Cada 11 de junio se celebra el Día Internacional del Juego, una fecha que invita a reflexionar sobre el valor del juego no solo como una actividad recreativa, sino también como una poderosa herramienta para el aprendizaje. En la educación superior, este concepto ha evolucionado hacia estrategias como la gamificación y el uso de tecnologías inmersivas que buscan fortalecer la participación, la motivación y la comprensión de contenidos complejos.

La gamificación incorpora elementos propios de los juegos, como desafíos, metas y recompensas, para enriquecer la experiencia educativa. Cuando estas estrategias se combinan con la realidad virtual, los estudiantes pueden interactuar con entornos simulados, resolver problemas en contextos cercanos a la realidad y desarrollar habilidades de manera práctica y significativa. Estas iniciativas contribuyen al cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (Educación de Calidad), que promueve oportunidades de aprendizaje inclusivas e innovadoras.

A nivel internacional, diversas universidades vienen explorando el potencial de estas tecnologías. Por ejemplo, la Universidad de Stanford ha desarrollado experiencias de realidad virtual para estudiar cómo los entornos inmersivos influyen en el aprendizaje y la interacción humana. De manera similar, la Universidad Estatal de Arizona (ASU) ha implementado iniciativas como Dreamscape Learn, que utiliza experiencias inmersivas y simulaciones virtuales para que los estudiantes exploren conceptos científicos, resuelvan problemas y desarrollen competencias prácticas en entornos difíciles de replicar en un aula tradicional.

En la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), la realidad virtual forma parte de las iniciativas que buscan enriquecer la experiencia educativa. A través de ZonaVR, desarrollada por la Dirección de Innovación Educativa y Emprendimiento en coordinación con el Sistema de Bibliotecas, estudiantes y docentes tienen la oportunidad de explorar experiencias inmersivas que les permiten interactuar con entornos cercanos a situaciones reales, fortaleciendo así el aprendizaje mediante el uso de visores Meta Quest en las Salas Creativas.

A través de la ZonaVR, los estudiantes pueden explorar escenarios auténticos y acercarse a situaciones que enriquecen su aprendizaje, mientras que los docentes cuentan con nuevas herramientas para diseñar experiencias más dinámicas e inmersivas. De esta manera, la realidad virtual complementa las estrategias de gamificación y contribuye a transformar los espacios educativos en entornos donde aprender también puede significar explorar, experimentar y descubrir.

Hablar del futuro de la educación ya no implica únicamente pensar en inteligencia artificial, transformación digital o nuevas metodologías de aprendizaje. Hoy, también significa reflexionar sobre sostenibilidad, bienestar y el impacto que las instituciones educativas generan en el entorno y en las futuras generaciones.

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra cada 5 de junio, resulta cada vez más importante comprender cómo la crisis climática también está impactando directamente en la educación y en los espacios de aprendizaje.

Según el Banco Mundial, más de 400 millones de estudiantes en el mundo fueron afectados por el cierre de escuelas debido a fenómenos climáticos extremos desde 2022. Inundaciones, incendios, olas de calor y tormentas no solo impactan ciudades y ecosistemas, también interrumpen el aprendizaje, afectan el bienestar de los estudiantes y evidencian la necesidad de construir entornos educativos más sostenibles y preparados frente a estos desafíos.

Frente a este escenario, cuidar el medio ambiente también significa proteger la continuidad de la educación. Promover acciones sostenibles, reducir el impacto ambiental y generar mayor conciencia climática puede contribuir a disminuir las consecuencias de estos fenómenos a largo plazo y construir espacios educativos más seguros y resilientes.

En este contexto, las universidades tienen la oportunidad de impulsar dos tipos de innovación clave: la innovación tecnológica y la innovación sostenible.

La innovación tecnológica permite implementar herramientas que optimicen recursos y reduzcan el impacto ambiental. Por ejemplo, sistemas inteligentes de iluminación y energía, plataformas digitales que disminuyan el uso de papel, tecnologías para monitorear el consumo de agua o proyectos de inteligencia artificial orientados a la sostenibilidad.

Por otro lado, la innovación sostenible busca generar soluciones que beneficien tanto a las personas como al planeta a largo plazo. Esto puede verse reflejado en la creación de campus verdes, infraestructura resiliente, programas de reciclaje, espacios de aprendizaje al aire libre y proyectos que involucren activamente a estudiantes y docentes en iniciativas de impacto ambiental positivo.

Además, diversas iniciativas en la región evidencian que la sostenibilidad ya forma parte de la agenda educativa. De acuerdo con datos de la UNESCO, el 70% de las universidades de América Latina cuenta con una autoridad para aplicar medidas ambientales, reflejando un creciente compromiso de las instituciones con el cuidado del entorno y la sostenibilidad.

Los campus verdes y los espacios conectados con la naturaleza no solo transforman la infraestructura educativa, también contribuyen al bienestar, la concentración y la experiencia de aprendizaje de las comunidades académicas.

El futuro de la educación también será definido por la manera en que aprendamos a convivir con nuestro entorno. Apostar por espacios más verdes, sostenibles e innovadores es también una forma de construir comunidades educativas con mayor impacto positivo para las personas y el planeta.

En esa línea, en enero de este año, la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) recibió la tercera estrella de la herramienta “Huella de Carbono Perú”, reconocimiento otorgado por el Ministerio del Ambiente (MINAM) que valida su compromiso con la sostenibilidad y la gestión ambiental responsable. Este logro refleja el trabajo continuo de la universidad por reducir sus emisiones, fortalecer una cultura ambiental en su comunidad y seguir impulsando acciones alineadas a los desafíos climáticos actuales. Más información

Por Bruno Chacón Jimeno

El ingreso a la universidad no solo representa un cambio académico. Para miles de estudiantes, implica también una transición neuroemocional profunda.

Hoy, desde las neurociencias educativas, sabemos que el cerebro adolescente continúa desarrollándose durante los primeros años universitarios, especialmente en áreas vinculadas a:

· Toma de decisiones
· Regulación emocional
· Organización y planificación
· Control de impulsos
· Motivación y autonomía

Esto explica por qué muchos estudiantes de primeros ciclos enfrentan retos como la procrastinación, la ansiedad académica o dificultades para gestionar el tiempo, aun cuando poseen grandes capacidades intelectuales.

La evidencia científica muestra que el cerebro adolescente posee una alta plasticidad neuronal, lo que convierte esta etapa en una oportunidad extraordinaria para fortalecer competencias clave como:

· Pensamiento crítico
· Autorregulación emocional
· Resolución de problemas
· Habilidades colaborativas
· Aprendizaje autónomo

En este contexto, la innovación educativa tiene un rol fundamental.

Las universidades no solo deben transmitir contenidos; también deben diseñar ecosistemas de aprendizaje que comprendan integralmente el desarrollo humano de sus estudiantes.

Algunas estrategias que hoy cobran especial relevancia:

• Acompañamiento tutorial y socioemocional
• Experiencias de aprendizaje significativas
• Metodologías activas y colaborativas
• Uso ético y responsable de plataformas digitales
• Fortalecimiento de hábitos saludables y bienestar estudiantil

La educación superior del siglo XXI necesita combinar ciencia, empatía e innovación para responder a las verdaderas necesidades de los estudiantes.

Porque comprender cómo aprende el cerebro adolescente no reduce la exigencia académica: la hace más humana, estratégica y efectiva.

El pasado 22 de mayo se llevó a cabo la segunda edición del Expert Academy Session, un espacio que reunió a profesionales, emprendedores y participantes interesados en descubrir cómo la inteligencia artificial está transformando la manera de crear, impulsar y escalar negocios en un entorno cada vez más digital.

En esta oportunidad, la sesión titulada “Inteligencia Artificial para desarrollar un negocio en 2026” contó con la participación de Kevin Yarlequé, Founder & CEO de GrowBy, quien compartió una mirada estratégica y aplicada sobre las oportunidades que brinda la IA para potenciar negocios, automatizar procesos y generar propuestas más innovadoras y competitivas.

Durante la charla, los asistentes conocieron cómo la inteligencia artificial viene revolucionando áreas clave como marketing, análisis de datos, experiencia del cliente y toma de decisiones, convirtiéndose en una herramienta fundamental para los negocios que buscan adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado.

La destacada participación evidenció el creciente interés por comprender cómo la tecnología y la innovación están redefiniendo el futuro profesional y empresarial, así como la importancia de desarrollar competencias digitales que permitan responder a los desafíos de los próximos años. En este contexto, también se presentó el programa de Certificaciones Digitales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), una propuesta académica diseñada para fortalecer competencias específicas y responder de manera ágil a las necesidades actuales del mercado laboral. La presentación destacó cómo este programa ofrece rutas de aprendizaje flexibles y especializadas, permitiendo a los participantes desarrollar habilidades altamente demandadas y obtener certificaciones alineadas con las tendencias globales y la transformación digital.

Asimismo, se resaltó que las certificaciones abarcan áreas estratégicas como Liderazgo y Desarrollo, Datos e Investigación, Creatividad e Innovación, y Comunicación y Crecimiento, impulsando el crecimiento profesional y la actualización constante en un entorno cada vez más competitivo.

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Te invitamos a explorar el área que más se alinee a tus objetivos profesionales y dar el siguiente paso en tu crecimiento: https://educacioncontinua.upc.edu.pe/certificaciones-digitales/

En la sesión de la Comunidad IA del 22 de mayo, José Colán presentó el tema “De la información al aprendizaje: creación de recursos educativos con NotebookLM”, una exposición orientada a explorar el potencial pedagógico de esta herramienta de Google en el diseño de materiales para la educación superior. La reunión partió de una pregunta central: cómo atender la diversidad del aula sin incrementar de manera significativa la carga laboral docente.  

Durante la presentación, se explicó que NotebookLM permite trabajar en un entorno controlado, en el que la inteligencia artificial responde a partir de las fuentes cargadas por el docente. Esta característica resulta relevante para cursos con alta densidad conceptual, pues facilita organizar información, reducir la sobrecarga cognitiva y promover una revisión más guiada de los contenidos por parte de los estudiantes. 

Colán destacó que la herramienta puede generar diversos recursos de apoyo, como mapas mentales, tarjetas de estudio, infografías, cuestionarios, guías de estudio, presentaciones, audios y videos. Estos formatos permiten transformar materiales extensos en recursos más accesibles para distintos estilos de aprendizaje, sin reemplazar el criterio pedagógico del docente en la selección, curaduría y validación de la información. 

Uno de los puntos abordados fue el uso de NotebookLM como apoyo al andamiaje cognitivo. A través de recursos visuales, auditivos y textuales, los estudiantes pueden revisar conceptos, solicitar ejemplos, contrastar ideas y recibir explicaciones adicionales. En ese sentido, la herramienta no solo contribuye a la comprensión inicial, sino también a procesos de análisis, metacognición y autorregulación del aprendizaje. 

La sesión también incluyó una demostración de la integración entre NotebookLM y Gemini, especialmente para la elaboración de presentaciones editables y materiales visuales. Se enfatizó, sin embargo, la necesidad de formular instrucciones precisas y de mantener cuidados sobre la información compartida, evitando cargar datos personales, documentos sensibles o información institucional que no deba circular fuera de los espacios autorizados. 

Finalmente, la sesión planteó que estas herramientas pueden optimizar tareas operativas y liberar tiempo docente para actividades de mayor valor pedagógico, como la retroalimentación, el acompañamiento y el diseño de experiencias aplicadas. NotebookLM fue presentado así como una herramienta de apoyo para diversificar recursos, fortalecer el aprendizaje autónomo y ampliar las posibilidades de acceso a la información en entornos educativos. 

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Garantizar el acceso a una alimentación digna continúa siendo uno de los grandes desafíos a nivel mundial. Aunque América Latina cuenta con una gran riqueza agrícola y de recursos naturales, millones de personas todavía enfrentan inseguridad alimentaria, mientras una gran cantidad de alimentos se desperdicia diariamente. Frente a este escenario, la tecnología, la innovación y la educación cumplen un rol clave para construir sistemas alimentarios más sostenibles y eficientes.

Cada 28 de mayo, en el marco del Día Mundial del Hambre, esta fecha nos invita a reflexionar sobre la importancia de impulsar soluciones que no solo permitan producir más alimentos, sino también aprovechar mejor los recursos disponibles, reducir el desperdicio y valorar el trabajo de quienes hacen posible que los alimentos lleguen a nuestras mesas.

Según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2024 el hambre afectó a 33,6 millones de personas en América Latina y el Caribe, lo que representa el 5,1% de la población regional. Además, el documento señala que 167,2 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, evidenciando que, a pesar de las recientes mejoras y la tendencia a la baja en la región, aún persisten desafíos estructurales para garantizar el acceso a una alimentación adecuada. Esta problemática no siempre está relacionada con la falta de producción, sino también con factores como la desigualdad económica, las deficiencias y pérdidas en la distribución, y el desperdicio de alimentos.

En este contexto, el trabajo de agricultores y productores rurales resulta fundamental. Detrás de cada alimento existen familias y comunidades que sostienen gran parte de la alimentación de nuestros países. Sin embargo, muchos pequeños productores todavía enfrentan bajos ingresos y acceso limitado a herramientas tecnológicas, por lo que promover un pago justo y modelos de consumo más responsables también es parte de la construcción de un sistema alimentario más sostenible.

La innovación tecnológica puede convertirse en una gran aliada frente a estos desafíos. Herramientas como la inteligencia artificial, los sensores para monitoreo de cultivos y la agricultura de precisión permiten optimizar recursos como el agua, mejorar la productividad y reducir pérdidas durante la producción y distribución de alimentos. Asimismo, diversas iniciativas tecnológicas ayudan a disminuir el desperdicio y generar nuevas oportunidades para pequeños productores.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de la Organización de las Naciones Unidas busca poner fin al hambre y promover una agricultura sostenible. Alcanzar esta meta requiere innovación, educación y un trabajo conjunto para construir un futuro más sostenible y equitativo.

Frente a estos retos, la educación también tiene un rol clave. Las instituciones educativas pueden fomentar una mayor conciencia sobre sostenibilidad, consumo responsable e innovación aplicada a problemáticas sociales y ambientales, formando ciudadanos capaces de impulsar soluciones para un futuro más sostenible y justo.

La Comunidad IA dedicó su sesión del 15 de mayo a analizar el vínculo entre inteligencia artificial, pensamiento crítico e investigación científica en la educación superior. La reunión contó con la participación de José Luis Vásquez Correa, docente universitario y especialista en innovación, quien presentó la ponencia “El fin del pensamiento crítico o su evolución: IA, ética e investigación científica”, centrada en el proyecto Oriana.  

La exposición partió de una preocupación recurrente en el ámbito universitario: el uso de herramientas de inteligencia artificial por parte de los estudiantes para producir textos académicos sin una apropiación clara del contenido. Según lo discutido en la sesión, el problema no se limita al plagio o a la deshonestidad académica, sino que se relaciona con la ausencia de trazabilidad en el proceso de investigación y con la delegación pasiva de tareas cognitivas a sistemas generativos. 

En ese contexto, Vásquez presentó Oriana como una propuesta orientada a acompañar el uso ético de la inteligencia artificial en procesos de investigación. La herramienta busca analizar la intención de los prompts, sugerir reformulaciones éticas y registrar las interacciones del estudiante. Su enfoque se apoya en el método socrático, es decir, en una dinámica de preguntas que promueve la reflexión antes que la entrega inmediata de respuestas. 

Durante la sesión se explicaron los resultados de un piloto aplicado con estudiantes en proceso de tesis y docentes tutores. La experiencia mostró mejoras en la organización del trabajo investigativo, reducción de tiempos en algunas etapas del proceso y mayor claridad en la defensa de ideas. Más allá de los indicadores, el énfasis estuvo en el sentido de autoría: que el estudiante no solo entregue un producto, sino que comprenda, explique y sostenga lo que ha construido. 

El diálogo posterior permitió ampliar la discusión hacia los desafíos institucionales. Algunos docentes señalaron que el reto no está únicamente en crear herramientas de acompañamiento, sino también en repensar las formas de evaluación, diferenciar producción textual de producción de conocimiento y enseñar a los estudiantes a pensar con inteligencia artificial. La trazabilidad, en ese sentido, fue reconocida como un componente valioso para observar cómo se construye el aprendizaje. 

La sesión concluyó con una idea central: la inteligencia artificial no implica necesariamente el fin del pensamiento crítico, pero sí exige nuevas formas de orientación pedagógica. Su uso responsable en la educación superior requiere criterios éticos, acompañamiento docente y modelos que permitan convertir la interacción con estas tecnologías en una oportunidad para fortalecer la reflexión, la autoría y la investigación académica. 

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La sesión de la Comunidad IA del 8 de mayo abordó el uso de inteligencia artificial para evaluar competencias transversales en educación superior, a partir de la presentación de Juan Pablo Delacroix, CEO y cofundador de Reskilling AI. La exposición planteó una discusión relevante para las instituciones educativas: cómo pasar de una evaluación centrada en rúbricas y percepciones individuales hacia sistemas capaces de generar evidencia más objetiva, escalable y útil para la toma de decisiones académicas.  

Delacroix señaló que el avance de la inteligencia artificial está acelerando la obsolescencia de algunas competencias técnicas y, al mismo tiempo, incrementando el valor de habilidades humanas como pensamiento crítico, comunicación, adaptabilidad, resiliencia y trabajo en equipo. En este contexto, las universidades enfrentan el desafío de actualizar sus procesos formativos y de evaluación para responder a las demandas del mercado laboral, que cada vez exige perfiles con mayor capacidad de adaptación y resolución de problemas. 

Uno de los puntos centrales de la sesión fue la dificultad de medir estas competencias a gran escala. Aunque muchas instituciones utilizan rúbricas, autoevaluaciones u observaciones docentes, estos mecanismos pueden estar condicionados por sesgos, diferencias de criterio y limitaciones de tiempo. Frente a ello, se presentó una propuesta basada en el análisis de respuestas de audio mediante inteligencia artificial, que permite observar tanto el contenido de lo que expresa el estudiante como ciertos elementos prosódicos vinculados a la forma en que responde. 

La herramienta expuesta trabaja con preguntas abiertas y reflexivas, diseñadas para obtener respuestas auténticas y evitar formatos cerrados en los que el estudiante pueda anticipar la opción esperada. A partir de esas respuestas, el sistema analiza competencias cognitivas, sociales, emocionales y de acción, generando reportes individuales y tableros agregados. Estos datos permiten identificar brechas respecto del perfil de egreso, orientar intervenciones formativas y realizar mediciones longitudinales sobre la evolución de los estudiantes. 

Durante el diálogo con los participantes, se abordaron aspectos prácticos de la evaluación, como la cantidad de preguntas, el tiempo estimado para responder y la retroalimentación generada por el sistema. También se discutió la necesidad de validar científicamente este tipo de instrumentos, así como su posible utilidad para procesos de acreditación, empleabilidad y emisión de microcredenciales. La conversación permitió situar la inteligencia artificial no solo como una herramienta de eficiencia o control, sino como un recurso para comprender mejor el desarrollo de competencias humanas. 

La sesión dejó abierta una reflexión clave para la educación superior: si las competencias transversales son cada vez más relevantes para el desempeño profesional, las instituciones necesitan mecanismos rigurosos para medirlas, acompañarlas y evidenciar su progreso. En ese sentido, la inteligencia artificial puede contribuir a fortalecer la evaluación académica, siempre que se integre con criterios pedagógicos, validación científica y una lectura ética de los datos. 

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Cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial del Reciclaje, una fecha que invita a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y el impacto ambiental que generan, especialmente en un contexto donde el uso de tecnología continúa creciendo dentro y fuera de los espacios educativos.

El reciclaje forma parte de acciones cotidianas que hoy buscan generar un impacto más consciente y sostenible. Desde reutilizar botellas y envases, hasta apostar por la moda circular y el consumo de prendas reutilizadas, cada vez más personas y organizaciones adoptan prácticas responsables para reducir residuos y extender la vida útil de los productos. Esta conversación también alcanza al ámbito educativo y tecnológico, donde el incremento de celulares, laptops, tablets y otros dispositivos ha convertido a los residuos electrónicos en un desafío ambiental cada vez más visible.

En línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 (ODS 12) de las Naciones Unidas, relacionado con la producción y el consumo responsables, distintas empresas tecnológicas ya vienen incorporando materiales reciclados en sus procesos de fabricación. Marcas como Apple, Dell y HP han impulsado iniciativas vinculadas al uso de aluminio reciclado, plásticos recuperados y empaques más sostenibles en algunos de sus productos.

En este escenario, las universidades cumplen un rol clave. Además de integrar tecnología en los procesos de aprendizaje, también pueden promover una cultura de sostenibilidad mediante campañas de reciclaje, programas de concientización y espacios que impulsen la reflexión sobre el impacto ambiental de la innovación y el consumo tecnológico.

Pequeñas acciones pueden generar grandes cambios. Apostar por una cultura de reciclaje y consumo responsable también es una forma de construir entornos educativos más conscientes, sostenibles y preparados para el futuro.

La sostenibilidad también viene transformando la manera en que se diseñan y producen los dispositivos tecnológicos. Este video de Apple comparte parte de ese compromiso hacia un futuro con menor impacto ambiental.


En este video de Aprendemos Juntos 2030, Víctor Gil nos invita a reflexionar sobre cómo la creatividad puede transformar y dar nuevas oportunidades.