En la sesión del 27 de marzo de la Comunidad IA, Gina Torres presentó una experiencia de uso de agentes conversacionales para simular pacientes virtuales en la formación de estudiantes de psicología. La exposición se centró en una necesidad concreta del proceso formativo: ampliar las oportunidades de práctica clínica para que más estudiantes puedan ejercitar habilidades de entrevista, observación y formulación inicial de casos antes de ingresar a escenarios de simulación más complejos. 

La propuesta surgió a partir de un curso de simulación clínica e inteligencia artificial realizado en 2025, a partir del cual la docente identificó el potencial de estos recursos para complementar la enseñanza en cursos vinculados con psicología clínica. Según explicó, una de las dificultades habituales es que no todos los estudiantes logran participar con la misma intensidad en prácticas presenciales o en laboratorio. Frente a ello, el uso de agentes permite que cada estudiante asuma un rol activo y sostenga una interacción individual con un “paciente” configurado para responder con determinadas características, niveles de apertura y grados de dificultad. 

Uno de los aspectos más relevantes de la sesión fue la explicación detallada del diseño pedagógico del agente. Torres mostró cómo, a través de Microsoft Copilot, es posible definir la identidad del personaje, su contexto, el tipo de respuestas que ofrecerá y la manera en que reaccionará ante preguntas formuladas con mayor o menor empatía. Esta configuración no busca únicamente generar una conversación, sino reproducir ciertas condiciones de una entrevista clínica real, donde el estudiante necesita construir rapport, interpretar señales, reorganizar sus preguntas y sostener el diálogo aun cuando el interlocutor ofrezca respuestas breves o ambiguas. 

La experiencia presentada también puso énfasis en el valor formativo de la retroalimentación. Al finalizar la interacción, los estudiantes pueden revisar la conversación completa, analizar sus decisiones durante la entrevista y reconocer aspectos por mejorar en escucha activa, empatía y conducción del caso. En los resultados compartidos, se destacó que los participantes percibieron la experiencia como cercana a una situación real y valoraron la posibilidad de practicar sin depender exclusivamente de la disponibilidad de pacientes simulados presenciales. Asimismo, la docente señaló que esta estrategia contribuye a que los estudiantes lleguen mejor preparados a instancias posteriores de simulación clínica. 

Durante el diálogo con los asistentes también se abordaron los límites y desafíos de este tipo de herramientas. Torres explicó que la creación de agentes requiere prueba, ajuste y especial cuidado en la redacción de instrucciones, especialmente en contextos sensibles como la psicología, donde ciertos términos pueden generar errores en el sistema. A ello se sumó una reflexión sobre la evolución de estos entornos: actualmente funcionan sobre todo mediante chat, pero se anticipa que incorporarán formas de interacción más cercanas a conversaciones orales, lo que abriría nuevas posibilidades para el entrenamiento profesional. 

En conjunto, la sesión mostró una aplicación concreta de la inteligencia artificial orientada no a reemplazar la práctica docente, sino a ampliar las oportunidades de aprendizaje y seguimiento. La experiencia compartida evidenció que los agentes conversacionales pueden convertirse en un recurso valioso para ensayar entrevistas, fortalecer competencias clínicas y generar evidencia del proceso de aprendizaje, siempre que su uso esté acompañado por criterios pedagógicos claros y supervisión docente. 

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En el segundo semestre académico, un grupo de 75 estudiantes de la UPC decidió enfrentarse a un reto poco habitual: convertir sus propias dificultades académicas en oportunidades para innovar. Bajo el título “Tú experiencia + IA = soluciones con impacto”, 15 equipos trabajaron durante varias semanas en el diseño de agentes conversacionales orientados a mejorar la organización, el bienestar digital y los hábitos de estudio de la comunidad universitaria.

Más allá del despliegue técnico, lo interesante del desafío fue su punto de partida. Los estudiantes no debían imaginar un problema abstracto, sino tomar uno que ellos mismos hubieran vivido: distracciones digitales, sobrecarga académica, desorden en sus agendas o falta de tiempos de descanso. Desde allí, cada equipo comenzó a construir un asistente capaz de guiar, motivar y acompañar a otros alumnos que enfrentan situaciones similares.

Los prototipos abarcaron funciones variadas: desde chatbots que crean planes de estudio equilibrados hasta asistentes que bloquean distracciones y sugieren pausas activas cuando detectan periodos prolongados de concentración. También surgieron propuestas orientadas a ordenar pendientes, priorizar tareas y manejar fechas límite sin caer en el estrés acumulado. Si algo quedó claro, es que la IA puede ofrecer soluciones prácticas cuando se la piensa desde la experiencia cotidiana.

Una generación que ya no ve a la IA como un accesorio

Uno de los aspectos más comentados por los evaluadores fue el nivel de madurez con el que los estudiantes usaron la inteligencia artificial. En lugar de buscar respuestas automáticas, muchos equipos reflexionaron sobre cómo un agente conversacional puede aportar a la vida académica sin reemplazar decisiones humanas. Varios prototipos incorporaron recordatorios conscientes, recomendaciones para reducir el tiempo frente a pantallas y alertas para promover pausas saludables.

El ejercicio evidenció algo que está cambiando silenciosamente en las aulas: la IA ya no se percibe como una herramienta futurista, sino como un acompañante de aprendizaje. Diseñarla obliga a pensar en ética, bienestar digital y límites razonables, tres temas que se están volviendo esenciales en la formación universitaria actual.

Un jurado con miradas complementarias

Las propuestas fueron evaluadas por un jurado compuesto por especialistas en experiencia estudiantil, educación superior y psicología:

  • Jose Castillo Coila, Gerente de Experiencia al Estudiante – Laureate Perú
  • Valery Ochoa Perdomo, docente e investigadora
  • Flor Barrenechea Obregón, psicóloga y docente
  • Silvana Balarezo Perea, Gerente de Experiencias de Aprendizaje Digital

Su participación permitió observar las iniciativas desde ángulos distintos: pertinencia pedagógica, impacto emocional, calidad de la interacción y potencial de implementación.

jurado 2025 club apptitud

Los equipos ganadores

Tras la ronda de presentaciones, tres equipos destacaron por su claridad conceptual y su capacidad de traducir problemas personales en soluciones concretas:

Primer lugar – Equipo 15
Arbirio Piscoya, Danna
Huamanchaqui Tuesta, Kiara Daniela
Sánchez Salcedo, Estefany Nicol
Solano Rondinel, Rodrigo

Segundo lugar – Equipo 21
Felipe D’alessandro Meza Cajavilca
Brando Jeanpiere Guevara Gamonal
Joaquin Alexander Gutierrez Cabrejos

Tercer lugar – Equipo 10
Adrian Enrique Palomino Arguedas
Filio Meza, Mirella Heiceld
Christian Alonso Mendez Sandoval
Diego Moises Herrera Garcia
Luz Clarita Aguila Arone

Una mirada final: pequeños problemas, grandes ideas

Al observar el conjunto del reto, queda una impresión clara: los estudiantes no solo aprendieron a crear agentes de IA, sino a mirarse a sí mismos con más atención. La mayoría de proyectos responde a inquietudes que muchas veces pasan desapercibidas en la vida universitaria: agotamiento digital, mala gestión del tiempo o dificultad para priorizar. Traducir esas experiencias en soluciones tecnológicas es, en cierto modo, una forma de cuidado mutuo. Desde afuera, este tipo de iniciativas muestra el potencial de una generación que combina creatividad con sensibilidad. No buscan “hacer tecnología por hacerla”, sino herramientas que tengan sentido en su vida real. Y quizá allí, entre agendas, recordatorios y pausas activas, esté el verdadero aporte del reto: recordar que la IA puede ser útil cuando ayuda a vivir y estudiar con un poco más de equilibrio.