El 10 de julio, el campus Monterrico de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) fue escenario de la clausura de una nueva edición del Club Apptitud, un espacio donde equipos multidisciplinarios pusieron en práctica su creatividad, el trabajo colaborativo y el potencial de la inteligencia artificial para responder a un desafío real de la vida universitaria.

En esta edición, los estudiantes asumieron el reto de diseñar y prototipar un agente conversacional (chatbot o asistente virtual) que ayudara a los alumnos de la UPC a gestionar de manera eficiente la gran cantidad de comunicaciones que reciben durante su vida académica.

Actualmente, los estudiantes reciben información desde múltiples canales, como el correo institucional, el aula virtual y los anuncios de los cursos, lo que puede generar saturación, confusión o la pérdida de información importante. Frente a este escenario, los equipos desarrollaron soluciones basadas en inteligencia artificial para centralizar, organizar y priorizar estas comunicaciones, permitiendo identificar con rapidez qué mensajes son urgentes, cuáles requieren atención y cuáles pueden revisarse posteriormente.

Durante la jornada, los equipos finalistas presentaron sus propuestas ante un jurado conformado por destacados representantes de Laureate Perú, quienes evaluaron la innovación, la viabilidad, la experiencia del usuario y el impacto potencial de cada solución.

El jurado estuvo integrado por:

Tras la evaluación del jurado, estos fueron los equipos que destacaron por la calidad, innovación e impacto de sus propuestas.

  • Deisy Alhua Cárdenas
  • Julissa Cáceda Salas
  • Alexander Martínez Navarro
  • Ariani Yupanqui Ruiz
  • Hugo Vásquez Pareja
  • Danna Arbirio Piscoya
  • Shirley Cuadros Espinoza
  • Kristal Palomino Huayllaccahua
  • Frank Vegas García
  • Camila Trujillo Zevallos
  • Leticia Navarrete Mezarina
  • Neida Gargurevich Prado
  • Luis Choquehuanca Quijaite
  • Rosa Ecos Reyna
  • Iris Obregón Menor

Más allá de reconocer a los equipos ganadores, esta nueva edición del Club Apptitud reafirmó el valor del aprendizaje basado en retos, una metodología que permite a los estudiantes desarrollar competencias como el pensamiento crítico, la colaboración, la comunicación efectiva, el diseño centrado en el usuario y la aplicación estratégica de la inteligencia artificial para resolver desafíos reales.

Las soluciones presentadas evidenciaron que la inteligencia artificial alcanza su mayor potencial cuando se orienta a resolver necesidades concretas de las personas. En este caso, los participantes propusieron herramientas para simplificar la experiencia universitaria y mejorar la forma en que los estudiantes gestionan la información que reciben diariamente.

Me llama la atención la manera en que los estudiantes se identifican con el reto planteado y se involucran activamente en la problemática. Desde el inicio muestran interés y curiosidad por comprenderla, explorar sus distintas dimensiones y proponer soluciones que respondan a necesidades reales. Espacios como el Club Apptitud enriquecen la experiencia universitaria porque permiten que los estudiantes apliquen sus conocimientos en proyectos concretos y desarrollen habilidades que serán valiosas tanto durante su formación como en su futuro profesional”. Jorge Ramírez – Docente del Club Apptitud

El Club Apptitud continúa impulsando una cultura de innovación en la que los estudiantes aprenden haciendo, experimentan con tecnologías emergentes y desarrollan soluciones con impacto. La invitación es a seguir observando los problemas del entorno con una mirada crítica y creativa, entendiendo que la tecnología es un medio para generar valor y transformar positivamente la vida de las personas.

La automatización y la inteligencia artificial vienen transformando la manera en que aprendemos, trabajamos y desarrollamos soluciones para distintos sectores. En este contexto, espacios internacionales como UiPath Student Developer Champions cobran especial importancia, ya que permiten que los estudiantes fortalezcan competencias tecnológicas, creativas y analíticas que serán fundamentales para su formación académica y su futuro profesional en un entorno cada vez más digital.

Gerard Rojas y Andrés Huamanlazo, estudiantes de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, forman parte de esta iniciativa internacional que reúne a estudiantes de distintos países interesados en la automatización, la inteligencia artificial y el desarrollo de soluciones innovadoras. A través de esta experiencia, podrán acceder a espacios de aprendizaje, mentorías y colaboración con una comunidad global.

Gerald Rojas destaca que esta oportunidad lo motivó por “la posibilidad de descubrir cómo la automatización puede abrir nuevas formas de pensar y trabajar” y espera “aprender a transformar procesos en oportunidades de innovación”.

Por su parte, Andrés Huamanlazo reflexiona sobre el impacto de estas tecnologías en el futuro profesional: “Dejaremos de ser ejecutores de tareas robóticas para convertirnos en arquitectos de soluciones”, resaltando también la importancia de la empatía, el pensamiento crítico y la ética en el uso responsable de la IA.

Experiencias como esta reflejan la importancia de impulsar espacios que acerquen a los estudiantes a las tendencias tecnológicas globales, promoviendo el aprendizaje continuo, la colaboración internacional y el desarrollo de habilidades que les permitirán generar impacto en sus futuras profesiones.

El mercado laboral está cambiando con rapidez, impulsado por la inteligencia artificial. Más que generar incertidumbre, este contexto plantea nuevas exigencias y oportunidades para quienes se están formando hoy. Según el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo, esta transformación no implica necesariamente la desaparición del empleo, sino su evolución. De hecho, según el informe IA generativa y empleo en América Latina y el Caribe: ¿La brecha digital es un factor protector o un cuello de botella? (2024) del Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo entre el 26% y el 38% de los empleos en América Latina están expuestos a la inteligencia artificial; sin embargo, solo entre el 2% y el 5% podrían automatizarse completamente, mientras que una proporción significativa podría mejorar su productividad. En ese sentido, la diferencia no está en evitar la IA, sino en aprender a integrarla con criterio en el desarrollo profesional.

A lo largo del tiempo, la empleabilidad ha evolucionado junto con los cambios tecnológicos. Si antes se priorizaba la especialización y luego la adaptación digital, hoy el diferencial está en combinar habilidades humanas con el uso estratégico de la tecnología. Por ello, aprender deja de ser un momento puntual y se convierte en un proceso continuo, donde la actualización constante es clave.

En este escenario, la IA se posiciona como una aliada en el desarrollo profesional. Permite optimizar el currículum vitae (CV), prepararse para entrevistas, analizar tendencias del sector y generar ideas de proyectos. No obstante, su valor radica en el uso consciente: interpretar resultados, cuestionar la información y adaptarla a contextos reales siguen siendo capacidades humanas esenciales. Así, la empleabilidad depende cada vez más de cómo se articula el conocimiento con la tecnología para generar valor.

Asimismo, este cambio está transformando la forma de aprender. Las micro y nano credenciales permiten desarrollar habilidades específicas en menos tiempo y con mayor flexibilidad, complementando la formación universitaria. De este modo, el perfil profesional deja de ser estático y se construye de forma progresiva, en respuesta a un entorno laboral dinámico.

Frente a este panorama, la universidad tiene un rol clave. Más allá de transmitir contenidos, debe formar profesionales capaces de pensar críticamente, adaptarse y utilizar la tecnología de manera responsable. Esto implica integrar la IA en el aprendizaje, promover experiencias prácticas y abrir espacios más flexibles. Así, la educación superior no solo prepara para el primer empleo, sino para una trayectoria en constante cambio.

En el contexto peruano, este proceso convive con desafíos estructurales como la brecha digital y la alta informalidad laboral. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en su informe Perú: Comportamiento de los indicadores del mercado laboral a nivel nacional y en 27 ciudades (2026), el 70,2% de la población ocupada se encuentra en condición de informalidad, lo que evidencia un acceso desigual a oportunidades laborales y protección social. En este escenario, la inteligencia artificial no impactará de la misma manera en todos los perfiles; sin embargo, también abre una oportunidad: quienes desarrollen competencias digitales y utilicen estas herramientas de forma estratégica podrán potenciar su perfil y acceder a nuevas posibilidades. Así, la educación se posiciona como un actor clave para reducir brechas y ampliar oportunidades.

Finalmente, la empleabilidad siempre ha estado ligada a la capacidad de adaptación. Hoy, la inteligencia artificial no cambia esa lógica, pero sí eleva el nivel de exigencia. En un entorno donde la tecnología avanza rápidamente, ser empleable implica aprender de forma continua, cuestionar y crear con intención. Porque, más allá de cualquier avance, la verdadera ventaja sigue siendo profundamente humana.

En la sesión del viernes 24 de abril de la Comunidad IA en la Educación se presentó una experiencia aplicada en el campo de la odontología, a cargo de Maritza Meza, docente de la UPC, quien compartió el diseño de una sesión orientada a fortalecer la prescripción farmacológica en estudiantes de esta carrera. La propuesta, titulada “Más allá del papel: recetas odontológicas en la era de la inteligencia artificial”, abordó el uso de herramientas generativas para conectar el conocimiento teórico con la toma de decisiones clínicas en el aula.  

La sesión partió de una necesidad identificada en el curso de Terapéutica: la dificultad de algunos estudiantes para trasladar los contenidos farmacológicos a la redacción correcta de recetas odontológicas. Según la experiencia presentada, esta brecha se evidenciaba en la inseguridad para elegir medicamentos, definir dosis, precisar vías de administración y completar los elementos formales de una receta. Ante ello, la docente diseñó una actividad que integró inteligencia artificial como recurso de simulación, diseño y retroalimentación. 

Entre las herramientas utilizadas estuvieron Gamma, para la creación de materiales didácticos; ChatGPT y otras plataformas similares, para generar casos clínicos y ejercicios de identificación de errores; Canva, para el diseño de recetas; y Eleven Labs, para producir audios que simularan relatos de pacientes. Este último recurso permitió acercar a los estudiantes a una situación más parecida a la práctica profesional, en la que el paciente no presenta la información de manera ordenada, sino a través de una narración que debe ser interpretada clínicamente. 

La dinámica incluyó actividades progresivas: primero, la identificación de errores en recetas generadas con apoyo de IA; luego, la elaboración de recetas a partir de casos clínicos; y, finalmente, la resolución de un escenario narrado en audio, acompañado de imágenes diagnósticas. Durante el proceso, los estudiantes trabajaron de forma colaborativa, expusieron sus decisiones y recibieron retroalimentación de sus pares y docentes, lo que permitió reforzar el razonamiento clínico y la comunicación profesional. 

De acuerdo con la experiencia compartida, la incorporación de estas herramientas favoreció una mayor autonomía y confianza en los estudiantes al momento de enfrentar ejercicios de prescripción. También se observó una reducción de errores frecuentes en la redacción de recetas, especialmente en aspectos vinculados con dosificación y vía de administración. La sesión abrió además una conversación sobre el papel del docente en el diseño de experiencias con IA, la necesidad de verificar los resultados generados por estas herramientas y la importancia de promover pensamiento crítico en su uso. 

El encuentro concluyó con una reflexión sobre el valor de integrar inteligencia artificial en actividades concretas de enseñanza, sin reemplazar el criterio profesional ni la mediación docente. La experiencia mostró que, en áreas como la salud, la IA puede funcionar como apoyo para simular escenarios, ampliar oportunidades de práctica y fortalecer competencias clínicas, siempre que su uso esté acompañado de orientación pedagógica, revisión crítica y objetivos de aprendizaje claramente definidos. 

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La transformación digital en la educación superior ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en una realidad cotidiana. En este escenario, la competencia digital docente no se limita al manejo instrumental de herramientas tecnológicas, sino que implica pensamiento crítico, criterio pedagógico y uso ético de la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza y evaluación

Fortalecer la competencia digital significa garantizar calidad académica en entornos mediados por tecnología. Supone comprender cómo integrar la IA de manera pedagógicamente pertinente, cómo rediseñar evaluaciones y cómo formar estudiantes capaces de interactuar críticamente con sistemas inteligentes. No se trata de adoptar tecnología por tendencia, sino de ejercer liderazgo profesional en contextos digitales complejos.

El informe Encuesta sobre la IA en la Educación Superior en América Latina 2026 del Digital Education Council aporta datos relevantes sobre el estado actual de las competencias vinculadas a la IA en el profesorado universitario latinoamericano, evidenciando avances importantes, pero también brechas críticas que requieren atención institucional.

Datos clave del informe

  • Más de la mitad del profesorado muestra débil juicio crítico sobre la IA.
  • El 55% del profesorado aún debe mejorar el uso responsable de la IA.
  • El 55% demuestra experiencia práctica en el uso de la IA en educación.
  • 80% del profesorado con alta alfabetización en IA considera que la IA puede mejorar la calidad de la enseñanza.
    Encuesta sobre la IA en la Educación Superior en América Latina 2026

En su conjunto, la evidencia muestra un escenario de avances significativos, pero también de brechas críticas: existe experiencia práctica creciente en el uso de IA, pero persisten desafíos en juicio crítico y uso responsable. Esto confirma que la competencia digital docente no se reduce al acceso o familiaridad tecnológica, sino que requiere profundización en dimensiones éticas, analíticas y pedagógicas.

Desarrollar la competencia digital docente es una decisión profesional estratégica. Implica asumir el liderazgo de la transformación educativa, fortalecer la capacidad de evaluación crítica y asegurar que la tecnología esté al servicio del aprendizaje y no al revés. La innovación educativa no depende únicamente de las herramientas disponibles, sino del compromiso del docente por formarse, cuestionar y evolucionar junto con su entorno digital.

Texto realizado con el apoyo de Chat GPT.

En un contexto donde la inteligencia artificial acelera procesos, automatiza tareas y genera soluciones en segundos, prototipar se vuelve una competencia estratégica. Ya no se trata solo de diseñar antes de producir, sino de aprender a experimentar, validar y mejorar en entornos digitales accesibles y colaborativos.

En educación, este enfoque resulta especialmente relevante: formar estudiantes que prototipen es formar profesionales capaces de transformar ideas en soluciones concretas, utilizando tecnología con criterio y propósito.

Durante el siglo XX, el diseño industrial y posteriormente el diseño centrado en el usuario consolidaron el prototipado como una etapa formal dentro del proceso creativo. El objetivo no era alcanzar la perfección inmediata, sino iterar: construir, probar, mejorar y volver a intentar.

Esa lógica sigue vigente hoy. La diferencia es que el entorno ha cambiado radicalmente.

La evolución del prototipado: del modelo físico al entorno digital

Con la transformación digital, el prototipo dejó de ser exclusivamente tangible. Aparecieron los wireframes, mockups, simulaciones, pruebas de experiencia de usuario y entornos interactivos. El costo de experimentar disminuyó y la velocidad de desarrollo aumentó.

En este nuevo escenario, los eventos de innovación, como las hackatones, se han convertido en espacios clave de prototipado acelerado. En jornadas intensivas, equipos multidisciplinarios identifican un problema, diseñan una solución y construyen un prototipo funcional en cuestión de horas o días. Más que el producto final, lo que se valora es la capacidad de iterar y aprender rápidamente.

Hoy, la inteligencia artificial amplifica este proceso. Es posible generar código, interfaces, contenidos visuales o simulaciones mediante prompts. Las herramientas de IA permiten pasar de la idea al primer modelo en minutos. Esto democratiza el acceso a la creación tecnológica: ya no es indispensable tener conocimientos avanzados de programación para construir una solución inicial.

Sin embargo, esta aceleración también plantea un desafío: no se trata solo de producir más rápido, sino de pensar mejor qué estamos construyendo y para qué.

Prototipar en el aula como parte de la innovación educativa

En el ámbito educativo, prototipar no debería limitarse a carreras tecnológicas. Es una metodología transversal que puede integrarse en diversas disciplinas: comunicación, negocios, educación, ciencias sociales o salud.

Cuando un estudiante prototipa:

  • Convierte ideas abstractas en soluciones visibles.
  • Aprende mediante la experimentación.
  • Desarrolla pensamiento crítico y creativo.
  • Integra herramientas digitales con propósito.
  • Mejora su capacidad de resolver problemas reales.

Incorporar el prototipado en el aula implica cambiar la lógica tradicional centrada únicamente en el producto final. En lugar de evaluar solo el resultado, se valora el proceso: las versiones intermedias, la retroalimentación recibida y la capacidad de mejora.

Además, en un entorno donde la IA puede asistir en la generación de contenidos o estructuras, el rol docente se vuelve aún más relevante. El docente orienta, cuestiona, contextualiza y promueve el uso ético de la tecnología. La herramienta puede acelerar la producción, pero la reflexión pedagógica sigue siendo insustituible.

Prototipar, entonces, no es solo diseñar algo nuevo. Es desarrollar competencias digitales, pensamiento iterativo y una cultura de mejora continua.

Cinco herramientas digitales para prototipar hoy

Actualmente existen múltiples plataformas que permiten crear prototipos de forma accesible. A continuación, cinco herramientas útiles para contextos educativos y de innovación:

herramientas para prototipar

Estas plataformas, muchas con planes gratuitos o freemium, permiten que estudiantes y docentes experimenten sin necesidad de grandes inversiones. La clave no está en la herramienta en sí, sino en cómo se integra dentro de un proceso pedagógico intencional.

Prototipar como competencia del presente y del futuro

En tiempos de inteligencia artificial, la capacidad de generar contenido o código ya no es exclusiva de expertos técnicos. Sin embargo, la capacidad de formular buenas preguntas, identificar problemas relevantes y evaluar soluciones sigue siendo profundamente humana.

Prototipar es una forma de pensar: implica aceptar que la primera versión no es la definitiva, que el error es parte del aprendizaje y que la mejora continua es esencial en cualquier proceso de innovación.

Incorporar el prototipado en la educación no solo fortalece la competencia digital, sino que promueve autonomía, colaboración y pensamiento crítico. En un entorno donde la tecnología evoluciona rápidamente, formar estudiantes capaces de experimentar y adaptar sus ideas es más importante que enseñar herramientas específicas que podrían cambiar en pocos años.

Prototipar hoy es preparar a los estudiantes para un mundo donde las ideas deben convertirse en soluciones con rapidez, pero también con responsabilidad.

La primera sesión del ciclo 2026 del espacio de conversaciones sobre inteligencia artificial en educación reunió a la comunidad docente para reflexionar sobre la relación entre programación, exploración tecnológica y desarrollo profesional. El invitado fue Andy García Peña, docente de la UPC y la Universidad Continental, emprendedor y consultor de innovación, quien compartió su experiencia aprendiendo programación desde cero y utilizando herramientas de IA para transformar su práctica docente. 

Durante la sesión, el expositor expuso el dilema que enfrentan muchos profesores: si aprender a programar es realmente un recurso potenciador o una inversión innecesaria en tiempos en que la inteligencia artificial genera código de manera automática. Para él, la respuesta no es absoluta. Mostró cómo distinguir entre el “by coding” orientado a prototipado rápido y el desarrollo asistido por IA responsable, que implica comprender la estructura del código y revisar lo generado por los modelos. Según comentó, dominar las bases del pensamiento computacional le permitió integrar herramientas de manera más sólida y creativa en sus cursos. 

El docente relató cómo la curiosidad lo llevó a experimentar con diversas plataformas, desde Google Sheets y Notion hasta entornos más complejos como Google Antigravity. Explicó su proceso para instalar, configurar y evaluar esta herramienta de desarrollo con agentes, así como las estrategias que aplicó para manejar riesgos, probar modelos y automatizar partes de su flujo de trabajo docente. Detalló también cómo utiliza Notebook LM junto con Antigravity para generar contenidos, sintetizar clases y optimizar la creación de materiales semanales. 

A partir de su experiencia, García Peña compartió ejemplos de cómo la programación había fortalecido su capacidad para diseñar actividades, integrar APIs, crear prototipos y combinar herramientas con metodologías como el design thinking y la gamificación. Este proceso, según indicó, contribuyó a que varias de sus propuestas fueran reconocidas como innovaciones educativas en instituciones donde enseña. Insistió en que aprender programación no implica volverse desarrollador, sino adquirir una lógica que permita entender, validar y guiar mejor el uso de la IA. 

La sesión concluyó con un intercambio entre docentes sobre evaluación, ética y la necesidad de elevar el nivel de curiosidad en el aula. Los participantes coincidieron en que la IA obliga a repensar las estrategias pedagógicas, promover procesos más reflexivos y fomentar experiencias donde los estudiantes produzcan, contrasten y expliquen, más allá de lo que un modelo generativo puede resolver. La conversación dejó claro que la exploración tecnológica sigue abriendo caminos para renovar la enseñanza en educación superior. 

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En el segundo semestre académico, un grupo de 75 estudiantes de la UPC decidió enfrentarse a un reto poco habitual: convertir sus propias dificultades académicas en oportunidades para innovar. Bajo el título “Tú experiencia + IA = soluciones con impacto”, 15 equipos trabajaron durante varias semanas en el diseño de agentes conversacionales orientados a mejorar la organización, el bienestar digital y los hábitos de estudio de la comunidad universitaria.

Más allá del despliegue técnico, lo interesante del desafío fue su punto de partida. Los estudiantes no debían imaginar un problema abstracto, sino tomar uno que ellos mismos hubieran vivido: distracciones digitales, sobrecarga académica, desorden en sus agendas o falta de tiempos de descanso. Desde allí, cada equipo comenzó a construir un asistente capaz de guiar, motivar y acompañar a otros alumnos que enfrentan situaciones similares.

Los prototipos abarcaron funciones variadas: desde chatbots que crean planes de estudio equilibrados hasta asistentes que bloquean distracciones y sugieren pausas activas cuando detectan periodos prolongados de concentración. También surgieron propuestas orientadas a ordenar pendientes, priorizar tareas y manejar fechas límite sin caer en el estrés acumulado. Si algo quedó claro, es que la IA puede ofrecer soluciones prácticas cuando se la piensa desde la experiencia cotidiana.

Una generación que ya no ve a la IA como un accesorio

Uno de los aspectos más comentados por los evaluadores fue el nivel de madurez con el que los estudiantes usaron la inteligencia artificial. En lugar de buscar respuestas automáticas, muchos equipos reflexionaron sobre cómo un agente conversacional puede aportar a la vida académica sin reemplazar decisiones humanas. Varios prototipos incorporaron recordatorios conscientes, recomendaciones para reducir el tiempo frente a pantallas y alertas para promover pausas saludables.

El ejercicio evidenció algo que está cambiando silenciosamente en las aulas: la IA ya no se percibe como una herramienta futurista, sino como un acompañante de aprendizaje. Diseñarla obliga a pensar en ética, bienestar digital y límites razonables, tres temas que se están volviendo esenciales en la formación universitaria actual.

Un jurado con miradas complementarias

Las propuestas fueron evaluadas por un jurado compuesto por especialistas en experiencia estudiantil, educación superior y psicología:

  • Jose Castillo Coila, Gerente de Experiencia al Estudiante – Laureate Perú
  • Valery Ochoa Perdomo, docente e investigadora
  • Flor Barrenechea Obregón, psicóloga y docente
  • Silvana Balarezo Perea, Gerente de Experiencias de Aprendizaje Digital

Su participación permitió observar las iniciativas desde ángulos distintos: pertinencia pedagógica, impacto emocional, calidad de la interacción y potencial de implementación.

jurado 2025 club apptitud

Los equipos ganadores

Tras la ronda de presentaciones, tres equipos destacaron por su claridad conceptual y su capacidad de traducir problemas personales en soluciones concretas:

Primer lugar – Equipo 15
Arbirio Piscoya, Danna
Huamanchaqui Tuesta, Kiara Daniela
Sánchez Salcedo, Estefany Nicol
Solano Rondinel, Rodrigo

Segundo lugar – Equipo 21
Felipe D’alessandro Meza Cajavilca
Brando Jeanpiere Guevara Gamonal
Joaquin Alexander Gutierrez Cabrejos

Tercer lugar – Equipo 10
Adrian Enrique Palomino Arguedas
Filio Meza, Mirella Heiceld
Christian Alonso Mendez Sandoval
Diego Moises Herrera Garcia
Luz Clarita Aguila Arone

Una mirada final: pequeños problemas, grandes ideas

Al observar el conjunto del reto, queda una impresión clara: los estudiantes no solo aprendieron a crear agentes de IA, sino a mirarse a sí mismos con más atención. La mayoría de proyectos responde a inquietudes que muchas veces pasan desapercibidas en la vida universitaria: agotamiento digital, mala gestión del tiempo o dificultad para priorizar. Traducir esas experiencias en soluciones tecnológicas es, en cierto modo, una forma de cuidado mutuo. Desde afuera, este tipo de iniciativas muestra el potencial de una generación que combina creatividad con sensibilidad. No buscan “hacer tecnología por hacerla”, sino herramientas que tengan sentido en su vida real. Y quizá allí, entre agendas, recordatorios y pausas activas, esté el verdadero aporte del reto: recordar que la IA puede ser útil cuando ayuda a vivir y estudiar con un poco más de equilibrio.

En la reunión de este viernes, Víctor Omar Vite León (UPC) presentó la evolución de un proyecto que comenzó como tesis y hoy reorienta su foco para comprender cómo integrar la IA en la enseñanza de la investigación, a partir de evidencias recogidas con estudiantes de Comunicación Audiovisual y Medios Interactivos. El punto de partida contrastó percepciones: 88% del profesorado que usa IA en docencia declara un uso mínimo-moderado, mientras 80% del alumnado considera que la IA universitaria no satisface sus expectativas; este desajuste motivó el estudio sobre satisfacción y uso de IA en tareas de investigación.  

El equipo trabajó con un curso (“Taller de Televisión Interactiva”) y un diseño cualitativo de corte etnográfico durante cuatro meses, con 17 estudiantes y entrevistas en profundidad a ocho voluntarios; los datos se analizaron temáticamente con apoyo de herramientas de IA. Se emplearon ChatGPT, SciSpace y Pinpoint para apoyar fases como revisión de literatura, delimitación del problema y análisis. El marco teórico se centró en autoeficacia (Bandura), compromiso académico (Ochoa) y participación (Carpentier) para observar el impacto de la IA en la experiencia estudiantil.  

Desde el rediseño pedagógico, Vite articula el modelo TPACK con un énfasis tecnológico muy concreto: ingeniería de prompts como competencia instrumental para operar con LLM en investigación cualitativa. Se sistematizaron fases del proceso investigativo (del problema a la redacción) y se modelaron actividades de andamiaje (p. ej., lluvia de ideas por emisor-medio-mensaje-receptor) para avanzar de problemas próximos a problemas disciplinares complejos.  

Los resultados reportados indican que la IA funcionó como fuente de motivación, aumentó la confianza y la eficacia para abordar tareas, organizó información y liberó tiempo para dimensiones creativas; también emergieron preocupaciones por dependencia, barreras idiomáticas, costos y curva de aprendizaje. Con todo, el equipo reconoce límites del estudio (muestra pequeña) y propone ampliar contextos y métodos.  

La discusión enfatizó crear “espacios seguros” donde el uso de IA sea transparente y declarativo, evitando lógicas punitivas y aprovechando la herramienta como objeto de reflexión sobre calidad, atribución y ética. Para materializar el pensamiento crítico en prácticas verificables, se propusieron cuatro verbos operativos (Codina): verificar, evaluar, atribuir y editar; además, se sugirió adoptar el decálogo de transparencia de Daniel Craig y concebir la alfabetización como multimodal (texto, imagen, código).  

Como proyección, el piloto ya escala hacia cursos de investigación de la carrera, manteniendo la combinación TPACK-prompts y abriendo posibilidades interdisciplinarias (p. ej., uso de videojuegos o entornos como Minecraft/Roblox para estudiar autoeficacia, compromiso y participación).  

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