La sesión de la Comunidad IA del 25 de septiembre retomó la discusión sobre la evaluación auténtica en tiempos de inteligencia artificial, con la participación de Manuel Sotomayor. La conversación se concentró en un desafío que adquiere mayor relevancia ante el avance de la IA generativa y agéntica: cómo diseñar evaluaciones capaces de evidenciar el aprendizaje cuando un producto académico de calidad ya no permite conocer, por sí solo, el proceso seguido por el estudiante. 

Uno de los puntos abordados fue la necesidad de pasar de una lógica centrada en la vigilancia tecnológica hacia el rediseño de la evaluación. Durante la sesión se revisó un reporte reciente del MIT sobre inteligencia artificial y enseñanza, presentado como referencia para analizar este cambio. Entre los aspectos comentados estuvieron la importancia de situar a las personas y el aprendizaje en el centro, fortalecer el rol formativo del docente, reconocer que no existe una única respuesta aplicable a todas las disciplinas y priorizar el uso de la IA para potenciar capacidades antes que automatizar indiscriminadamente los procesos educativos. 

Desde esta perspectiva, la evaluación requiere desplazar parte de la atención del producto final hacia el proceso de aprendizaje. Un ensayo, informe u otro entregable puede alcanzar un alto nivel de calidad con apoyo de herramientas de IA, pero esto no necesariamente permite identificar cuánto comprendió o desarrolló el estudiante. Por ello, se planteó la necesidad de hacer visible el itinerario seguido: las alternativas consideradas, las decisiones adoptadas, aquello que fue descartado y las razones detrás de cada elección. También resulta relevante reconocer qué aportó la IA y cómo sus respuestas fueron evaluadas, adaptadas o incorporadas por el estudiante. 

La sesión presentó algunas estrategias para trasladar este enfoque a la práctica. Entre ellas se mencionaron los videos individuales o grupales en los que los estudiantes explican y discuten su proceso de trabajo, así como actividades orientadas a justificar decisiones y contrastar perspectivas. Estas evidencias permiten observar dimensiones que difícilmente aparecen en un producto terminado, como el involucramiento, la argumentación, la coherencia, el criterio para seleccionar información y la apropiación de las ideas. La propuesta no busca excluir la IA, sino incorporarla como un andamiaje explícito dentro de una experiencia diseñada para promover el aprendizaje. 

Como ejemplo, Sotomayor explicó la evolución de su curso de pensamiento crítico, en el que los estudiantes trabajan con dilemas desde diferentes perspectivas antes de asumir y argumentar individualmente una posición. La IA puede apoyar la búsqueda y el contraste de información, mientras que las discusiones grupales, los videos y la argumentación individual permiten observar cómo cada estudiante comprende, analiza y construye su postura. De este modo, la evaluación no se limita a determinar la calidad formal del resultado, sino que incorpora evidencias sobre el razonamiento desarrollado durante el proceso. 

La conversación cerró con una idea transversal: ante sistemas de IA cada vez más capaces, la respuesta educativa no pasa únicamente por detectar o restringir su uso. El desafío está en rediseñar las rutas de aprendizaje y las evaluaciones para hacer visibles la reflexión, la metacognición y la toma de decisiones del estudiante. Esto también supone revisar qué tareas pueden delegarse a la tecnología y cuáles requieren mantener una participación humana directa, especialmente en procesos docentes como la retroalimentación y la certificación del aprendizaje. 

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La sesión de la Comunidad IA del 4 de septiembre abordó uno de los retos que enfrenta actualmente la educación superior: cómo evaluar el aprendizaje cuando el uso de inteligencia artificial generativa forma parte de las prácticas habituales de los estudiantes. Manuel Sotomayor, psicólogo del aprendizaje e invitado de la jornada, planteó que el debate debe desplazarse desde la vigilancia y la detección del uso de IA hacia el rediseño de las evaluaciones y la búsqueda de evidencias más confiables sobre lo que los estudiantes comprenden, razonan y son capaces de hacer.  

Durante la presentación se revisaron estudios recientes y experiencias universitarias que muestran las limitaciones de intentar “blindar” los exámenes mediante sistemas de supervisión, detectores de contenido generado por IA o controles tecnológicos cada vez más complejos. Sotomayor utilizó, entre otros ejemplos, un caso de evaluación virtual de admisión para mostrar cómo estas medidas pueden resultar insuficientes frente a las nuevas posibilidades tecnológicas. Desde esta perspectiva, la pregunta deja de ser cómo impedir que los estudiantes utilicen IA y pasa a ser qué evidencia de aprendizaje permanece cuando su uso ya puede asumirse como parte del entorno educativo. 

Esta discusión se relacionó con dos formas distintas de delegar tareas a la tecnología. El offloading permite trasladar actividades que representan una carga secundaria para un determinado objetivo de aprendizaje, como ordenar información, revisar aspectos formales o apoyar determinadas tareas operativas. El outsourcing, en cambio, ocurre cuando se delegan procesos que el estudiante necesita desarrollar por sí mismo, como formular argumentos, establecer juicios, analizar problemas o construir hipótesis. La diferencia resulta relevante porque una misma herramienta puede actuar como apoyo al aprendizaje o sustituir procesos cognitivos que deberían ser ejercitados por el estudiante. 

Otro eje de la sesión fue la metacognición. Más que concentrarse únicamente en el producto final —un ensayo, una respuesta o una presentación—, la evaluación puede hacer visible el recorrido intelectual seguido para llegar a ese resultado. Preguntar por qué se tomó una decisión, cómo cambió una interpretación o qué criterios permitieron sostener una posición ofrece información que difícilmente puede obtenerse observando solo el producto. Desde la noción de andamiaje vinculada con Vygotsky, la IA puede ampliar las posibilidades de aprendizaje cuando acompaña al estudiante sin reemplazar la construcción de sus propios esquemas de pensamiento. 

Entre las alternativas planteadas aparecieron los videos sin guion, las discusiones grupales centradas en la toma de decisiones y los itinerarios cognitivos que permiten reconstruir cómo una persona llegó a determinada conclusión. A escala institucional, Sotomayor propuso pensar en dos carriles complementarios: evaluaciones con altos niveles de confiabilidad para el aseguramiento del aprendizaje y espacios más abiertos en los cursos, donde docentes y estudiantes puedan utilizar IA bajo criterios pedagógicos y con énfasis en el proceso. El intercambio final reforzó esta idea al señalar que el desafío no depende únicamente de modificar la evaluación: también requiere revisar el diseño de las experiencias de aprendizaje y fortalecer la capacidad docente para formular preguntas que promuevan reflexión, argumentación y pensamiento propio.

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La sesión de la Comunidad IA del 28 de agosto puso por primera vez en el centro de la conversación la perspectiva de los estudiantes sobre el uso de la inteligencia artificial en la educación. Luis Ibazeta, docente del curso de Gestión de Proyectos, presentó la experiencia desarrollada junto con estudiantes de carreras de negocios, quienes explicaron cómo incorporaron herramientas de IA generativa para diseñar soluciones digitales orientadas a problemas concretos. 

Stefanny Moreno presentó Beca Match, una propuesta creada para facilitar la búsqueda y postulación a becas. La plataforma busca centralizar convocatorias, analizar el perfil de los estudiantes y recomendar oportunidades compatibles, además de ofrecer acompañamiento durante el proceso. En su desarrollo, el equipo utilizó inteligencia artificial para crear código, conectar herramientas mediante Apps Script, GS y HTML, e integrar un agente basado en Gemini capaz de responder consultas de manera dinámica.

Por su parte, Diana Burga expuso Laboranding.pe, una plataforma concebida para preparar a estudiantes y recién egresados frente a entrevistas laborales. El proyecto plantea simulaciones personalizadas con inteligencia artificial, retroalimentación automática, análisis del currículum y seguimiento del desempeño. Para estructurar la propuesta, el equipo recurrió a Scrum y utilizó la IA como apoyo para definir historias de usuario, tareas, roles y requerimientos. El prototipo de interfaz fue desarrollado en Figma. 

Las experiencias mostraron que el uso de estas tecnologías ya no se limita a estudiantes de ingeniería o programación. Ambas expositoras explicaron que la IA les permitió aproximarse a conceptos técnicos, explorar herramientas de otras disciplinas y organizar procesos que antes requerían conocimientos especializados. También señalaron que su uso académico ha evolucionado: pasó de servir como buscador o herramienta de síntesis a convertirse en un recurso para estudiar, prototipar, automatizar tareas y desarrollar proyectos. 

Otro punto abordado fue la necesidad de documentar el uso de la inteligencia artificial dentro de los trabajos académicos. Registrar consultas, organizar conversaciones y transparentar la participación de estas herramientas permitió a las estudiantes revisar con mayor claridad su propio proceso de aprendizaje. La conversación también incluyó aspectos vinculados con integridad académica, citación, seguridad de los productos digitales y la importancia de contar con conocimiento especializado cuando una solución requiere mayor nivel técnico. 

La sesión cerró con una reflexión sobre el papel docente ante un escenario en el que los estudiantes incorporan la IA con rapidez. Más que restringir su uso, el desafío planteado consiste en acompañar a los estudiantes para que evalúen las respuestas obtenidas, reconozcan posibles sesgos y desarrollen pensamiento crítico. La experiencia compartida sugiere que integrar la inteligencia artificial a proyectos vinculados con necesidades reales puede ampliar las posibilidades de aprendizaje, siempre que su uso sea responsable, documentado y sujeto a revisión.

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La sesión de la Comunidad IA del 21 de agosto abordó la creación de contenidos educativos mediante inteligencia artificial, con énfasis en el uso de Midjourney para producir imágenes y videos. Daniel Flores Bueno y Pablo Cárdenas Garaycochea plantearon el tema desde una preocupación docente concreta: cómo incorporar estas tecnologías en las estrategias de enseñanza y convertirlas en recursos que faciliten la comunicación de conceptos y conocimientos en formatos audiovisuales. 

Durante la demostración, Flores explicó un flujo de trabajo dividido en tres etapas. La preproducción parte de un contenido elaborado previamente —como un artículo, una reseña o un texto académico— que puede transformarse con ChatGPT en un guion y en instrucciones para generar imágenes. En la fase de producción, estos prompts se trasladan a Midjourney para crear distintas alternativas visuales, modificarlas y, posteriormente, animarlas hasta convertirlas en secuencias breves de video. 

La sesión también mostró las funciones de exploración y creación de Midjourney. La herramienta permite revisar imágenes desarrolladas por otros usuarios, recuperar sus prompts como referencia y producir nuevas variantes según las necesidades del docente. Otra posibilidad consiste en cargar imágenes propias para modificar determinados elementos o generar animaciones. Este procedimiento permite elaborar representaciones visuales asociadas con temas históricos, autores, conceptos o materiales previamente utilizados en clase. 

Uno de los aspectos revisados fue la necesidad de complementar Midjourney con otras aplicaciones. Los expositores señalaron que la generación automática de texto dentro de las imágenes todavía puede presentar errores ortográficos o alteraciones en las palabras. Ante ello, propusieron editar previamente los elementos textuales mediante herramientas como Photoshop y utilizar programas como Premiere o Canva para organizar las secuencias, incorporar la locución y realizar el ensamblaje final del video. 

La conversación se amplió con los aportes de los participantes. Pedro Córdova compartió su experiencia utilizando un GPT especializado en Midjourney para sistematizar la construcción de prompts y mencionó la integración con herramientas de generación de voz, video y avatares. Estas experiencias reforzaron una idea desarrollada durante la reunión: la creación audiovisual con IA puede ayudar a representar conceptos abstractos y ofrecer nuevas formas de aproximación a contenidos que requieren mayor contextualización. 

Finalmente, Flores y Cárdenas presentaron La máquina que aprende, un proyecto orientado a promover la reflexión sobre la relación entre inteligencia artificial y educación. Desde esta perspectiva, la producción de videos no fue planteada como sustituto de la lectura o del análisis académico, sino como un recurso capaz de introducir temas, despertar curiosidad y conducir a los estudiantes hacia procesos de comprensión más amplios. La sesión dejó así una mirada aplicada sobre la IA generativa: experimentar con las herramientas, evaluar sus posibilidades y limitaciones, y vincular su uso con propósitos educativos definidos. 

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La Comunidad IA de la UPC dedicó su sesión del viernes 26 de junio al análisis de los resultados globales del Digital Education Council sobre el uso de inteligencia artificial en la educación superior. La presentación estuvo a cargo de Jorge Bossio, quien compartió hallazgos comparativos entre regiones y abrió una discusión sobre las tensiones actuales entre adopción tecnológica, calidad del aprendizaje y transformación pedagógica. 

Uno de los puntos centrales fue la percepción ambivalente de estudiantes y docentes frente a la IA. Si bien muchos reconocen que estas herramientas permiten ahorrar tiempo, organizar ideas o resolver tareas con mayor rapidez, también aparece una preocupación creciente: el riesgo de que su uso debilite el pensamiento independiente. El informe muestra que parte del estudiantado considera más difícil enfrentar problemas sin apoyo de IA, mientras que docentes advierten posibles efectos sobre el desarrollo de habilidades profundas. 

La sesión también abordó la limitada integración pedagógica de la IA. Aunque su uso se ha extendido, en muchos casos se mantiene en actividades superficiales, como la creación de materiales, la búsqueda de información o la generación de borradores. Bossio señaló que pocos docentes están rediseñando de manera significativa sus cursos o evaluaciones a partir de estas tecnologías. Este punto llevó a discutir la necesidad de pasar de un uso instrumental a uno orientado al aprendizaje, la retroalimentación y la toma de decisiones pedagógicas. 

Otro eje relevante fue la evaluación. Según los resultados presentados, una proporción importante de estudiantes no percibe que las evaluaciones reflejen adecuadamente sus habilidades, su esfuerzo o su juicio crítico. A ello se suma la falta de lineamientos claros sobre cuándo y cómo puede utilizarse IA en tareas académicas. Esta situación genera incertidumbre y puede afectar la confianza en los procesos de evaluación, especialmente cuando los estudiantes perciben que sus pares podrían usar estas herramientas para obtener ventajas indebidas. 

Durante el diálogo, los participantes coincidieron en que la respuesta no debe centrarse únicamente en enseñar a usar herramientas o redactar prompts, sino en fortalecer capacidades como la formulación de preguntas, la indagación, el pensamiento crítico y la evaluación de la información. También se destacó la importancia de una base pedagógica sólida: sin criterios claros de enseñanza y evaluación, la tecnología difícilmente podrá aportar valor al aprendizaje. 

La sesión concluyó con una reflexión sobre el rol docente en la era de la IA. Más que reemplazar la labor educativa, estas tecnologías obligan a revisar qué tareas pueden automatizarse y cuáles requieren mayor presencia humana, acompañamiento y criterio pedagógico. En esa línea, la Comunidad IA continuará abordando los retos vinculados con la gobernanza, la ética, la evaluación y el futuro del trabajo en el contexto de la inteligencia artificial.

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La sesión de la Comunidad IA abordó el uso de agentes inteligentes y entornos cognitivos de aprendizaje integrados en Moodle. La exposición estuvo a cargo de Diego Quisi, especialista en inteligencia artificial aplicada a educación, quien presentó una solución orientada a optimizar procesos académicos, administrativos y de acompañamiento estudiantil dentro de plataformas LMS.  

El punto de partida fue diferenciar la inteligencia artificial generativa de los agentes inteligentes. Mientras la primera permite crear contenido en formatos como texto, imagen, audio o código, los agentes incorporan capacidades de razonamiento, planificación, ejecución y validación. En el contexto educativo, esta arquitectura permite automatizar tareas, consultar información institucional y generar respuestas contextualizadas a partir de los datos disponibles en el entorno de aprendizaje. 

Durante la demostración, se mostró cómo un plugin instalado en Moodle puede apoyar al administrador mediante reportes sobre consumo de recursos, interacción de usuarios, rendimiento por cursos y seguimiento de estudiantes. Para el docente, la herramienta permite identificar estudiantes en riesgo académico, analizar actividades con bajo desempeño, generar informes, crear presentaciones, diseñar tareas y elaborar rúbricas desde instrucciones en lenguaje natural. 

La sesión también presentó el uso del agente desde la perspectiva del estudiante. En este caso, el sistema funciona como tutor adaptativo, capaz de explicar conceptos, generar simulaciones, proponer analogías según los intereses del usuario, ofrecer guías de estudio y crear cuestionarios de autoevaluación. El objetivo no es reemplazar el rol docente, sino ampliar las posibilidades de acompañamiento, especialmente en cursos con grupos numerosos o con necesidades diferenciadas de aprendizaje. 

Un aspecto relevante de la discusión fue la seguridad de los datos. Quisi señaló que el plugin puede instalarse dentro de la infraestructura de la universidad, bajo su propia soberanía de datos, y conectarse a modelos de lenguaje propios o de terceros. Asimismo, explicó que el sistema puede configurarse con el modelo pedagógico institucional y con reglas adicionales para asegurar que las respuestas mantengan criterios académicos, culturales y éticos definidos por la institución. 

La presentación permitió observar cómo los agentes de IA pueden transformar el uso de los LMS al integrar analítica, automatización y personalización en una misma plataforma. Su aplicación plantea oportunidades para reducir la carga operativa del docente, fortalecer el aprendizaje autónomo del estudiante y facilitar decisiones basadas en datos, siempre que su implementación considere criterios pedagógicos, infraestructura adecuada y una gobernanza clara. 

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La Comunidad IA dedicó su sesión del 5 de junio a revisar los alcances de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial del Perú, con énfasis en educación, alfabetización y academia. La exposición estuvo a cargo de Gianfranco Mejía, abogado especializado en gestión pública, regulación, derecho administrativo e inteligencia artificial, quien analizó el documento recientemente aprobado y sus implicancias para el sistema educativo peruano.  

Durante la sesión se destacó que el país cuenta por primera vez con una estrategia nacional formal sobre inteligencia artificial, luego de antecedentes previos que no llegaron a oficializarse. Sin embargo, el análisis mostró que las referencias a educación aparecen de manera dispersa y con un nivel todavía general. Entre los puntos identificados se encuentran la capacitación docente, la incorporación de herramientas de IA en procesos académicos y el fortalecimiento de capacidades en educación básica, técnico-productiva y superior. 

Uno de los aspectos centrales de la conversación fue la alfabetización en inteligencia artificial. Mejía señaló que el término aparece poco desarrollado en la estrategia peruana, pese a que resulta clave para que docentes, estudiantes, servidores públicos, empresas y ciudadanos comprendan no solo cómo usar estas tecnologías, sino también sus riesgos, límites y criterios éticos. En ese sentido, la sesión planteó la necesidad de pasar de acciones de capacitación aisladas a una política más amplia de formación crítica y sostenida. 

La discusión también incorporó el análisis de un proyecto de ley orientado a establecer estándares mínimos para el uso de IA en el sistema universitario nacional. La propuesta incluye principios como ética algorítmica, protección de datos, transparencia, no discriminación y complementariedad entre humanos e inteligencia artificial. Asimismo, plantea la creación de comités de gobernanza algorítmica y ética digital en universidades, así como programas vinculados a ciencia de datos, ciberseguridad, robótica, gobernanza algorítmica y transformación digital. 

Otro punto relevante fue la comparación con la reciente estrategia de inteligencia artificial de Canadá, denominada “IA para todos”. A partir de este caso, se observó una diferencia importante: mientras la estrategia peruana enfatiza la capacitación, la canadiense otorga un lugar central a la alfabetización, la infraestructura digital, la calidad de los datos, la seguridad y la soberanía tecnológica. Esta comparación permitió abrir una reflexión sobre las condiciones previas que requiere el Perú para integrar la IA en educación, especialmente en conectividad, infraestructura y acceso. 

La sesión concluyó con aportes de los participantes sobre los desafíos de aplicar la estrategia en contextos educativos diversos, como escuelas rurales o instituciones con brechas tecnológicas. También se abordó la relación entre IA, pequeñas y medianas empresas, soberanía digital y regulación internacional. En conjunto, el encuentro dejó planteada una idea clave: el desarrollo de la inteligencia artificial en educación no depende solo de capacitar usuarios, sino de construir condiciones institucionales, técnicas y éticas que permitan una adopción responsable y contextualizada. 

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La sesión de la Comunidad IA del 29 de mayo abordó uno de los debates más urgentes en la educación actual: cómo repensar la evaluación en un contexto donde la inteligencia artificial ya forma parte de los procesos de aprendizaje. El expositor invitado fue Jesús Vivanco, quien presentó el tema “Externalización cognitiva y evaluación: hacia un nuevo paradigma educativo en la era de la IA”, a partir de investigaciones recientes sobre el uso de estas herramientas en entornos educativos y profesionales.  

Vivanco explicó que la externalización cognitiva ocurre cuando las personas utilizan herramientas externas para apoyar funciones mentales como recordar, calcular, escribir o razonar. Así como la calculadora modificó la forma de resolver operaciones matemáticas y la escritura permitió ampliar la memoria, la inteligencia artificial generativa está interviniendo ahora en procesos más complejos, como la síntesis de información, la producción de textos y la toma de decisiones. 

El expositor sostuvo que el problema educativo no está en la existencia de la herramienta, sino en que muchos sistemas de evaluación fueron diseñados para contextos donde no se consideraba la colaboración con tecnologías avanzadas. En ese sentido, las evaluaciones tradicionales, centradas en la memoria, la repetición o la respuesta final, enfrentan dificultades para distinguir entre aprendizaje auténtico y dependencia tecnológica. 

Durante la sesión también se discutió la necesidad de evaluar el proceso y no solo el resultado. Esto implica observar la calidad del razonamiento, la justificación de las decisiones, la capacidad crítica frente a lo generado por la IA y las evidencias de iteración durante el trabajo. En lugar de prohibir el uso de estas herramientas, se planteó la importancia de integrarlas en experiencias educativas más complejas, donde el estudiante tenga que contrastar, argumentar y explicar sus elecciones. 

El diálogo con los participantes permitió ampliar la reflexión hacia temas como la citación del uso de IA, la alfabetización cognitiva digital, el rediseño de foros académicos y la creación de tareas con mayor demanda intelectual. Se compartieron experiencias docentes en las que la IA no se usa solo para responder preguntas, sino también para buscar información, producir evidencias, elaborar videos, verificar fuentes y desarrollar propuestas aplicadas. 

La sesión concluyó con una idea central: enseñar en la era de la inteligencia artificial no consiste en evitar la tecnología, sino en diseñar condiciones para que pensar con tecnología también signifique aprender a pensar mejor. Este enfoque demanda nuevas rúbricas, criterios de evaluación más transparentes y una cultura académica que promueva el uso reflexivo, ético y crítico de la IA en la educación. 

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En la sesión del viernes 24 de abril de la Comunidad IA en la Educación se presentó una experiencia aplicada en el campo de la odontología, a cargo de Maritza Meza, docente de la UPC, quien compartió el diseño de una sesión orientada a fortalecer la prescripción farmacológica en estudiantes de esta carrera. La propuesta, titulada “Más allá del papel: recetas odontológicas en la era de la inteligencia artificial”, abordó el uso de herramientas generativas para conectar el conocimiento teórico con la toma de decisiones clínicas en el aula.  

La sesión partió de una necesidad identificada en el curso de Terapéutica: la dificultad de algunos estudiantes para trasladar los contenidos farmacológicos a la redacción correcta de recetas odontológicas. Según la experiencia presentada, esta brecha se evidenciaba en la inseguridad para elegir medicamentos, definir dosis, precisar vías de administración y completar los elementos formales de una receta. Ante ello, la docente diseñó una actividad que integró inteligencia artificial como recurso de simulación, diseño y retroalimentación. 

Entre las herramientas utilizadas estuvieron Gamma, para la creación de materiales didácticos; ChatGPT y otras plataformas similares, para generar casos clínicos y ejercicios de identificación de errores; Canva, para el diseño de recetas; y Eleven Labs, para producir audios que simularan relatos de pacientes. Este último recurso permitió acercar a los estudiantes a una situación más parecida a la práctica profesional, en la que el paciente no presenta la información de manera ordenada, sino a través de una narración que debe ser interpretada clínicamente. 

La dinámica incluyó actividades progresivas: primero, la identificación de errores en recetas generadas con apoyo de IA; luego, la elaboración de recetas a partir de casos clínicos; y, finalmente, la resolución de un escenario narrado en audio, acompañado de imágenes diagnósticas. Durante el proceso, los estudiantes trabajaron de forma colaborativa, expusieron sus decisiones y recibieron retroalimentación de sus pares y docentes, lo que permitió reforzar el razonamiento clínico y la comunicación profesional. 

De acuerdo con la experiencia compartida, la incorporación de estas herramientas favoreció una mayor autonomía y confianza en los estudiantes al momento de enfrentar ejercicios de prescripción. También se observó una reducción de errores frecuentes en la redacción de recetas, especialmente en aspectos vinculados con dosificación y vía de administración. La sesión abrió además una conversación sobre el papel del docente en el diseño de experiencias con IA, la necesidad de verificar los resultados generados por estas herramientas y la importancia de promover pensamiento crítico en su uso. 

El encuentro concluyó con una reflexión sobre el valor de integrar inteligencia artificial en actividades concretas de enseñanza, sin reemplazar el criterio profesional ni la mediación docente. La experiencia mostró que, en áreas como la salud, la IA puede funcionar como apoyo para simular escenarios, ampliar oportunidades de práctica y fortalecer competencias clínicas, siempre que su uso esté acompañado de orientación pedagógica, revisión crítica y objetivos de aprendizaje claramente definidos. 

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