La sesión de la Comunidad IA del 8 de mayo abordó el uso de inteligencia artificial para evaluar competencias transversales en educación superior, a partir de la presentación de Juan Pablo Delacroix, CEO y cofundador de Reskilling AI. La exposición planteó una discusión relevante para las instituciones educativas: cómo pasar de una evaluación centrada en rúbricas y percepciones individuales hacia sistemas capaces de generar evidencia más objetiva, escalable y útil para la toma de decisiones académicas.  

Delacroix señaló que el avance de la inteligencia artificial está acelerando la obsolescencia de algunas competencias técnicas y, al mismo tiempo, incrementando el valor de habilidades humanas como pensamiento crítico, comunicación, adaptabilidad, resiliencia y trabajo en equipo. En este contexto, las universidades enfrentan el desafío de actualizar sus procesos formativos y de evaluación para responder a las demandas del mercado laboral, que cada vez exige perfiles con mayor capacidad de adaptación y resolución de problemas. 

Uno de los puntos centrales de la sesión fue la dificultad de medir estas competencias a gran escala. Aunque muchas instituciones utilizan rúbricas, autoevaluaciones u observaciones docentes, estos mecanismos pueden estar condicionados por sesgos, diferencias de criterio y limitaciones de tiempo. Frente a ello, se presentó una propuesta basada en el análisis de respuestas de audio mediante inteligencia artificial, que permite observar tanto el contenido de lo que expresa el estudiante como ciertos elementos prosódicos vinculados a la forma en que responde. 

La herramienta expuesta trabaja con preguntas abiertas y reflexivas, diseñadas para obtener respuestas auténticas y evitar formatos cerrados en los que el estudiante pueda anticipar la opción esperada. A partir de esas respuestas, el sistema analiza competencias cognitivas, sociales, emocionales y de acción, generando reportes individuales y tableros agregados. Estos datos permiten identificar brechas respecto del perfil de egreso, orientar intervenciones formativas y realizar mediciones longitudinales sobre la evolución de los estudiantes. 

Durante el diálogo con los participantes, se abordaron aspectos prácticos de la evaluación, como la cantidad de preguntas, el tiempo estimado para responder y la retroalimentación generada por el sistema. También se discutió la necesidad de validar científicamente este tipo de instrumentos, así como su posible utilidad para procesos de acreditación, empleabilidad y emisión de microcredenciales. La conversación permitió situar la inteligencia artificial no solo como una herramienta de eficiencia o control, sino como un recurso para comprender mejor el desarrollo de competencias humanas. 

La sesión dejó abierta una reflexión clave para la educación superior: si las competencias transversales son cada vez más relevantes para el desempeño profesional, las instituciones necesitan mecanismos rigurosos para medirlas, acompañarlas y evidenciar su progreso. En ese sentido, la inteligencia artificial puede contribuir a fortalecer la evaluación académica, siempre que se integre con criterios pedagógicos, validación científica y una lectura ética de los datos. 

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Cada 4 de febrero, el Día Internacional de la Fraternidad Humana nos recuerda la importancia de construir un mundo basado en el respeto, la solidaridad y la convivencia pacífica. Pero ¿qué significa realmente la fraternidad en el ámbito educativo? Más allá del aula, es el motor que impulsa una educación más inclusiva, donde docentes y estudiantes colaboran para generar impacto en sus comunidades. La universidad no solo debe transmitir conocimientos, sino también formar ciudadanos comprometidos e interesados en construir puentes y transformar su entorno, más empático y justo para todos.

La fraternidad en la educación se vive a través de metodologías que fomentan la cooperación y el aprendizaje cooperativo. Espacios de trabajo en equipo, que se enriquecen con la experiencia y el aporte de los talentos de cada uno de los integrantes, proyectos con impacto y responsabilidad social y el uso de tecnologías, como herramientas que conectan a estudiantes de distintas realidades, que permiten que la diversidad y la divergencia se convierta en una fortaleza. La clave está en propiciar experiencias donde el conocimiento no solo se construya, sino que también se comparta con un propósito común: mejorar la vida de las personas y el entorno, celebrando las diferencias.

En un mundo interconectado, la educación no puede quedarse solo en las aulas. Necesitamos formar ciudadanos digitales responsables, capaces de dialogar y trabajar con personas de diferentes culturas, historias, experiencias de vida y perspectivas. La inclusión de la fraternidad humana en el currículo, la promoción de la ciudadanía global y el desarrollo de competencias socio emocionales son esenciales para que la educación trascienda las fronteras y genere cambios reales en la sociedad.

¿Cómo podemos llevar la fraternidad humana a la educación?

  • Fomentar el aprendizaje colaborativo: Diseñar actividades y proyectos donde los estudiantes trabajen juntos para resolver problemas reales.
  • Promover espacios de diálogo intercultural: Organizar encuentros, debates o foros que impulsen el respeto por la diversidad y la inclusión.
  • Impulsar el voluntariado y la innovación social: Vincular la formación académica con iniciativas que generen impacto en comunidades vulnerables.
  • Aprovechar la tecnología para conectar y compartir: Usar plataformas digitales para crear redes de conocimiento y apoyo mutuo.
  • Promover el desarrollo de habilidades blandas: Desde el aula se puede potenciar la resolución de conflictos, el asertividad, la tolerancia a la frustración, la resiliencia entre otras.

Al respecto María Teresa Diaz, psicóloga y jefa de Orientación Psicopedagógica de la UPC nos comenta:

El docente tiene un rol muy importante en el aula de clase, dado que no solo es un facilitador de aprendizajes, sino que a través de sus actitudes, puede modelar habilidades sociales, puede inspirar valores como el respeto frente a las diferencias e inspirar a ser un líder de cambio. El docente es el primer agente que puede favorecer un clima emocional mas justo y digno donde todos se sientan seguros.

La educación tiene el poder de transformar vidas, y la fraternidad es el puente que nos permite construir un futuro más justo y solidario. ¿Estás listo para llevar la fraternidad más allá del aula? ¿Este año te comprometes a ser más fraterno con tus compañeros de trabajo y tus estudiantes? Te animamos a hacerlo, todo comienza por una decisión.

Texto trabajado con el apoyo de ChatGPT y María Teresa Diaz Calderón