Por: Jorge Ramírez Aguilar

En un contexto donde la inteligencia artificial transforma de manera acelerada la enseñanza, la investigación y la gestión universitaria, surge una pregunta esencial: ¿cómo garantizar que su uso respete los valores humanos y educativos que sustentan nuestras instituciones? La ética de la IA no es solo un campo de estudio técnico, sino un pilar que define el futuro de la educación superior: formar profesionales capaces de comprender, evaluar y aplicar tecnologías con responsabilidad social, transparencia y justicia.

Con esa convicción, se ofreció en agosto el curso “Ética de la Inteligencia Artificial”, dirigido a docentes de la UPC. La iniciativa combinó marcos teóricos con análisis de casos reales, buscando promover una reflexión profunda sobre los dilemas éticos que surgen al integrar la IA en la práctica educativa.

Durante cuatro sesiones sincrónicas se abordaron temas como la responsabilidad algorítmica, la justicia y transparencia en los sistemas automatizados, los riesgos de sesgos y vigilancia, y el impacto de la IA en la integridad académica y la autoría en la era digital.

El curso también introdujo el concepto de postplagio, un cambio de paradigma que propone pasar de la vigilancia a la formación ética, promoviendo comunidades de aprendizaje basadas en la confianza, la autorregulación y la reflexión crítica sobre la coautoría humano-máquina.

La experiencia generó un alto nivel de satisfacción entre los participantes, quienes destacaron la pertinencia del tema y la oportunidad de debatir sobre dilemas reales que ya enfrentan en sus aulas. Las discusiones fueron dinámicas y enriquecedoras, impulsando el intercambio de perspectivas entre docentes de distintas disciplinas y fortaleciendo el sentido de comunidad académica frente a los desafíos de la era digital.

Para la UPC, esta experiencia reafirma su compromiso con una transformación educativa centrada en el pensamiento crítico, la integridad y el uso responsable de la tecnología, pilares indispensables para afrontar los desafíos éticos y pedagógicos de la inteligencia artificial.

En la sesión del viernes 26 de septiembre, Lea Sulmont e Ysabel Rosales, docentes de la Facultad de Educación de la UPC presentaron una experiencia de aula donde estudiantes de séptimo ciclo diseñaron asistentes conversacionales para apoyar la planificación por competencias en educación inicial y primaria. El punto de partida fue un diagnóstico claro: planificar bajo enfoque de competencias demanda tiempo y genera sobrecarga documental; por ello, se optó por explorar usos pedagógicos de la IA generativa con base de conocimiento alineada al Currículo Nacional.  

El trabajo se desarrolló durante seis semanas, en modalidad presencial y con metodología de aprendizaje por retos. Los equipos integraron pensamiento computacional para comprender el funcionamiento de los modelos, cuidaron la curaduría de contenidos y siguieron un proceso en cinco fases con enfoques ágiles; cada estudiante construyó su propio asistente y luego se seleccionó la mejor versión mediante una dinámica de evaluación comparativa.  

El producto final fue una colección de siete asistentes “EduIA”, uno por cada grado desde inicial hasta sexto, accesibles en una interfaz unificada mediante Poe; se eligió esta plataforma por su facilidad de compartir y se combinaron otros modelos en el flujo de trabajo. Los prototipos se ajustaron al contexto de cada institución (p. ej., enfoques artísticos o humanistas) y operaron con requisitos explícitos de entrada (contexto, logro, evidencias) para generar propuestas de sesiones.  

La experiencia se alineó con el Currículo Nacional (31 competencias) y puso énfasis en la competencia 28, que promueve el desempeño en entornos virtuales. El asistente se concibió como apoyo para transversalizar competencias, adaptar estándares por grado y articular enfoques transversales, reduciendo tiempo en búsqueda y organización de insumos para el diseño de experiencias.  

Entre los resultados reportados se señaló un ahorro significativo de tiempo y mayor claridad en la planificación, junto con el desarrollo de una ciudadanía digital responsable y discusiones éticas sobre el rol docente frente a la IA. La implementación incluyó políticas de protección de datos en el ecosistema digital propuesto, y se buscó la transferibilidad de los asistentes a escuelas públicas utilizando herramientas de acceso gratuito.  

Como proyección, el curso situó los asistentes dentro de un ecosistema digital escolar más amplio (tipo intranet) y promovió la comunicación efectiva de las propuestas mediante “elevator pitches”, abriendo posibilidades de incubación y escalamiento con criterios técnicos y pedagógicos. 

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En la sesión del viernes 19 de septiembre, la Comunidad IA en la educación recibió a Manuel Sotomayor, psicólogo educativo y responsable de estrategia de IA educativa en Centrum PUCP. Su ponencia abordó la “paradoja cognitiva de la IA”: una tecnología capaz de amplificar las capacidades intelectuales, pero que, al mismo tiempo, puede erosionar habilidades cruciales para el aprendizaje, como el pensamiento crítico y la autorregulación. 

Sotomayor ilustró el dilema con un caso típico: dos estudiantes resuelven un estudio de negocios; quien usa IA produce más rápido análisis sólidos, pero puede no haber internalizado el razonamiento que sustenta sus respuestas. El foco en “productos” por encima de procesos cognitivos y afectivos —advirtió— pone en riesgo el desarrollo de competencias analíticas. De ahí su llamado a replantear el diseño pedagógico y las evidencias de aprendizaje en entornos con IA. 

Desde la teoría, articuló tres marcos. Primero, la teoría de la carga cognitiva: reducir carga extrínseca (presentaciones y materiales mal diseñados) para favorecer la carga germinal, donde ocurre la construcción de esquemas y el aprendizaje profundo. La “trampa” aparece cuando la IA no solo quita lo extrínseco sino también sustituye esfuerzo germinal, desplazando el “sweet spot” de dificultad deseable. El segundo y tercer marco vinculan taxonomías de Bloom con los sistemas 1 y 2 de Kahneman: si la IA se apropia tanto de las habilidades de orden inferior como de las superiores, el andamiaje evolutivo del aprendizaje se resiente. 

A nivel empírico, el expositor reseñó hallazgos recientes. En tareas aplicadas, estudiantes con IA y orientación docente mejoran su desempeño; sin orientación, la variabilidad aumenta y el promedio cae frente a quienes trabajan sin IA. No obstante, emerge un dato incómodo: 50% declara fuerte dependencia de la IA y 16,7% teme perder capacidad de resolución autónoma. Este debate se enlaza con el modelo FACT (Fundamento–Aplicación–Crítica–Transferencia), propuesto como guía para decidir en qué tipos de habilidades conviene o no integrar IA, siempre con cautela contextual. 

El ángulo neurocognitivo refuerza la paradoja: estudios comparando “cerebro solo”, búsqueda en Google y uso de modelos generativos reportan menor conectividad y patrones menos complejos con IA, con efectos que persistirían aun después de dejar de usarla (“deuda cognitiva”). La implicación didáctica es concreta: sostener prácticas espaciadas, generación activa de respuestas y exposición a dificultades deseables para asegurar aprendizaje significativo en tiempos de IA. 

El diálogo posterior conectó estas ideas con experiencias de aula y gestión del curso: se subrayó que rediseñar flujos de trabajo y secuencias de actividades puede ayudar a “surfear” la tensión entre apoyo y atrofia, evitando la “ficción” de enseñar, producir y evaluar todo con IA. La invitación final fue explícita: educar para navegar esa tensión de forma productiva, con criterios éticos y de evaluación auténtica. 

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En la sesión virtual de la Comunidad IA, el docente Pedro Ivan Córdova Piscoya (Universidad San Ignacio de Loyola) presentó un enfoque metodológico para incorporar IA generativa en cursos teóricos. Más que exhibir herramientas, propuso workflows reproducibles que inician con ideación guiada y contraste de respuestas entre modelos (ChatGPT, Gemini, Perplexity), avanzan a la curaduría del guión y culminan en producción multimodal (imagen, audio, video) ajustada a objetivos de aprendizaje y restricciones de acceso del estudiantado. 

El ponente mostró evidencias de aula orientadas a traducir marcos teóricos en recursos didácticos originales: un video sobre la espiral del silencio basado en artículos recientes con referencias APA; un cómic animado para introducir 1984; cápsulas históricas breves sobre Pachacútec y Túpac Yupanqui; y un debate simulado entre Emily Bender y Sam Altman para discutir comprensión lingüística. En todos los casos, la ruta fue: fuentes verificables guion con estilo definido producción audiovisual con herramientas combinadas (p. ej., Midjourney, Sora, Runway/VEO-3, Ideogram, ElevenLabs/Hedra, Suno, edición con Canva). 

Un segundo bloque abordó inclusión y comunicación. A partir del videopodcast Papá Autista, Córdova articuló narrativa personal con literatura científica reciente para comunicar hallazgos sobre motivación social y sobrecarga sensorial en el espectro autista. Asimismo, presentó avatares hiperrealistas e interactivos para anuncios, retroalimentación en tiempo real y acompañamiento, reconociendo límites técnicos de soluciones en beta y la necesidad de transparencia al declarar el uso de IA. 

La experiencia “Museos interactivos en el metaverso” (FrameVR) evidencia un desplazamiento de la exposición tradicional hacia entornos inmersivos diseñados por el estudiantado. La iniciativa fue reconocida con el segundo lugar en el Concurso de Innovación USIL 2024 y el tercer lugar en los Premios Ecuador 2025. Una encuesta aplicada al cierre de ciclo reportó mejora percibida en la comprensión de contenidos, junto con oportunidades de ajuste para nuevas iteraciones. 

Para el semestre en curso, el proyecto se orienta a impacto social y validación externa mediante tres productos transversales: un kit ciudadano contra la manipulación política (Comunicación Política), un kit de alfabetización mediática y transparencia informativa (Teoría de la Comunicación) y un kit sobre representación mediática de grupos vulnerables (Psicología de la Comunicación). Los equipos presentarán sus resultados en metaverso y los testearán con grupos vulnerables, en el marco de un COIL con la Universidad del Desarrollo (Chile). El cierre enfatizó método y ética: diseño con propósito, citación rigurosa, declaración del uso de IA y evaluación continua.

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La educación digital evoluciona a un ritmo acelerado gracias a la aparición de tecnologías emergentes que están redefiniendo cómo se enseña y aprende. Estas herramientas son parte esencial de la innovación educativa, pues permiten personalizar la enseñanza, promover la inclusión y enriquecer la experiencia de aprendizaje.

Desde la inteligencia artificial en educación hasta el metaverso educativo, el reto para instituciones, docentes y estudiantes es integrarlas con un enfoque ético y pedagógico. Conocerlas resulta clave para anticipar el futuro y aprovechar su verdadero potencial.

1. Inteligencia Artificial (IA) generativa en educación

La IA abre la posibilidad de crear contenidos adaptados a cada estudiante, ofrecer retroalimentación inmediata y apoyar la gestión académica. Según Engageli, más de ocho de cada diez instituciones educativas ya emplean IA generativa, lo que la posiciona como una de las innovaciones con mayor adopción en el sector.

2. Realidad aumentada (RA) y realidad virtual (RV) en el aula

Las experiencias inmersivas que ofrece la RA y la RV permiten simular laboratorios, recorrer lugares históricos o realizar prácticas complejas sin riesgo. Proyecciones de Takeaway-Reality indican que el mercado educativo de la VR crecerá más de seis veces hacia 2030, consolidándose como una tendencia con gran impacto en la motivación y participación de los estudiantes.

3. Blockchain para certificaciones académicas

El blockchain aporta transparencia y seguridad al registro de credenciales digitales, facilitando que los títulos académicos sean verificables y transferibles a nivel global. Investigaciones recientes de MDPI destacan que esta tecnología será clave para la movilidad académica y profesional en un mundo cada vez más interconectado.

4. Analítica de aprendizaje avanzada

El análisis de datos en educación permite comprender cómo aprenden los estudiantes, anticipar riesgos de deserción y mejorar la toma de decisiones docentes. Un estudio de Vieriu revela que más del 95% de los estudiantes ya utiliza tecnologías de IA en sus actividades académicas, especialmente asistentes virtuales, lo que evidencia el creciente valor de la educación basada en datos.

5. Metaverso educativo

El metaverso abre la puerta a entornos virtuales colaborativos donde los estudiantes interactúan en 3D. Aunque su implementación aún es inicial, su potencial es enorme para impulsar el aprendizaje híbrido y la creatividad. Según Matsh, en Estados Unidos más del 40% de las escuelas ya incorporan RA/VR en el aula, lo que anticipa una expansión acelerada hacia espacios inmersivos de enseñanza. Las tecnologías emergentes representan una oportunidad para transformar la educación siempre que se integren con visión pedagógica y responsabilidad ética. El futuro del aprendizaje será tanto humano como digital, con docentes y estudiantes construyendo juntos experiencias más inclusivas, creativas y significativas.


Referencias

Engageli. (2025). AI in Education Statistics
Takeaway-Reality. (2024). VR Training and Education Statistics 2024
Vieriu, A. et al. (2025). Artificial Intelligence Adoption in Education. MDPI
Matsh. (2024). Statistics on AI/VR Adoption in Education

La sesión del viernes 5 de setiembre estuvo dedicada a la experiencia “Agentes docentes de IA: transformando el repaso en aprendizaje inteligente”, presentada por Giannina Castillo (Universidad Privada del Norte). La expositora —doctoranda en Administración, magíster en Administración de la Educación y contadora pública colegiada— compartió el marco de uso, los pasos de implementación y resultados observados con sus estudiantes en cursos de contabilidad y gestión. 

Se abordó el concepto de agente docente (avatar conversacional) como apoyo pedagógico para automatizar tareas recurrentes y ampliar el tiempo de acompañamiento académico. Desde esta perspectiva, el agente no sustituye la labor docente, sino que opera como asistente para reforzar contenidos, resolver dudas frecuentes y promover prácticas de estudio más activas antes de evaluaciones. 

La implementación se realizó con la plataforma D?ID, configurando apariencia, idioma (español, variante Perú), voz, rol y rasgos de interacción (amabilidad, paciencia y profesionalismo). En la sección de fuentes de conocimiento, el agente se alimentó con archivos PDF alineados al sílabo (por ejemplo, un compendio sobre estados financieros), además de mensajes de bienvenida y pautas de consulta. Para el acceso estudiantil se distribuyeron enlaces y códigos QR, facilitando el uso desde dispositivos móviles. 

El uso instruccional se integró como repaso previo a evaluaciones (15–20 minutos). La docente reportó un diseño de medición sencillo: prueba diagnóstica inicial, repaso con el agente y prueba final en Quizizz, con mejoras apreciables respecto del desempeño inicial. En grupos de 20–25 estudiantes, la dinámica favoreció preguntas breves y reiteradas sobre conceptos clave (estado de situación financiera, resultados, flujos de efectivo), lo que incrementó la familiaridad con la terminología disciplinar. 

Entre los desafíos operativos se mencionaron la conectividad y ciertas restricciones del plan gratuito (límite de consultas por sesión, tamaño de archivos, número de avatares). Como estrategias, se sugirió concentrar el uso en momentos de alto impacto (antes de pruebas), preparar PDFs concisos y, cuando se requiera, distribuir el acceso de forma simultánea para optimizar la cuota de interacciones. También se exploró la posibilidad de cargar calendarios o recordatorios en PDF para que el agente ayude a manejar fechas de evaluación

El diálogo posterior consideró líneas de expansión: agentes diseñados con metodologías específicas (p. ej., STEAM), uso de herramientas multimodales para storytelling (referencias a StoryBooks y a un modelo de edición de imágenes denominado “Nano Banana”) y agentes destinados a comunicaciones de aula (saludos, cierres, introducciones). La comunidad destacó la transferibilidad de la experiencia a otras asignaturas, siempre que se mantenga la supervisión docente y se articulen criterios de ética e integridad académica. 

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La transformación de la educación superior ya no es un horizonte lejano, sino una necesidad urgente. El EDUCAUSE Horizon Report 2025, analizado por Jorge Bossio, director de Aprendizaje Digital e Innovación Educativa de la UPC, pone en evidencia cómo la inteligencia artificial ha pasado de ser una novedad a convertirse en un componente central de las prácticas académicas. Este estudio global, ampliamente valorado en la comunidad universitaria, muestra que la innovación requiere mucho más que tecnología: demanda nuevas formas de enseñar, aprender y gobernar el uso de estas herramientas.

En ese camino, surgen preguntas clave sobre ética, seguridad digital y el rol del docente en un escenario donde algoritmos y aulas conviven de manera inseparable. ¿Cómo aseguramos que la IA contribuya al bien común y no profundice las brechas existentes? La reflexión no se limita al futuro, sino a las decisiones que tomemos hoy como instituciones y como sociedad.

Te invitamos a leer el artículo completo de Jorge Bossio y a sumarte a esta conversación sobre el rumbo de la educación en la era de la inteligencia artificial.

Por: Bruno Chacón Jimeno

En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha comenzado a transformar de manera significativa el ecosistema educativo. Uno de los desarrollos más visibles son los chatbots con IA, herramientas conversacionales diseñadas para responder a preguntas frecuentes y asistir a los estudiantes en tiempo real. Su implementación en universidades y plataformas virtuales se enmarca en un contexto donde la inmediatez, la accesibilidad y la personalización de la información se han convertido en demandas esenciales de las nuevas generaciones de estudiantes.

En el ámbito de la educación superior, la rapidez en la atención y la disponibilidad permanente constituyen factores clave para mejorar la experiencia académica. En este escenario, los chatbots con IA emergen como aliados estratégicos que, si bien no sustituyen la mediación docente, contribuyen a optimizar los procesos de comunicación y gestión educativa. A continuación, se analizan sus principales ventajas, limitaciones y recomendaciones para un uso responsable y efectivo.

Ventajas para docentes y tutores

  • Disponibilidad 24/7: permiten a los estudiantes resolver dudas frecuentes (fechas, enlaces, entregas, evaluaciones) en cualquier momento, superando las restricciones del horario laboral.
  • Ahorro de tiempo: reducen la carga de correos electrónicos y mensajes repetitivos, lo que libera al docente para enfocarse en aspectos pedagógicos y de mayor valor académico.
  • Atención a gran escala: tienen la capacidad de interactuar con cientos de estudiantes simultáneamente, manteniendo un nivel constante de calidad en las respuestas.
  • Consistencia informativa: garantizan uniformidad en la comunicación, evitando contradicciones o errores en la transmisión de datos relevantes.

Límites y consideraciones

  • Rol docente insustituible: los chatbots son útiles para información operativa, pero no reemplazan el acompañamiento académico, la orientación pedagógica ni la contención emocional.
  • Entrenamiento y actualización constante: la calidad de sus respuestas depende de una adecuada configuración y revisión periódica del contenido.
  • Aspectos éticos y de privacidad: resulta indispensable salvaguardar los datos personales de los estudiantes y explicar de forma transparente el uso de la IA.
  • Lenguaje y empatía: algunos bots carecen de calidez en la comunicación, lo que puede afectar la percepción y la experiencia del estudiante.

Recomendaciones para su implementación

La integración de chatbots personalizados en plataformas como Blackboard, Moodle o Canvas puede resultar una herramienta poderosa para resolver dudas frecuentes de los cursos. No obstante, su uso debe ir acompañado de criterios claros de supervisión docente y de una estrategia de actualización continua.

En síntesis, los chatbots con IA no sustituyen la relación pedagógica, pero sí la complementan, ofreciendo una atención ágil, accesible y escalable. La clave está en reconocerlos como instrumentos de apoyo, capaces de mejorar la experiencia educativa siempre que se utilicen bajo un enfoque responsable, ético y centrado en el estudiante.

Texto redactado con el apoyo de Chat GPT.

En la sesión del viernes 29 de agosto, la Comunidad IA en Educación contó con la participación de Santiago Zevallos, docente de la UPC, quien compartió su experiencia en el uso de herramientas de inteligencia artificial aplicadas a la investigación académica. Su intervención permitió recorrer distintas fases del proceso exploratorio en investigación, desde la búsqueda inicial hasta la extracción masiva de documentos. 

Ceballos explicó que en una etapa preliminar de cualquier investigación resulta clave mapear el estado del arte de manera eficiente. Para ello, presentó diversas estrategias que van desde el uso de prompts básicos en ChatGPT, hasta funciones más avanzadas como la investigación profunda en modelos generativos. Estas herramientas permiten obtener panoramas temáticos iniciales, aunque con limitaciones vinculadas a la precisión y fiabilidad de las fuentes. 

Otro aspecto relevante de la exposición fue el análisis de los GPTs personalizados disponibles en la GPT Store, que ofrecen respuestas especializadas en áreas concretas. No obstante, el ponente advirtió que su configuración interna no siempre es transparente, lo cual exige un uso crítico de los resultados. Asimismo, compartió la utilidad de NotebookLM, herramienta que permite trabajar directamente con documentos académicos, extrayendo resúmenes, metodologías y resultados con referencias al texto original. 

En una demostración más técnica, Ceballos mostró cómo emplear scripts en Python, a través de Google Colab y la API de OpenAlex, para extraer de forma automatizada bases de datos con cientos de papers. Si bien reconoció que esta opción requiere conocimientos básicos de programación y un riguroso filtrado posterior, destacó su valor para agilizar las etapas de revisión sistemática. 

Durante el diálogo con los asistentes, se discutió también sobre la confiabilidad de plataformas abiertas como OpenAlex frente a bases indexadas de pago, y se resaltó el papel complementario que estas herramientas pueden desempeñar en una fase exploratoria. Asimismo, se mencionaron aplicaciones de visualización como Connected Papers o Napkin, útiles para representar gráficamente conexiones entre investigaciones y generar mapas conceptuales. 

La sesión cerró con un intercambio sobre la incorporación de estas herramientas en la docencia. Según Ceballos, más allá de su uso en investigación, su implementación en cursos de matemáticas financieras y finanzas ha permitido a sus estudiantes experimentar con simulaciones, dashboards y representaciones interactivas. De este modo, la IA se presenta no solo como un apoyo en la investigación académica, sino también como un recurso pedagógico que amplía las posibilidades del aprendizaje en el aula. 

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