La sesión de la Comunidad IA del 25 de septiembre retomó la discusión sobre la evaluación auténtica en tiempos de inteligencia artificial, con la participación de Manuel Sotomayor. La conversación se concentró en un desafío que adquiere mayor relevancia ante el avance de la IA generativa y agéntica: cómo diseñar evaluaciones capaces de evidenciar el aprendizaje cuando un producto académico de calidad ya no permite conocer, por sí solo, el proceso seguido por el estudiante. 

Uno de los puntos abordados fue la necesidad de pasar de una lógica centrada en la vigilancia tecnológica hacia el rediseño de la evaluación. Durante la sesión se revisó un reporte reciente del MIT sobre inteligencia artificial y enseñanza, presentado como referencia para analizar este cambio. Entre los aspectos comentados estuvieron la importancia de situar a las personas y el aprendizaje en el centro, fortalecer el rol formativo del docente, reconocer que no existe una única respuesta aplicable a todas las disciplinas y priorizar el uso de la IA para potenciar capacidades antes que automatizar indiscriminadamente los procesos educativos. 

Desde esta perspectiva, la evaluación requiere desplazar parte de la atención del producto final hacia el proceso de aprendizaje. Un ensayo, informe u otro entregable puede alcanzar un alto nivel de calidad con apoyo de herramientas de IA, pero esto no necesariamente permite identificar cuánto comprendió o desarrolló el estudiante. Por ello, se planteó la necesidad de hacer visible el itinerario seguido: las alternativas consideradas, las decisiones adoptadas, aquello que fue descartado y las razones detrás de cada elección. También resulta relevante reconocer qué aportó la IA y cómo sus respuestas fueron evaluadas, adaptadas o incorporadas por el estudiante. 

La sesión presentó algunas estrategias para trasladar este enfoque a la práctica. Entre ellas se mencionaron los videos individuales o grupales en los que los estudiantes explican y discuten su proceso de trabajo, así como actividades orientadas a justificar decisiones y contrastar perspectivas. Estas evidencias permiten observar dimensiones que difícilmente aparecen en un producto terminado, como el involucramiento, la argumentación, la coherencia, el criterio para seleccionar información y la apropiación de las ideas. La propuesta no busca excluir la IA, sino incorporarla como un andamiaje explícito dentro de una experiencia diseñada para promover el aprendizaje. 

Como ejemplo, Sotomayor explicó la evolución de su curso de pensamiento crítico, en el que los estudiantes trabajan con dilemas desde diferentes perspectivas antes de asumir y argumentar individualmente una posición. La IA puede apoyar la búsqueda y el contraste de información, mientras que las discusiones grupales, los videos y la argumentación individual permiten observar cómo cada estudiante comprende, analiza y construye su postura. De este modo, la evaluación no se limita a determinar la calidad formal del resultado, sino que incorpora evidencias sobre el razonamiento desarrollado durante el proceso. 

La conversación cerró con una idea transversal: ante sistemas de IA cada vez más capaces, la respuesta educativa no pasa únicamente por detectar o restringir su uso. El desafío está en rediseñar las rutas de aprendizaje y las evaluaciones para hacer visibles la reflexión, la metacognición y la toma de decisiones del estudiante. Esto también supone revisar qué tareas pueden delegarse a la tecnología y cuáles requieren mantener una participación humana directa, especialmente en procesos docentes como la retroalimentación y la certificación del aprendizaje. 

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La sesión de la Comunidad IA de la UPC del 18 de septiembre abordó el debate sobre los límites que podrían establecerse al uso de la inteligencia artificial en la educación escolar. La exposición estuvo a cargo de Gianfranco Mejía Trujillo, abogado especializado en regulación y director del Programa de Regulación de IA de la UPC, quien presentó aportes técnicos y jurídicos para analizar las distintas alternativas regulatorias. Su planteamiento partió de una premisa: antes de optar por una prohibición o una adopción irrestricta de estas tecnologías, es necesario examinar la evidencia disponible y las características de cada contexto educativo.  

Uno de los puntos revisados fue la aparición de restricciones al uso de inteligencia artificial en sistemas escolares de distintos países y jurisdicciones. El expositor señaló que estas medidas no siguen un único modelo: algunas plantean restricciones amplias, mientras otras proponen incorporaciones progresivas según la edad y el nivel educativo. Como antecedente histórico, recordó que debates semejantes acompañaron en décadas anteriores la introducción de las calculadoras en las escuelas, lo que permite observar que la incorporación de nuevas tecnologías suele generar preguntas sobre su impacto en el aprendizaje y la autonomía del estudiante. 

La discusión también se concentró en los riesgos asociados al uso de modelos de lenguaje por niños y adolescentes. A partir de investigaciones revisadas durante la sesión, se identificaron asuntos relacionados con la integridad académica, el bienestar psicológico, el aislamiento social, la privacidad, la brecha digital y, de manera especial, el desarrollo de la autonomía y el pensamiento crítico. Mejía advirtió, además, que todavía existe poca evidencia experimental enfocada específicamente en población infantil, una limitación que dificulta sustentar decisiones regulatorias únicamente en resultados técnicos consolidados. 

Desde la perspectiva jurídica, se analizaron derechos que podrían verse involucrados en el uso de inteligencia artificial por menores de edad, entre ellos el derecho a la educación, la no discriminación, la privacidad y la autonomía. Asimismo, el expositor explicó que el marco peruano ya contempla obligaciones para determinados sistemas de IA empleados en educación, especialmente cuando intervienen en procesos como evaluaciones, resultados de aprendizaje o identificación de comportamientos durante un examen. En estos casos, destacó la necesidad de capacitación humana para supervisar, corregir o validar los resultados generados por estos sistemas. 

Frente a los extremos de una prohibición general y una utilización sin restricciones, la sesión puso sobre la mesa un modelo gradual. La propuesta discutida considera que el grado de acceso a la IA podría variar según la edad, los objetivos formativos y el nivel de autonomía de los estudiantes: desde usos altamente supervisados en las primeras etapas hasta una integración más amplia en niveles avanzados. Durante el intercambio posterior, los participantes añadieron que una regulación de este tipo debería apoyarse en evidencia, criterios pedagógicos y mecanismos de gobernanza que involucren a docentes, instituciones educativas y familias. 

El diálogo final reforzó una idea transversal: la discusión sobre inteligencia artificial en educación no puede reducirse a la cantidad de herramientas incorporadas en las aulas. Los participantes señalaron la necesidad de revisar cómo se diseñan las experiencias de aprendizaje, qué capacidades se busca desarrollar y de qué manera la tecnología contribuye —o interfiere— en ese proceso. En ese marco, la regulación aparece no solo como un asunto tecnológico o jurídico, sino como una oportunidad para reconsiderar el papel de la pedagogía, el pensamiento crítico y la formación responsable de los estudiantes. 

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En la sesión de la Comunidad IA del 11 de septiembre, Jack J. Ávila Velásquez, coordinador de línea de Estructura y Función de la carrera de Medicina de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, presentó su experiencia en el diseño de cursos por competencias con apoyo de inteligencia artificial. A partir de cursos vinculados con el sistema nervioso para Enfermería, Terapia Física y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, explicó cómo herramientas como ChatGPT y Gemini pueden acompañar distintas etapas del diseño educativo sin sustituir el criterio docente.  

La propuesta parte del logro establecido para cada curso y de las competencias que corresponde desarrollar en cada carrera. Desde ese punto, la IA funciona como un copiloto para organizar bibliografía, estructurar unidades y formular logros de aprendizaje para las sesiones. Ávila destacó la incorporación de criterios de éxito que explicitan qué elementos debe manejar el estudiante para argumentar, sustentar o resolver una actividad, lo que permite mantener una relación más clara entre los aprendizajes esperados y la evaluación.  

Esta alineación también se traslada al sistema de evaluación. Los cuestionarios, análisis de casos, rúbricas y preguntas de opción múltiple se diseñan a partir de los logros definidos y se contextualizan según la futura práctica profesional de los estudiantes. De esta manera, un mismo campo de conocimiento puede abordarse de forma distinta según la carrera: mientras en Terapia Física y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte se enfatiza el control del movimiento, en Enfermería el curso incorpora la respuesta del paciente a la enfermedad y el proceso de atención de enfermería. 

La inteligencia artificial también interviene en la preparación de actividades y recursos para una metodología de clase invertida. Mapas mentales, infografías, textos introductorios, audios, videos y resúmenes se elaboran tomando como referencia los logros generales y específicos de cada sesión. La experiencia presentada mostró que estos materiales pueden ofrecer distintas formas de aproximarse al contenido, aunque requieren revisión docente, pues las herramientas pueden producir errores o representaciones que necesitan ser corregidas antes de llegar al aula.  

Otro componente del diseño es la metacognición. Las sesiones incorporan cuestionarios de entrada, análisis de casos y una reflexión final en la que los estudiantes revisan qué aprendieron, qué aspectos necesitan mejorar y qué metas se proponen para las siguientes clases. En el aula virtual, los logros y criterios de éxito se muestran de manera explícita para orientar el estudio y ayudar a que el estudiante identifique con mayor precisión qué conocimientos debe comprender e integrar.  

Durante el diálogo con la comunidad, Ávila señaló que el uso de IA ha reducido el tiempo requerido para organizar y revisar un curso, además de ofrecer una segunda mirada durante el proceso de diseño. Sin embargo, también remarcó la necesidad de cuestionar sus recomendaciones, establecer límites y decidir cuándo una propuesta resulta pertinente. La experiencia compartida plantea así un uso de la inteligencia artificial orientado a contextualizar el aprendizaje, articular competencias y práctica profesional, y ampliar los recursos disponibles para los estudiantes bajo supervisión docente.  

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La sesión de la Comunidad IA del 4 de septiembre abordó uno de los retos que enfrenta actualmente la educación superior: cómo evaluar el aprendizaje cuando el uso de inteligencia artificial generativa forma parte de las prácticas habituales de los estudiantes. Manuel Sotomayor, psicólogo del aprendizaje e invitado de la jornada, planteó que el debate debe desplazarse desde la vigilancia y la detección del uso de IA hacia el rediseño de las evaluaciones y la búsqueda de evidencias más confiables sobre lo que los estudiantes comprenden, razonan y son capaces de hacer.  

Durante la presentación se revisaron estudios recientes y experiencias universitarias que muestran las limitaciones de intentar “blindar” los exámenes mediante sistemas de supervisión, detectores de contenido generado por IA o controles tecnológicos cada vez más complejos. Sotomayor utilizó, entre otros ejemplos, un caso de evaluación virtual de admisión para mostrar cómo estas medidas pueden resultar insuficientes frente a las nuevas posibilidades tecnológicas. Desde esta perspectiva, la pregunta deja de ser cómo impedir que los estudiantes utilicen IA y pasa a ser qué evidencia de aprendizaje permanece cuando su uso ya puede asumirse como parte del entorno educativo. 

Esta discusión se relacionó con dos formas distintas de delegar tareas a la tecnología. El offloading permite trasladar actividades que representan una carga secundaria para un determinado objetivo de aprendizaje, como ordenar información, revisar aspectos formales o apoyar determinadas tareas operativas. El outsourcing, en cambio, ocurre cuando se delegan procesos que el estudiante necesita desarrollar por sí mismo, como formular argumentos, establecer juicios, analizar problemas o construir hipótesis. La diferencia resulta relevante porque una misma herramienta puede actuar como apoyo al aprendizaje o sustituir procesos cognitivos que deberían ser ejercitados por el estudiante. 

Otro eje de la sesión fue la metacognición. Más que concentrarse únicamente en el producto final —un ensayo, una respuesta o una presentación—, la evaluación puede hacer visible el recorrido intelectual seguido para llegar a ese resultado. Preguntar por qué se tomó una decisión, cómo cambió una interpretación o qué criterios permitieron sostener una posición ofrece información que difícilmente puede obtenerse observando solo el producto. Desde la noción de andamiaje vinculada con Vygotsky, la IA puede ampliar las posibilidades de aprendizaje cuando acompaña al estudiante sin reemplazar la construcción de sus propios esquemas de pensamiento. 

Entre las alternativas planteadas aparecieron los videos sin guion, las discusiones grupales centradas en la toma de decisiones y los itinerarios cognitivos que permiten reconstruir cómo una persona llegó a determinada conclusión. A escala institucional, Sotomayor propuso pensar en dos carriles complementarios: evaluaciones con altos niveles de confiabilidad para el aseguramiento del aprendizaje y espacios más abiertos en los cursos, donde docentes y estudiantes puedan utilizar IA bajo criterios pedagógicos y con énfasis en el proceso. El intercambio final reforzó esta idea al señalar que el desafío no depende únicamente de modificar la evaluación: también requiere revisar el diseño de las experiencias de aprendizaje y fortalecer la capacidad docente para formular preguntas que promuevan reflexión, argumentación y pensamiento propio.

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La sesión de la Comunidad IA del 28 de agosto puso por primera vez en el centro de la conversación la perspectiva de los estudiantes sobre el uso de la inteligencia artificial en la educación. Luis Ibazeta, docente del curso de Gestión de Proyectos, presentó la experiencia desarrollada junto con estudiantes de carreras de negocios, quienes explicaron cómo incorporaron herramientas de IA generativa para diseñar soluciones digitales orientadas a problemas concretos. 

Stefanny Moreno presentó Beca Match, una propuesta creada para facilitar la búsqueda y postulación a becas. La plataforma busca centralizar convocatorias, analizar el perfil de los estudiantes y recomendar oportunidades compatibles, además de ofrecer acompañamiento durante el proceso. En su desarrollo, el equipo utilizó inteligencia artificial para crear código, conectar herramientas mediante Apps Script, GS y HTML, e integrar un agente basado en Gemini capaz de responder consultas de manera dinámica.

Por su parte, Diana Burga expuso Laboranding.pe, una plataforma concebida para preparar a estudiantes y recién egresados frente a entrevistas laborales. El proyecto plantea simulaciones personalizadas con inteligencia artificial, retroalimentación automática, análisis del currículum y seguimiento del desempeño. Para estructurar la propuesta, el equipo recurrió a Scrum y utilizó la IA como apoyo para definir historias de usuario, tareas, roles y requerimientos. El prototipo de interfaz fue desarrollado en Figma. 

Las experiencias mostraron que el uso de estas tecnologías ya no se limita a estudiantes de ingeniería o programación. Ambas expositoras explicaron que la IA les permitió aproximarse a conceptos técnicos, explorar herramientas de otras disciplinas y organizar procesos que antes requerían conocimientos especializados. También señalaron que su uso académico ha evolucionado: pasó de servir como buscador o herramienta de síntesis a convertirse en un recurso para estudiar, prototipar, automatizar tareas y desarrollar proyectos. 

Otro punto abordado fue la necesidad de documentar el uso de la inteligencia artificial dentro de los trabajos académicos. Registrar consultas, organizar conversaciones y transparentar la participación de estas herramientas permitió a las estudiantes revisar con mayor claridad su propio proceso de aprendizaje. La conversación también incluyó aspectos vinculados con integridad académica, citación, seguridad de los productos digitales y la importancia de contar con conocimiento especializado cuando una solución requiere mayor nivel técnico. 

La sesión cerró con una reflexión sobre el papel docente ante un escenario en el que los estudiantes incorporan la IA con rapidez. Más que restringir su uso, el desafío planteado consiste en acompañar a los estudiantes para que evalúen las respuestas obtenidas, reconozcan posibles sesgos y desarrollen pensamiento crítico. La experiencia compartida sugiere que integrar la inteligencia artificial a proyectos vinculados con necesidades reales puede ampliar las posibilidades de aprendizaje, siempre que su uso sea responsable, documentado y sujeto a revisión.

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La Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) fue escenario del prelanzamiento de la Red EvidencIA con el encuentro “El futuro de la educación en la era de la IA”, una jornada que reunió a representantes del sector educativo, académico, investigación, entidades gubernamentales y empresas para reflexionar sobre los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial en la educación.

La jornada inició con las palabras de bienvenida de Milagros Morgan, rectora de la UPC, quien destacó la importancia de generar espacios de diálogo y reflexión frente a los cambios que la inteligencia artificial viene impulsando en la educación.

Posteriormente, Ezequiel Molina, representante del Banco Mundial, presentó EvidencIA, la Red Latinoamericana de IA y Aprendizaje, una iniciativa que busca promover el diálogo, la colaboración y el intercambio de conocimiento sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación y el aprendizaje.

El encuentro continuó con un panel moderado por Jorge Bossio, que reunió a destacados representantes del ámbito educativo, empresarial y de investigación: Marcela Benavides, presidenta de Empresarios por la Educación; Paul Neira, de The Learning Factory; Lucía Acurio, de Grupo Edutec; Andreas Blom, del Banco Mundial; Patricia Stuart, rectora de la Universidad de Lima; y Santiago Cueto, investigador principal de GRADE.

Desde sus distintas experiencias y perspectivas, los panelistas dialogaron sobre el impacto de la IA en el aprendizaje, el rol de los docentes y las transformaciones que enfrenta el sistema educativo ante el avance de estas tecnologías.

Como parte de la jornada, los asistentes recibieron “El Director Libre”, una publicación del Banco Mundial que aborda el potencial de la inteligencia artificial para apoyar la gestión educativa.

Más allá de las herramientas y tecnologías, el encuentro permitió reflexionar sobre cómo queremos construir el futuro de la educación en la era de la inteligencia artificial, compartiendo experiencias y nuevas perspectivas sobre los cambios que ya están transformando la manera de enseñar y aprender. Espacios como la Red EvidencIA son clave para impulsar una conversación colaborativa, crítica y con el aprendizaje en el centro.

La sesión de la Comunidad IA del 21 de agosto abordó la creación de contenidos educativos mediante inteligencia artificial, con énfasis en el uso de Midjourney para producir imágenes y videos. Daniel Flores Bueno y Pablo Cárdenas Garaycochea plantearon el tema desde una preocupación docente concreta: cómo incorporar estas tecnologías en las estrategias de enseñanza y convertirlas en recursos que faciliten la comunicación de conceptos y conocimientos en formatos audiovisuales. 

Durante la demostración, Flores explicó un flujo de trabajo dividido en tres etapas. La preproducción parte de un contenido elaborado previamente —como un artículo, una reseña o un texto académico— que puede transformarse con ChatGPT en un guion y en instrucciones para generar imágenes. En la fase de producción, estos prompts se trasladan a Midjourney para crear distintas alternativas visuales, modificarlas y, posteriormente, animarlas hasta convertirlas en secuencias breves de video. 

La sesión también mostró las funciones de exploración y creación de Midjourney. La herramienta permite revisar imágenes desarrolladas por otros usuarios, recuperar sus prompts como referencia y producir nuevas variantes según las necesidades del docente. Otra posibilidad consiste en cargar imágenes propias para modificar determinados elementos o generar animaciones. Este procedimiento permite elaborar representaciones visuales asociadas con temas históricos, autores, conceptos o materiales previamente utilizados en clase. 

Uno de los aspectos revisados fue la necesidad de complementar Midjourney con otras aplicaciones. Los expositores señalaron que la generación automática de texto dentro de las imágenes todavía puede presentar errores ortográficos o alteraciones en las palabras. Ante ello, propusieron editar previamente los elementos textuales mediante herramientas como Photoshop y utilizar programas como Premiere o Canva para organizar las secuencias, incorporar la locución y realizar el ensamblaje final del video. 

La conversación se amplió con los aportes de los participantes. Pedro Córdova compartió su experiencia utilizando un GPT especializado en Midjourney para sistematizar la construcción de prompts y mencionó la integración con herramientas de generación de voz, video y avatares. Estas experiencias reforzaron una idea desarrollada durante la reunión: la creación audiovisual con IA puede ayudar a representar conceptos abstractos y ofrecer nuevas formas de aproximación a contenidos que requieren mayor contextualización. 

Finalmente, Flores y Cárdenas presentaron La máquina que aprende, un proyecto orientado a promover la reflexión sobre la relación entre inteligencia artificial y educación. Desde esta perspectiva, la producción de videos no fue planteada como sustituto de la lectura o del análisis académico, sino como un recurso capaz de introducir temas, despertar curiosidad y conducir a los estudiantes hacia procesos de comprensión más amplios. La sesión dejó así una mirada aplicada sobre la IA generativa: experimentar con las herramientas, evaluar sus posibilidades y limitaciones, y vincular su uso con propósitos educativos definidos. 

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El pasado 11 de agosto, la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), campus San Miguel, fue escenario del Encuentro Nacional de Universidades 2026 de MetaRed TIC Perú, una jornada que reunió a representantes y autoridades de instituciones de educación superior del país para compartir avances, dialogar sobre los principales desafíos del sector y construir propuestas orientadas a fortalecer la transformación digital de la educación superior peruana.

Bajo el lema “Conectando capacidades, creando futuro”, el encuentro tuvo como eje central el fortalecimiento de la comunidad que integra MetaRed TIC Perú y la generación de nuevas oportunidades de colaboración entre sus grupos de trabajo.

Durante la jornada se presentaron las principales líneas estratégicas de MetaRed TIC, así como los resultados alcanzados durante el periodo 2025-2026 y los proyectos previstos para el periodo 2026-2027.

La apertura estuvo a cargo de la Dra. Milagros Morgan, Rectora de la UPC y Presidenta de MetaRed TIC Perú, quien destacó la importancia de seguir articulando esfuerzos entre las universidades para responder a los desafíos que plantea la transformación digital en la educación superior.

Asimismo, Jorge Bossio, Secretario Ejecutivo de MetaRed TIC Perú, presentó los principales resultados del periodo 2025-2026 y los proyectos previstos para el siguiente periodo.

El encuentro contó con la participación de diversas autoridades académicas y representantes de universidades del país. Entre ellas estuvieron Jeri Ramón, Rectora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Christina Saksanian, Rectora de la Universidad Continental y Julio César del Valle Ballón, Rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre otras autoridades que se sumaron a este espacio de diálogo y colaboración.

Uno de los momentos centrales fueron las mesas de trabajo de los siete grupos que conforman MetaRed TIC Perú, donde los participantes compartieron experiencias, identificaron desafíos comunes y plantearon iniciativas para fortalecer la colaboración entre las instituciones de educación superior.

El Encuentro MetaRed TIC 2026 reafirmó la importancia de generar espacios de colaboración entre las universidades para compartir conocimientos, experiencias y buenas prácticas frente a los desafíos de la transformación digital.
Estos encuentros permiten conectar capacidades, fortalecer vínculos y construir una visión conjunta para impulsar una educación superior más innovadora y preparada para el futuro.

La sesión de la Comunidad IA del 7 de agosto abordó una experiencia de enseñanza que integra inteligencia artificial, escritura manual y acompañamiento docente en cursos universitarios de normas contables. Omar Larios, docente e investigador de la UPC, presentó una metodología desarrollada a partir de las dificultades que enfrentan los estudiantes para comprender conceptos técnicos y aplicar la normativa contable. La propuesta surgió inicialmente como una experiencia de aula y actualmente se encuentra en proceso de sistematización para una investigación académica.  

La metodología combina distintas etapas de aprendizaje. Durante las clases presenciales, los estudiantes toman apuntes a mano, desarrollan casos prácticos junto con el docente e identifican los conceptos y normas asociados a cada ejercicio. Posteriormente, utilizan dispositivos móviles y herramientas de inteligencia artificial para consultar definiciones, reformular conceptos y comprender términos especializados. Las respuestas obtenidas mediante IA también deben registrarse de forma manuscrita y expresarse con palabras propias, con el propósito de favorecer la lectura, la comprensión y el procesamiento de la información. 

La propuesta toma como referencia enfoques relacionados con la taxonomía de Bloom, el aprendizaje significativo, la carga cognitiva y los niveles de procesamiento de la información. Dentro de este esquema, la escritura manual cumple una función complementaria al uso de tecnologías digitales: no se busca excluir los dispositivos, sino establecer momentos diferenciados para cada recurso. Asimismo, la participación estudiantil tiene un peso relevante dentro de la evaluación del curso y considera aspectos como la asistencia, el seguimiento de las actividades, el desarrollo de los casos y la justificación de las decisiones a partir de la normativa. 

Un componente destacado de la experiencia es el uso crítico de la inteligencia artificial. Los estudiantes reciben indicaciones para contrastar las respuestas generadas por estas herramientas con las normas contables disponibles en el aula virtual, debido a que pueden presentar información incorrecta o referencias normativas que no corresponden. Esta práctica incorpora la verificación de fuentes como parte del aprendizaje y sitúa al estudiante como responsable de evaluar la validez de la información antes de utilizarla en sus trabajos. 

Los resultados preliminares presentados durante la sesión muestran incrementos en las tasas de aprobación en los dos cursos donde se aplicó la metodología. En Contabilidad Avanzada, el porcentaje de estudiantes aprobados pasó de 71 % a 85 %, mientras que en otro curso de normas contables aumentó de 68 % a 79 %. Además, una encuesta realizada a 229 estudiantes mostró una percepción favorable sobre la comprensión de los contenidos. Durante el intercambio posterior, los participantes señalaron la necesidad de continuar examinando variables que permitan distinguir la influencia de la metodología frente a otros factores y evitar interpretar relaciones estadísticas como evidencia causal antes de completar la investigación. 

La discusión también permitió revisar aspectos metodológicos como los criterios de evaluación, el papel de la interacción presencial y el modelo de ecuaciones estructurales que se encuentra en desarrollo. Larios explicó que la investigación considera como variable independiente la enseñanza presencial asistida por IA, articulada mediante la interacción docente-estudiante, la resolución manuscrita de casos y el uso de dispositivos móviles, mientras que el aprendizaje de las normas contables constituye la variable dependiente. La experiencia plantea así una aproximación en la que tecnologías digitales y prácticas analógicas pueden complementarse, siempre que su uso responda a objetivos de aprendizaje y mantenga espacios para la verificación, la reflexión y el pensamiento crítico.

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