Cada 10 de septiembre, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) nos convocan a reflexionar en torno a una realidad que afecta a millones de personas: el suicidio. Bajo el lema de este año, Changing the Narrative on Suicide (Cambiando la narrativa sobre el suicidio), se busca transformar el silencio y el estigma en diálogos abiertos que promuevan empatía, apoyo y prevención. Según estimaciones recientes, más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, lo que representa aproximadamente 1 de cada 100 muertes globales. Además, más de mil millones de personas viven con condiciones de salud mental, lo que evidencia la urgencia de escalar los servicios de atención y acompañamiento a nivel mundial.

El desafío es aún mayor en los países de ingresos bajos y medianos, donde ocurre cerca del 73 % de los suicidios y donde la brecha de acceso a servicios especializados limita las posibilidades de prevención. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Naciones Unidas han reiterado que la salud mental es un derecho humano y que invertir en programas comunitarios, redes de soporte y estrategias educativas es clave para reducir estas cifras. La prevención del suicidio no es solo responsabilidad de los sistemas de salud, sino también de la sociedad en su conjunto: familias, instituciones educativas y comunidades deben involucrarse activamente.

prevencion suicidio

En el Perú, la situación refleja estas tendencias globales. Durante el primer trimestre de 2025 se registraron 642 intentos de suicidio, y más de la mitad correspondió a jóvenes entre 18 y 29 años, un grupo estrechamente ligado al entorno universitario. Además, cerca del 36 % de los jóvenes reporta síntomas de depresión moderada o grave, lo que resalta la necesidad de atención temprana y acompañamiento emocional. El Ministerio de Salud (MINSA) pone a disposición la Línea 113, opción 5, para brindar atención psicológica gratuita y permanente a quienes enfrentan pensamientos suicidas o crisis emocionales, reforzando la importancia de contar con recursos accesibles y confiables.

No necesitamos ser profesionales de la salud para realizar acciones a favor del cuidado de la salud mental en nuestros entornos. Por ejemplo, el aula es un espacio ideal, donde no solo se promueve el aprendizaje de competencias académicas sino de habilidades sociales, donde podemos impulsar un clima emocional seguro, donde cada uno, se sienta libre de expresarse. Como docentes podemos enseñar reconociendo y valorando la diferencia en los estilos de aprendizaje de mis alumnos, desde sus capacidades y áreas a mejorar. Fortalezcamos entre los estudiantes el trabajo en equipo, la sinergia, el cuidado por el otro, la gratitud y la empatía. Reservemos espacios para mirarnos entre todos y preguntarnos ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo estamos? ¿Cómo llegamos a esta clase? Y dejar abierta la posibilidad de que si alguno necesita ayuda lo podemos escuchar o ayudar a buscar una ayuda profesional.

María Teresa Díaz Calderón, Jefa de Orientación Psicopedagógica en la UPC

En el marco del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, invitamos a docentes, estudiantes y colaboradores a sumarse a las iniciativas de sensibilización y soporte emocional que se vienen desarrollando en el país y a fortalecer, desde cada espacio, un entorno donde la vida, la empatía y la esperanza sean siempre el centro. Este compromiso se alinea con el ODS 3: Salud y Bienestar, que busca garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades. Promover la salud mental y prevenir el suicidio es parte esencial de este objetivo, ya que contribuye a construir comunidades más seguras, resilientes y solidarias, donde cada persona pueda desarrollarse plenamente.

Texto redactado con el apoyo de Chat GPT.