La sesión de la Comunidad IA del 4 de septiembre abordó uno de los retos que enfrenta actualmente la educación superior: cómo evaluar el aprendizaje cuando el uso de inteligencia artificial generativa forma parte de las prácticas habituales de los estudiantes. Manuel Sotomayor, psicólogo del aprendizaje e invitado de la jornada, planteó que el debate debe desplazarse desde la vigilancia y la detección del uso de IA hacia el rediseño de las evaluaciones y la búsqueda de evidencias más confiables sobre lo que los estudiantes comprenden, razonan y son capaces de hacer.
Durante la presentación se revisaron estudios recientes y experiencias universitarias que muestran las limitaciones de intentar “blindar” los exámenes mediante sistemas de supervisión, detectores de contenido generado por IA o controles tecnológicos cada vez más complejos. Sotomayor utilizó, entre otros ejemplos, un caso de evaluación virtual de admisión para mostrar cómo estas medidas pueden resultar insuficientes frente a las nuevas posibilidades tecnológicas. Desde esta perspectiva, la pregunta deja de ser cómo impedir que los estudiantes utilicen IA y pasa a ser qué evidencia de aprendizaje permanece cuando su uso ya puede asumirse como parte del entorno educativo.
Esta discusión se relacionó con dos formas distintas de delegar tareas a la tecnología. El offloading permite trasladar actividades que representan una carga secundaria para un determinado objetivo de aprendizaje, como ordenar información, revisar aspectos formales o apoyar determinadas tareas operativas. El outsourcing, en cambio, ocurre cuando se delegan procesos que el estudiante necesita desarrollar por sí mismo, como formular argumentos, establecer juicios, analizar problemas o construir hipótesis. La diferencia resulta relevante porque una misma herramienta puede actuar como apoyo al aprendizaje o sustituir procesos cognitivos que deberían ser ejercitados por el estudiante.
Otro eje de la sesión fue la metacognición. Más que concentrarse únicamente en el producto final —un ensayo, una respuesta o una presentación—, la evaluación puede hacer visible el recorrido intelectual seguido para llegar a ese resultado. Preguntar por qué se tomó una decisión, cómo cambió una interpretación o qué criterios permitieron sostener una posición ofrece información que difícilmente puede obtenerse observando solo el producto. Desde la noción de andamiaje vinculada con Vygotsky, la IA puede ampliar las posibilidades de aprendizaje cuando acompaña al estudiante sin reemplazar la construcción de sus propios esquemas de pensamiento.
Entre las alternativas planteadas aparecieron los videos sin guion, las discusiones grupales centradas en la toma de decisiones y los itinerarios cognitivos que permiten reconstruir cómo una persona llegó a determinada conclusión. A escala institucional, Sotomayor propuso pensar en dos carriles complementarios: evaluaciones con altos niveles de confiabilidad para el aseguramiento del aprendizaje y espacios más abiertos en los cursos, donde docentes y estudiantes puedan utilizar IA bajo criterios pedagógicos y con énfasis en el proceso. El intercambio final reforzó esta idea al señalar que el desafío no depende únicamente de modificar la evaluación: también requiere revisar el diseño de las experiencias de aprendizaje y fortalecer la capacidad docente para formular preguntas que promuevan reflexión, argumentación y pensamiento propio.
¿Te gustaría participar activamente en la Comunidad IA en Educación?
Si quieres ser parte de nuestras sesiones virtuales y contribuir a este espacio de aprendizaje e intercambio, completa el siguiente formulario. Así podremos conocerte mejor y enviarte el enlace para unirte a las reuniones en vivo: https://forms.office.com/r/6nCJ4wtVaS
Mira el video completo de la sesión:




