, sostenibles y preparados para el futuro.

La sostenibilidad también viene transformando la manera en que se diseñan y producen los dispositivos tecnológicos. Este video de Apple comparte parte de ese compromiso hacia un futuro con menor impacto ambiental.


En este video de Aprendemos Juntos 2030, Víctor Gil nos invita a reflexionar sobre cómo la creatividad puede transformar y dar nuevas oportunidades.

Cada 1 de mayo se conmemora el Día Internacional de los Trabajadores, una fecha que invita a reflexionar sobre el valor del trabajo y su impacto en nuestras vidas y en la sociedad. Más que una celebración, es una oportunidad para reconocer cómo el trabajo contribuye al desarrollo personal, la estabilidad familiar y el crecimiento de nuestras comunidades.

En ese sentido, el trabajo cumple un rol fundamental, ya que no solo permite cubrir necesidades básicas, sino que también impulsa oportunidades y mejora la calidad de vida. Además, se conecta directamente con el desarrollo de los países, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8, que promueve el trabajo decente y el crecimiento económico.

En el Perú, esta realidad también se observa en los datos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2025 más de 17.5 millones de personas formaban parte de la población ocupada, reflejando una tendencia de crecimiento del empleo en los últimos años. Aun así, el reto no se limita a generar más puestos de trabajo, sino a asegurar mejores condiciones laborales. La tasa de desempleo se sitúa en 4.9% y afecta con mayor intensidad a jóvenes menores de 25 años y a personas con educación universitaria, lo que evidencia brechas que todavía requieren atención.

En este contexto, la inclusión sigue siendo una tarea pendiente. No todas las personas acceden a las mismas oportunidades, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad o con discapacidad. Promover entornos laborales más equitativos implica reconocer estas brechas y trabajar activamente para reducirlas.

Por otro lado, la tecnología y la innovación están redefiniendo la forma en que trabajamos. Hoy, herramientas digitales y nuevas modalidades laborales abren oportunidades concretas para reducir barreras y facilitar el acceso al empleo. Por ejemplo, los lectores de pantalla permiten que personas con discapacidad visual puedan desempeñarse en trabajos administrativos o digitales; las plataformas de videollamadas con subtítulos automáticos facilitan la comunicación para personas con discapacidad auditiva; y las herramientas de reconocimiento de voz hacen posible que personas con movilidad reducida puedan redactar documentos o interactuar en entornos laborales digitales. Asimismo, el trabajo remoto ha ampliado las posibilidades para quienes antes enfrentaban barreras físicas o de traslado, permitiendo una participación más activa en el mercado laboral.

Este avance también plantea una responsabilidad: asegurar que la transformación digital sea inclusiva y no deje a nadie atrás.

Así, el trabajo continúa siendo un motor de desarrollo que va más allá de lo económico: genera oportunidades, construye futuro y conecta a las personas con un propósito.

Esta fecha es una oportunidad para reconocer el valor de cada persona que, desde su rol como trabajador, docente, emprendedor o estudiante, aporta al desarrollo de su entorno. Porque el verdadero avance no está solo en cuánto crece el empleo, sino en cómo logramos que ese crecimiento llegue a más personas y contribuya a una sociedad más equitativa.

La innovación y la creatividad no solo impulsan el desarrollo tecnológico, también son herramientas clave para mejorar la calidad de vida y enfrentar desafíos sociales. Desde soluciones en educación hasta avances en salud o sostenibilidad, innovar implica observar la realidad, cuestionarla y proponer nuevas formas de transformarla.

En línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la ODS 9 promueve la industria, la innovación y la infraestructura como pilares para un desarrollo sostenible e inclusivo. Apostar por la innovación impulsa el crecimiento, pero también permite responder de forma resiliente a los desafíos del entorno.

Si miramos hacia atrás, la innovación comienza incluso antes de la tecnología. Hallazgos como Lucy —uno de los fósiles humanos más antiguos— evidencian cómo la capacidad de adaptación ha sido clave en la evolución humana.

Siglos después, figuras como Leonardo da Vinci demostraron que la creatividad puede adelantarse a su tiempo. Hoy, muchas de sus ideas encuentran aplicación en tecnologías modernas, mostrando cómo la innovación evoluciona y se perfecciona.

En la actualidad, vivimos una nueva etapa marcada por la inteligencia artificial y la realidad virtual. Estas tecnologías amplían las posibilidades de creación, permitiendo simular escenarios, automatizar procesos y potenciar la generación de ideas. La creatividad ya no se limita a imaginar, sino también a interactuar con herramientas que expanden lo posible.

En este contexto, los espacios de experimentación como hackatones son fundamentales. Desde la universidad, estos entornos permiten que los estudiantes exploren, fallen, aprendan y propongan soluciones reales.

Por ejemplo, desde la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas:

  • El graduado Joaquín Zavaleta desarrolló Manti, un robot subacuático biomimético inspirado en mantarrayas, que destacó en un congreso internacional en China por su innovación y eficiencia energética .
  • Estudiantes de Ingeniería de Software obtuvieron el primer lugar en la IA Hackathon Perú, desarrollando soluciones basadas en inteligencia artificial para resolver problemas reales y logrando clasificar a una competencia internacional en Suiza .
  • El equipo ganador de la Maratón de Innovación 28h representó al Perú en el DigiEduHack en Bruselas, donde obtuvo un reconocimiento global en la categoría Beginners. Su proyecto SignEdge propuso una solución para hacer la educación digital más accesible e inclusiva, evidenciando cómo la innovación desarrollada desde la universidad puede generar impacto a nivel internacional.

Estos casos reflejan que la innovación no es un concepto lejano, sino una práctica activa que se construye desde las aulas y se proyecta hacia la sociedad.

Hoy, más que nunca, innovar es una responsabilidad compartida. Crear con propósito, cuestionar lo establecido y aprovechar la tecnología de manera consciente son pasos clave para construir un futuro con mayor impacto.

En el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, que se celebra cada 18 de abril, se destaca la importancia de proteger, conservar y dar a conocer aquellos lugares que forman parte de nuestra historia y cultura.

Sin embargo, no todas las personas pueden acceder a ellos. Factores como la distancia, los costos o la movilidad limitan la posibilidad de conocerlos de manera presencial.

Frente a ello, la innovación abre nuevas oportunidades. La realidad virtual permite recorrer monumentos y sitios históricos desde cualquier lugar, generando experiencias inmersivas que acercan el patrimonio a más personas y favorecen el aprendizaje.

En este contexto, desde la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas se vienen desarrollando experiencias que integran tecnología y turismo para acercar estos espacios a más personas. Un ejemplo es la propuesta en realidad virtual sobre Santa Rosa de Quives, que permite explorar este sitio de valor cultural y religioso a través de una experiencia inmersiva.

Algunas plataformas para recorrer monumentos en realidad virtual:

Google Arts & Culture
AirPano

Este enfoque se alinea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11: Ciudades y comunidades sostenibles, que impulsa la protección y el acceso inclusivo a la cultura, recordándonos que la tecnología también puede ser una aliada para acercar estos espacios a más personas.

El Día Mundial de la Salud, conmemorado cada 7 de abril, nos invita a reflexionar sobre los desafíos que impactan el bienestar de las personas en todo el mundo. Este 2026, el tema “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia” resalta la importancia de la colaboración y del respaldo a la evidencia científica para construir sistemas de salud más accesibles, confiables y sostenibles.

En esa línea, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 plantea garantizar una vida sana y promover el bienestar en todas las etapas. Alcanzarlo implica apostar por la investigación y la ciencia como motores de cambio, capaces de impulsar soluciones innovadoras, mejorar la prevención y fortalecer la toma de decisiones en salud.

La salud es un pilar fundamental para el desarrollo humano. Cuidarla no solo es una acción individual, sino un compromiso colectivo que impacta directamente en nuestras comunidades y en las oportunidades de las personas.

Desde mi experiencia en ciencias de la salud, creo profundamente que la ciencia cobra su mayor sentido cuando se pone al servicio de las personas. En este Día Mundial de la Salud, celebramos no solo los avances científicos, sino también la capacidad de transformar vidas a través del conocimiento, la empatía y el trabajo conjunto. Apostar por la ciencia es creer en un futuro más humano, más justo y lleno de oportunidades para todos. Angela Requena

Hoy, los estudiantes de medicina se forman en un entorno donde la inteligencia artificial amplía las posibilidades de aprendizaje y práctica clínica. Integrar estas herramientas con criterio, ética y vocación será clave para responder a las necesidades de una sociedad en constante transformación.

Juntos por la salud, la ciencia y las personas.

El Día Internacional de la Mujer 2026 se conmemora bajo el lema “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”, una consigna impulsada por la Organización de las Naciones Unidas que busca reforzar la determinación colectiva frente a contextos donde el sexismo y las barreras estructurales aún persisten. La propuesta es clara: no retroceder en los avances logrados y avanzar juntas hacia el pleno ejercicio de derechos y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas.

Este llamado cobra especial relevancia cuando se observan las brechas actuales. La Organización Internacional del Trabajo señala que, a nivel mundial, las mujeres perciben en promedio un 20% menos de ingresos que los hombres.

Todos (todas las personas) son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. – Declaración Universal de Derechos Humanos, artículo 7

En este contexto, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 resulta fundamental, ya que promueve la eliminación de todas las formas de discriminación y violencia, el fortalecimiento de marcos legales y la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos. El Día Internacional de la Mujer 2026 enfatiza precisamente la necesidad de derribar leyes discriminatorias, protecciones legales insuficientes y normas sociales que limitan el acceso equitativo a la justicia.

Como docente, veo cada día el impacto que tiene la educación en la vida de las mujeres jóvenes. Desde mi trabajo en el ámbito de la salud global, he confirmado que la educación no solo transmite conocimientos: también permite que las mujeres descubran su voz, reconozcan su valor y amplíen las posibilidades que imaginan para su futuro. Cuando una mujer se reconoce capaz de ocupar espacios de liderazgo y decisión, no solo transforma su propia vida, también abre camino para muchas más.

Angela Requena, Coordinadora de Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias de la Salud de la UPC

El 8 de marzo es, entonces, una oportunidad para renovar el compromiso. Avanzar en derechos, justicia y acción implica asumir responsabilidades desde la educación, el trabajo y la vida pública, construyendo entornos donde la igualdad no sea un ideal, sino una práctica cotidiana.

Cada 1 de marzo, el Día de la Cero Discriminación nos recuerda que la igualdad no es solo un principio declarado, sino una responsabilidad que debe reflejarse en nuestras decisiones y prácticas cotidianas. Esta fecha, promovida por la Organización de las Naciones Unidas, invita a analizar cómo las instituciones contribuyen a garantizar el respeto, la dignidad y las mismas oportunidades para todas las personas.

En el ámbito educativo, la no discriminación es el punto de partida para construir una verdadera educación inclusiva. No basta con abrir las puertas de acceso; es necesario asegurar condiciones que permitan la permanencia, la participación activa y el logro académico de todos los estudiantes. La equidad implica reconocer que existen diferencias en los contextos, recursos y experiencias previas, y que las instituciones deben generar respuestas que compensen esas brechas.

Este enfoque se articula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por las Naciones Unidas, especialmente el ODS 4, orientado a garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad, y el ODS 10, enfocado en la reducción de las desigualdades. Ambos objetivos refuerzan la idea de que la calidad educativa solo es sostenible cuando se basa en principios de justicia y equidad.

En las instituciones educativas, promover la inclusión supone contar con políticas claras contra toda forma de discriminación, fortalecer la formación docente en diversidad, asegurar accesibilidad en los entornos físicos y digitales, y fomentar una cultura institucional basada en el respeto. La educación superior, además de formar profesionales competentes, tiene la responsabilidad de formar ciudadanos capaces de convivir en contextos diversos y de actuar frente a situaciones de exclusión.

La educación contra la discriminación comienza en casa. – Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz

A continuación, compartimos un video protagonizado por la activista indígena y Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú Tum, quien reflexiona sobre la discriminación, el racismo, la memoria histórica y la construcción de una ética de paz mundial. A partir de su historia de vida y del legado de los pueblos mayas, el video invita a cuestionarnos si es posible un mundo en paz mientras persisten las desigualdades y la exclusión, y destaca el valor de la diversidad cultural como base para una convivencia más justa.

La educación inclusiva y la equidad no se construyen únicamente desde los discursos institucionales, sino desde las acciones diarias en el aula, la gestión académica y el liderazgo. En el Día de la Cero Discriminación, el compromiso es claro: consolidar instituciones educativas donde la igualdad de oportunidades sea una experiencia real y sostenida para toda la comunidad.

La relación entre tecnología, datos y justicia social se ha vuelto central en el debate global: los sistemas de inteligencia artificial pueden amplificar desigualdades existentes cuando se entrenan con datos sesgados o se implementan sin controles, pero también pueden reducir brechas si se diseñan con criterios éticos basados en derechos humanos, equidad y rendición de cuentas. En este contexto, la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de la UNESCO (2021) —adoptada por sus Estados Miembros— establece principios como la no discriminación, la transparencia y la supervisión humana, subrayando que la IA debe contribuir explícitamente al bienestar social y a la justicia. Este enfoque se alinea directamente con el ODS 10: Reducción de las desigualdades, que llama a disminuir brechas estructurales dentro y entre los países.

De forma complementaria, los Principios de IA de la OCDE promueven una inteligencia artificial innovadora pero respetuosa de los derechos fundamentales y de los valores democráticos, orientada a la inclusión y al beneficio social. Estos marcos internacionales han desplazado la conversación desde la mera eficiencia tecnológica hacia preguntas más profundas: quién se beneficia de los sistemas algorítmicos, qué grupos podrían verse perjudicados y cómo garantizar que la automatización no reproduzca exclusiones históricas por razones socioeconómicas, culturales o de género.

En el plano operativo, iniciativas como el AI Risk Management Framework del NIST proponen gestionar riesgos durante todo el ciclo de vida de la IA, incorporando prácticas concretas como auditorías de sesgo, evaluación de impacto en distintos grupos poblacionales, documentación transparente de datos y modelos, y monitoreo continuo tras el despliegue. Estas acciones muestran que la ética aplicada no es solo una declaración de principios, sino un conjunto de decisiones técnicas y organizacionales capaces de modificar resultados reales, previniendo daños y fortaleciendo la confianza pública en la tecnología.

A nivel regulatorio, la Unión Europea ha avanzado con un enfoque basado en riesgo mediante su AI Act, que establece límites a usos considerados inaceptables —como ciertas formas de vigilancia masiva o manipulación de vulnerabilidades— y exige salvaguardas estrictas en contextos sensibles, incluidos el laboral y el educativo. Aunque estas normas surgen en Europa, están influyendo en debates legislativos y académicos en América Latina, donde crece la necesidad de marcos propios que combinen innovación tecnológica con protección de derechos y justicia social.

Para la comunidad académica, estos desarrollos representan una oportunidad estratégica para integrar la ética de los datos y de la inteligencia artificial en la docencia, la investigación y la gestión institucional como parte de una agenda más amplia de equidad y desarrollo sostenible. En el marco del Día Mundial de la Justicia Social, que se conmemora cada 20 de febrero, la reflexión cobra aún más sentido: si la tecnología ya está moldeando nuestras sociedades, la cuestión de fondo no es solo cuánto innovamos, sino para quién y con qué consecuencias. En ese escenario, cabe preguntarnos si estamos formando profesionales y generando conocimiento que realmente contribuya a reducir desigualdades, o si corremos el riesgo de reproducirlas en versión digital.

Cada 11 de febrero celebramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 con el propósito de visibilizar y promover la participación equitativa de mujeres y niñas en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Esta conmemoración recuerda no solo el talento y las contribuciones de quienes ya forman parte del mundo científico, sino también la importancia de derribar barreras educativas, sociales y culturales que limitan el acceso de niñas y jóvenes a estos campos fundamentales para el desarrollo global.

Este día se vincula directamente con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible:

  • ODS 4 Educación de calidad, al promover la igualdad de acceso a la educación en ciencias.
  • ODS 5 Igualdad de género, al trabajar por la eliminación de brechas de género en STEM.
  • ODS 10 Reducción de las desigualdades, al asegurar que niñas y mujeres encuentren espacios justos para aprender, investigar y liderar.

En este contexto, persisten importantes desigualdades de género en el ámbito científico en el Perú. Según datos del Registro Nacional Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Renacyt), las mujeres representan solo el 33.36 % del total de investigadores científicos registrados en el país, lo que evidencia que su participación en la producción científica aún enfrenta barreras estructurales. No obstante, destacan referentes que están abriendo camino, como Luz Esmeralda Román, ingeniera textil peruana galardonada en 2024 con el premio regional UNESCO-L’Oréal Por las Mujeres en la Ciencia por su trabajo en el desarrollo de textiles funcionalizados con tecnología sostenible, demostrando que la ciencia peruana continúa generando innovación con impacto social y ambiental.

Las mujeres Steam de hoy están llenas de talento dentro y fuera del campo de la ciencia y han llegado para crear más oportunidades, inspirando a la próxima generación. – Gabriela E. Rojas Munive, docente ordinario auxiliar de la Facultad de Ingeniería e Inteligencia Artificial USIL

Más que celebrar una fecha, celebramos posibilidades. Inspirar a una niña a preguntarse “¿y si…”? puede ser el primer paso para que en el futuro diseñe soluciones que cambien realidades. Cada historia de mujeres científicas, cada programa educativo inclusivo y cada vocación naciente nos acercan a un futuro donde la ciencia sea un espacio verdaderamente diverso, justo y enriquecido por la mirada de todos y todas.