La Comunidad IA de la UPC dedicó su sesión del viernes 26 de junio al análisis de los resultados globales del Digital Education Council sobre el uso de inteligencia artificial en la educación superior. La presentación estuvo a cargo de Jorge Bossio, quien compartió hallazgos comparativos entre regiones y abrió una discusión sobre las tensiones actuales entre adopción tecnológica, calidad del aprendizaje y transformación pedagógica. 

Uno de los puntos centrales fue la percepción ambivalente de estudiantes y docentes frente a la IA. Si bien muchos reconocen que estas herramientas permiten ahorrar tiempo, organizar ideas o resolver tareas con mayor rapidez, también aparece una preocupación creciente: el riesgo de que su uso debilite el pensamiento independiente. El informe muestra que parte del estudiantado considera más difícil enfrentar problemas sin apoyo de IA, mientras que docentes advierten posibles efectos sobre el desarrollo de habilidades profundas. 

La sesión también abordó la limitada integración pedagógica de la IA. Aunque su uso se ha extendido, en muchos casos se mantiene en actividades superficiales, como la creación de materiales, la búsqueda de información o la generación de borradores. Bossio señaló que pocos docentes están rediseñando de manera significativa sus cursos o evaluaciones a partir de estas tecnologías. Este punto llevó a discutir la necesidad de pasar de un uso instrumental a uno orientado al aprendizaje, la retroalimentación y la toma de decisiones pedagógicas. 

Otro eje relevante fue la evaluación. Según los resultados presentados, una proporción importante de estudiantes no percibe que las evaluaciones reflejen adecuadamente sus habilidades, su esfuerzo o su juicio crítico. A ello se suma la falta de lineamientos claros sobre cuándo y cómo puede utilizarse IA en tareas académicas. Esta situación genera incertidumbre y puede afectar la confianza en los procesos de evaluación, especialmente cuando los estudiantes perciben que sus pares podrían usar estas herramientas para obtener ventajas indebidas. 

Durante el diálogo, los participantes coincidieron en que la respuesta no debe centrarse únicamente en enseñar a usar herramientas o redactar prompts, sino en fortalecer capacidades como la formulación de preguntas, la indagación, el pensamiento crítico y la evaluación de la información. También se destacó la importancia de una base pedagógica sólida: sin criterios claros de enseñanza y evaluación, la tecnología difícilmente podrá aportar valor al aprendizaje. 

La sesión concluyó con una reflexión sobre el rol docente en la era de la IA. Más que reemplazar la labor educativa, estas tecnologías obligan a revisar qué tareas pueden automatizarse y cuáles requieren mayor presencia humana, acompañamiento y criterio pedagógico. En esa línea, la Comunidad IA continuará abordando los retos vinculados con la gobernanza, la ética, la evaluación y el futuro del trabajo en el contexto de la inteligencia artificial.

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En la sesión de la Comunidad IA del viernes 20 de marzo, Jorge Rivera, fundador de Univertia y consultor en tecnología con experiencia en diseño de experiencias de aprendizaje, presentó una aproximación al uso de inteligencia artificial para construir escenarios conversacionales aplicados a la educación. La exposición se centró en el role play como recurso para diseñar interacciones simuladas entre estudiantes y agentes configurados con perfiles, conocimientos, actitudes y protocolos específicos. Desde esta perspectiva, la IA no se plantea como sustituto del docente, sino como un soporte que amplía las oportunidades de práctica, retroalimentación y acompañamiento académico.  

Uno de los ejes de la sesión fue la necesidad de reducir dos dificultades frecuentes en la incorporación de IA en contextos formativos: la complejidad técnica de implementar soluciones útiles y el riesgo de respuestas imprecisas o alucinaciones. Frente a ello, se explicó que estos entornos pueden diseñarse a partir de fuentes delimitadas de conocimiento y reglas de interacción previamente definidas. De ese modo, los personajes virtuales actúan dentro de un marco acotado, con acceso a documentos y materiales seleccionados por la institución o por el equipo docente, lo que permite orientar mejor las respuestas hacia fines pedagógicos concretos.  

Para mostrar su potencial, Rivera presentó el caso de un “gimnasio de tesis”, en el que un estudiante sustenta su investigación ante un jurado simulado compuesto por varios evaluadores con distintos perfiles. La demostración evidenció cómo la IA puede formular preguntas, sostener un protocolo de evaluación, deliberar entre personajes y ofrecer una devolución final sobre debilidades metodológicas, marco teórico, conclusiones y recomendaciones. Este tipo de práctica permite que el estudiante ensaye situaciones de alta exigencia académica antes de una evaluación real y que, además, reciba una retroalimentación estructurada basada en rúbricas y criterios observables.  

La segunda aplicación presentada fue la del asistente digital para clases, concebido como un apoyo disponible antes y después de la sesión docente. En este escenario, el estudiante puede repasar contenidos, conversar sobre presentaciones, formular preguntas y recibir observaciones sobre su participación y desempeño. La propuesta resulta relevante porque desplaza la interacción desde la consulta puntual hacia una experiencia más continua de preparación, refuerzo y seguimiento. A ello se suma la posibilidad de registrar avances, revisar reportes y analizar progresos individuales o grupales, lo que abre opciones para una enseñanza más personalizada.  

Durante el diálogo con los participantes, también se abordaron aspectos de implementación. Se señaló que estas experiencias pueden nutrirse con materiales propios de la universidad, integrarse a entornos virtuales de aprendizaje y adaptarse a distintas rutas formativas. Asimismo, se subrayó que, aunque la tecnología puede operar con altos niveles de automatización en la ejecución, su uso en educación requiere una definición pedagógica y ética clara: la IA funciona como copiloto o coasistente, mientras que la conducción del proceso formativo continúa en manos del docente. Esta precisión resultó clave para situar la discusión en términos de fortalecimiento institucional y no de reemplazo profesional.  

La sesión dejó como balance una reflexión útil para la educación superior: las simulaciones conversacionales con IA pueden contribuir al desarrollo de competencias, a la práctica guiada y al análisis del desempeño, siempre que su diseño parta de objetivos pedagógicos, fuentes confiables y criterios explícitos de evaluación. Más que una solución cerrada, lo presentado abrió una agenda de exploración para cursos, procesos de sustentación, entrenamiento en habilidades comunicativas y experiencias de aprendizaje activas, con especial interés para contextos donde se requiere práctica reiterada, feedback oportuno y disponibilidad extendida. 

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