El 7 de noviembre de 2025, la Comunidad IA recibió a Nicolás Núñez (CENTRUM PUCP), quien presentó resultados de un cuasi-experimento sobre el uso de IA generativa en cursos de innovación y diseño de modelos de negocio. La sesión planteó una hipótesis provocadora: aunque los modelos de lenguaje aumentan la productividad y facilitan la personalización, su uso grupal podría conducir a soluciones más homogéneas y menos originales. 

El marco conceptual fue el “groupthink”, fenómeno de toma de decisiones que privilegia consensos rápidos y minimiza la disidencia. Núñez lo conectó con la “convergencia algorítmica” propia de los LLM: respuestas similares ante preguntas similares, lo que puede estandarizar ideas y reducir la fricción creativa necesaria para la innovación. 

La investigación comparó dos configuraciones. En el Grupo A, cuatro estudiantes interactuaron de forma conjunta —una sola computadora— con la IA para diseñar un producto digital. En el Grupo B, cada integrante trabajó primero en solitario con IA y luego, en equipo, debatieron y consolidaron la propuesta. Así se observaron diferencias tanto en tiempos como en la diversidad de resultados. 

Los hallazgos son claros. La co-creación simultánea con IA fue más veloz, especialmente en el desarrollo de prototipos. No obstante, la ruta individual-primero generó más debate, más iteraciones con el modelo y mayor disposición a defender ideas propias informadas por la IA. Además, quienes se autopercibían “menos creativos” reportaron un incremento en su autoeficacia creativa al trabajar inicialmente de manera individual. 

Las implicancias para la docencia y el diseño instruccional son matizadas. Cuando el objetivo es cumplir plazos ajustados (por ejemplo, hackatones), la co-creación puede ser conveniente. Si se busca calidad creativa y diversidad de soluciones, es preferible exigir ideación individual previa y posponer la convergencia grupal. Complementariamente, conviene nivelar competencias de prompting, exigir trazabilidad (borradores y prompts) y equilibrar la responsabilidad individual con la discusión crítica del equipo. 

En suma, el estudio sugiere que combinar fases individuales y colectivas con IA mitiga la homogeneidad y favorece resultados más robustos. La agenda futura apunta a explorar sesgos en las interacciones humano-máquina y estrategias para evitar la “aversión al algoritmo”, manteniendo la creatividad como eje del aprendizaje. 

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La sesión del 14 de noviembre presentó la experiencia del Dr. Luis Manuel Valdez Fernández-Baca (infectología) al integrar chatbots como simuladores en “Clínica Médica I”, capítulo de enfermedades infecciosas, con 79 estudiantes y tiempo no lectivo para actividades autónomas. La motivación pedagógica fue explícita: desplazar el énfasis en memorización hacia niveles superiores de la taxonomía de Bloom (aplicar, analizar, evaluar, crear) y cultivar razonamiento clínico con retroalimentación inmediata y segura.  

Se diseñaron cuatro chatbots centrados en problemas frecuentes: fiebre sin foco, síndrome febril focal en pacientes con VIH, infecciones graves con bacterias resistentes (antibioterapia empírica y desescalamiento) y sepsis (casos simple y complejo). Cada bot establecía un diálogo escalonado para recojo de historia, examen, hipótesis, elección de pruebas, plan terapéutico y feedback detallado, incluyendo fortalezas, oportunidades de mejora y referencias. El enfoque habilitó práctica deliberada repetible y variación de escenarios, también útil para metacognición y reflexión clínica.  

Durante la implementación se recomendaron buenas prácticas de diseño: limitar la búsqueda abierta para reducir alucinaciones, nutrir el bot con fuentes curadas y ajustar el prompt con herramientas de apoyo (p. ej., Notebook LM). La dinámica mostró además un componente ético: aclarar usos apropiados, desincentivar atajos y fomentar trazabilidad del razonamiento más que respuestas “correctas” aisladas. El docente subrayó que los bots complementan—no sustituyen—la enseñanza junto al paciente, núcleo insustituible de la formación clínica.  

Los indicadores de aceptación fueron favorables. Según encuestas y comentarios, más del 60% valoró la actividad como bastante o extremadamente importante; alrededor del 93% la percibió útil para aprender y más del 90% la recomendaría en otros cursos. Hubo apropiación estudiantil: algunos organizaron acceso a versiones de pago y un estudiante creó bots propios para guías de estudio. Estas evidencias corresponden a niveles iniciales de evaluación (p. ej., Kirkpatrick 1–2) y abren una agenda para medir impacto en desempeño clínico posterior.  

Operativamente, la experiencia combinó interacción sincrónica (encuestas en vivo, demostraciones) y trabajo autónomo, ajustando aspectos técnicos de la videoconferencia y del flujo de uso en LMS. En paralelo, se insistió en formación docente en educación médica y en ética de IA, con miras a escalar la adopción en facultades y sociedades científicas. La propuesta es clara: usar chatbots como andamiajes que estructuren el pensamiento clínico, promuevan decisiones justificadas y habiliten ciclos de práctica-retroalimentación con evidencia.  

En síntesis, la intervención muestra que los simuladores conversacionales pueden articular contenidos infecciosos, razonamiento y evaluación formativa en un entorno controlado. Su valor radica en hacer visible el proceso—qué se pregunta, por qué se decide—más que en acelerar respuestas; y en crear condiciones para que el estudiante transite de recordar a deliberar sobre la atención del paciente. 

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En la sesión del 21 de noviembre, Gianfranco Mejía (UPC) analizó el proyecto de Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial y el proyecto de Estrategia Nacional de Gobierno de Datos, destacando su interdependencia: sin gestión y calidad de datos, la IA difícilmente escalará con impacto. Subrayó que el documento de datos ofrece lineamientos más concretos (plataformas de analítica, capacitación regular, ecosistemas colaborativos), mientras que la estrategia de IA aún es parca en detalles para el sector educativo.  

En educación, el diagnóstico oficial alude a pilotos de personalización del aprendizaje, monitoreo de progreso y asistencia pedagógica, y a la capacitación de ~85–87 mil docentes en 2024, equivalente a algo más del 20% del total en escuelas públicas; avance inicial que revela una brecha sustantiva en alfabetización digital docente. Mejía resaltó dos prioridades: promover estrategias educativas en IA desde etapas tempranas y fortalecer capacidades en ETP e institutos, con enfoque territorial e inclusión.  

El intercambio con los asistentes enfatizó la alineación con el Plan Estratégico de Desarrollo Nacional al 2050: formar talento avanzado hoy es condición para productividad e innovación futuras. Para que las estrategias trasciendan el papel, se identificaron tres retos: financiamientogobernanza multisectorial (MINEDU, PCM/SGTD, MTC, PRODUCE y academia) y continuidad institucional más allá de los ciclos políticos.  

Como riesgo transversal, se advirtió la ausencia de líneas de base y métricas unificadas: sin datos comparables y depurados, será difícil medir éxito o corregir rumbo. La recomendación práctica fue sincronizar la agenda de IA con la de gobierno de datos (alfabetización, microcredenciales, currículos por niveles y roles) y publicar avances verificables para escrutinio académico y ciudadano. 

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La sesión del viernes 31 de octubre estuvo a cargo de Marianela López de Empujón Educativo, quien presentó una propuesta integral para personalizar el aprendizaje desde la inclusión, apoyada en neurociencias, ciencias del comportamiento e inteligencia artificial responsable. El punto de partida es un problema regional: las escuelas siguen operando con ritmos y evaluaciones únicas para grupos diversos, lo que deja fuera a gran parte del alumnado neurodivergente y reproduce brechas de aprendizaje. Empujón Educativo busca “no bajar expectativas, sino cambiar el acceso”, colocando a la persona en el centro de cada decisión tecnológica.  

El equipo ha desarrollado microaplicativos que miden con alta precisión la fluidez y la comprensión lectora. En la prueba de fluidez, la plataforma captura 420 puntos del rostro y analiza procesos oculomotores (progresiones, regresiones, fijaciones) y la conversión fonema–grafema para estimar la entrada a la comprensión. Los reportes detallan palabras por minuto, tipos de error (omisiones, sustituciones, adiciones) y ubican el desempeño frente a estándares por grado. Con base en ello, se propone un plan de entrenamiento automatizado (p. ej., 7 semanas, 5 días por semana, sesiones de 16 minutos), con entrenadores de fluidez, reducción de retrosacádicos y memoria icónica.  

Los primeros pilotos reportan metas operativas de mejora en 4–8 semanas: +20% en palabras por minuto, +4 puntos en precisión y ?35% en errores, acompañadas de recomendaciones para aula y familia. La solución se despliega en paralelo a un “historia educativa” interoperable (analógica a la historia clínica), que integra datos cuantitativos y cualitativos (observaciones docentes, asistencia, notas) y sirve como lago de datos para agentes de IA responsables que asisten a docentes y estudiantes sin reemplazarlos. La arquitectura usa RAG con conocimiento del marco legal (país, provincia, escuela) y principios de Diseño Universal para el Aprendizaje.  

En la práctica docente, la plataforma permite cargar la planificación y generar materiales adecuados por estudiante (resúmenes, mapas, evaluaciones), incorporando multimodalidad (podcasts, videos) y guías para familias. También avanza en rúbricas inclusivas (p. ej., no penalizar ortografía en dislexia; ajustes razonables y anticipación del material). Un objetivo adicional es reducir la carga de tiempo: adecuar manualmente puede tomar ~4 horas por estudiante/semana; automatizar tipografía, tamaño y formato ya representa inclusión efectiva.  

De cara a la región, el proyecto subraya desafíos estructurales: carencia de formación docente en neurodiversidad, conectividad y dispositivos escasos, y la necesidad de modelos y datasets locales (equidad dialectal y lenguas originarias) porque transcriptores comerciales no capturan particularidades del español regional. La estrategia incluye pilotos en escuelas estatales y bilingües (1000+ estudiantes), alianzas (p. ej., con una plataforma de gestión en San Luis para 20 000 estudiantes), colaboración académica y futuras experiencias en educación superior (UPC; U. Autónoma de Chihuahua). La consigna ética del equipo: elegir métricas que amplifiquen humanidad; no escalar desigualdades bajo una “falsa modernidad”.  

Finalmente, se presentaron usos de tecnologías asistivas para estudiantes que no han automatizado lectura/escritura (dictado y transcripción con validación por parte del estudiante) y el enfoque metacognitivo del entrenamiento: el sistema comunica metas, registra causas de detención (fisiológicas, emocionales, lingüísticas) y combina evidencia cuantitativa y cualitativa para orientar decisiones pedagógicas en tiempo real.  

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Durante este año, el curso “Fundamentos de Inteligencia Artificial Generativa en la Educación” volvió a abrir sus puertas con gran acogida. En total, se desarrollaron tres grupos, cada uno con más de 100 docentes inscritos provenientes de diversas carreras y niveles de experiencia en el uso de la inteligencia artificial. Esta variedad de perfiles reafirma el carácter inclusivo del curso, diseñado para acompañar a cualquier docente, sin importar su nivel de conocimiento previo, en la incorporación responsable y efectiva de herramientas de IA en la enseñanza.

El programa, ofrecido de manera virtual y síncrona, constó de cuatro sesiones de dos horas cada una. A lo largo de estas jornadas, los participantes exploraron los conceptos esenciales de la inteligencia artificial generativa y sus aplicaciones educativas.

El curso se estructuró en cuatro módulos temáticos:

  1. Introducción a la inteligencia artificial generativa
  2. Exploración y mejora de la interacción con modelos de lenguaje
  3. Integración de la IA generativa en el proceso de enseñanza y aprendizaje
  4. Herramientas de IA generativa complementarias

Cada edición del curso se actualiza antes de su inicio, con el fin de incorporar los avances más recientes en herramientas y prácticas de IA, lo que le otorga un valor añadido al mantener sus contenidos alineados con el ritmo acelerado de esta tecnología.

La metodología combinó sesiones síncronas con trabajo autónomo, promoviendo el análisis, la reflexión y la aplicación práctica. Al finalizar, los participantes desarrollaron un proyecto aplicativo, donde propusieron una forma pedagógica de integrar la IA generativa en sus cursos o sesiones.

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Tras la culminación del curso, el equipo de Innovación Educativa se comunicó con los docentes que aprobaron el programa para acompañarlos en la implementación de sus propuestas. Este proceso incluyó reuniones personalizadas para profundizar en las ideas presentadas, ajustar los enfoques pedagógicos y apoyar su puesta en práctica.

Actualmente, el equipo trabaja en la documentación de estas experiencias para compartirlas con la comunidad académica a través del Catálogo de Experiencias de Aprendizaje, donde se presentarán las iniciativas y los resultados obtenidos por los docentes con sus estudiantes.

De acuerdo con los resultados de la encuesta de satisfacción aplicada al finalizar cada grupo, el 77.42% de los participantes manifestó estar muy satisfecho y el 22.58% satisfecho con la experiencia. En cuanto a la valoración del contenido del curso, el 64.52% lo calificó como muy bueno y el 35.48% como bueno, destacando la pertinencia y actualidad de los temas abordados. Además, el 71% indicó que es muy probable que recomiende el curso y el 29% que probablemente lo haría, lo que evidencia el alto nivel de valoración y el impacto positivo que esta formación mantiene entre los docentes de la universidad.

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El curso “Fundamentos de IA Generativa en la Educación” se ha consolidado como un espacio de formación, exploración y acompañamiento docente que promueve el uso responsable y pedagógico de la inteligencia artificial en la enseñanza. Su impacto trasciende la capacitación técnica: representa un paso importante en la alfabetización digital de la comunidad académica, preparando a los docentes para incorporar nuevas herramientas de manera crítica y con sentido educativo.

El proceso de acompañamiento posterior —en el que los docentes reciben apoyo para implementar sus propuestas en el aula— refuerza el compromiso institucional con una transformación educativa sostenible, centrada en la experimentación, la colaboración y la mejora continua.

De esta manera, la experiencia se convierte no solo en un curso, sino en un espacio de formación y experimentación pedagógica, que impulsa el uso responsable de la inteligencia artificial en la enseñanza y promueve el aprendizaje continuo en una comunidad docente cada vez más innovadora.

La sesión de la Comunidad IA del viernes 24 de octubre estuvo dedicada a una conversación sobre ética e inteligencia artificial, a cargo de Jorge Ramírez con el tema “Entre la máquina y la moral: los dilemas éticos de la IA”. 

El expositor propuso partir de una premisa: la IA dejó de ser promesa futura y opera hoy en decisiones cotidianas y de alto impacto (recomendaciones, filtrado de información, detección de fraude, incluso apoyos en ámbitos judiciales y médicos). Por ello, sus efectos no son neutros y arrastran sesgos, errores y consecuencias no previstas, lo que obliga a un examen ético sistemático.  

Desde una perspectiva formativa, se precisó que la ética aplicada a la IA no pretende “máquinas éticas”, sino personas y organizaciones que diseñen, implementen y usen tecnologías con criterios de justicia, no maleficencia, transparencia y responsabilidad. Se revisaron niveles de análisis (metaética, ética normativa y ética aplicada) y se situó el trabajo docente en preguntas prácticas: ¿enseñamos mejor con IA?, ¿evaluamos con justicia?, ¿respetamos la privacidad estudiantil?  

El diálogo aterrizó en educación con casos conocidos: evaluación automatizada y sus posibles errores; generación de contenido y dependencia estudiantil; y sistemas de vigilancia académica (plagio, suplantación) con potenciales invasiones a la privacidad y zonas difusas de responsabilidad institucional y tecnológica. Aquí se subrayó el tránsito de “qué puede hacer” a “qué debe hacer” la IA.  

Para ejercitar el juicio moral, la audiencia resolvió el experimento “Moral Machine” (MIT) con 13 escenarios sobre vehículos autónomos, diseñado para revelar preferencias sociales ante dilemas extremos. La actividad generó debate sobre valor de la vida, legalidad y sesgos culturales; y permitió contrastar hallazgos agregados con decisiones individuales.  

Finalmente, se introdujo una lectura crítica: convertir dilemas humanos en una “encuesta masiva” es cuestionado por autores como John Harris (Cambridge), quien objeta que ningún algoritmo debería decidir quién vive o muere y que la tarea ética exige deliberación racional para proteger dignidad y vida. La discusión cerró recordando que los valores (instrumentales e intrínsecos) y las normas (morales, sociales y legales) pueden entrar en tensión, por lo que urge construir criterio colectivo desde casos y preguntas, no desde respuestas prefabricadas. 

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En la sesión del viernes 17 de octubre, la doctora Mariela Camargo Román presentó los avances de Sapiencio, una plataforma de coevaluación que combina el juicio docente con el consenso de múltiples modelos de IA para mejorar la calidad y equidad de las evaluaciones. La propuesta desplaza el esquema “uno a uno” (un docente o un solo modelo) hacia un “segundo jurado” algorítmico que compara resultados entre modelos y entrega retroalimentación detallada, manteniendo la validación final en manos del profesor.  

La plataforma integra más de sesenta modelos especializados para distintas tareas y tipos de pregunta (selección múltiple, respuesta abierta y casos), permitiendo al docente elegir qué modelos usar para generar ítems y cuáles para evaluar. Además, admite rúbricas y pruebas personalizadas; el flujo prevé la revisión docente del feedback antes de liberar notas. En pruebas internas, el equipo reporta reducción significativa de tiempos administrativos y retroalimentación más consistente.  

En la práctica, la evaluación se ejecuta con varios modelos en paralelo, cuyos informes permiten contrastar criterios y aislar “outliers” antes de promediar. Este mecanismo —descrito por Camargo como una forma de “inteligencia colectiva”— busca atenuar imprecisiones y sesgos, sin sustituir el criterio pedagógico. El docente puede enviar directamente el promedio sugerido o ajustar calificaciones y comentarios.  

Los resultados preliminares indican hasta 70% de ahorro de tiempo en la corrección y una mejora en la trazabilidad de decisiones, con beneficios percibidos por estudiantes y profesores en rapidez y calidad del feedback; la iniciativa permanece en fase de testeo abierto. La sesión también subrayó que la IA no reemplaza la reflexión docente y que su aporte es liberar tiempo para acompañar el aprendizaje.  

El diálogo posterior abordó desafíos éticos: imprecisión e inclusión. Se discutió que el trabajo con múltiples modelos y la detección de respuestas alejadas del promedio ayuda a mitigar errores, aunque aún quedan pendientes de desarrollo funcionalidades de accesibilidad lingüística. Asimismo, se planteó extender el alcance a evaluaciones orales mediante análisis de audio.  

Finalmente, se propuso avanzar hacia una ingeniería inversa de la evaluación: partir del examen (y de las competencias) para reorganizar contenidos y generar planes de mejora personalizados, cerrando el ciclo evaluación–retroalimentación–recuperación. Esta línea conecta con la elaboración de exámenes equivalentes y el análisis de resultados para identificar brechas de aprendizaje individuales. 

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La sesión, del viernes 10 de octubre, estuvo a cargo de Diego Castrillón (director de desarrollo de negocios y alianzas de uDocz), quien presentó hallazgos de un estudio sobre uso de IA en la educación superior peruana y mostró “Doc”, un tutor con contexto institucional. uDocz reporta una comunidad de 4 millones de estudiantes y 200 mil docentes en la región, y 18 meses de trabajo continuo desarrollando el tutor para acompañar el aprendizaje en universidades latinoamericanas.  

Desde la mirada estudiantil, 95% usa alguna herramienta de IA, aunque con bajo dominio para fines académicos. Tres de cada cinco perciben que, usada correctamente, la IA eleva la calidad, y 97% la considera clave para su futuro profesional. Sin embargo, dos de cada tres estudiantes se muestran insatisfechos con la integración institucional y temen sanciones por uso indebido, lo que exige reglas claras de evaluación y acompañamiento.  

En la perspectiva docente, solo 8% declara integrar formalmente la IA en su estrategia pedagógica y 74% demanda formación continua. Identifican beneficios en preparación de clases, evaluación/retroalimentación y personalización; no obstante, citan barreras como falta de tiempo (52%), dificultad para ubicar información (23%) y nula integración a sus plataformas (16%). La mayoría la usa entre 1 y 4 veces por semana, con niveles de dominio divididos entre neutral (43,3%) y alto/muy alto (47%). Se subraya la necesidad de gobernanza institucional y lineamientos éticos.  

El tutor “Doc” se despliega con materiales, sílabos y rúbricas de cada curso y sección, y ofrece cuatro modos: estudiar para un examen, aprender un tema, resolver un problema y “ponte a prueba” por niveles. Incorpora andamiaje socrático y genera un tablero para la institución con reportes semanales de “verbatim”, errores recurrentes y brechas para acciones remediales. Están en desarrollo funciones de “estatus” para el estudiante y reportes de riesgo por sección y por alumno para el docente.  

Como marco de decisión para las instituciones, Castrillón citó indicadores sectoriales: 40% de implementaciones se orienta al “student engagement”; el retorno sobre la inversión alcanza 3,4x en un promedio de 15 meses; y para 2028 más del 70% de los recursos de enseñanza se desarrollará con IA. Estas cifras refuerzan la urgencia de estrategias de adopción con gobernanza y formación docente.  

En síntesis, la evidencia sugiere una alta adopción espontánea del estudiantado, una demanda fuerte de desarrollo profesional docente y el valor de tutores con contexto institucional para personalización, evaluación formativa y retención. El desafío inmediato pasa por reglas claras, integración en el LMS y monitoreo pedagógico continuo. 

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En la sesión del viernes 3 de octubre, la Comunidad IA, Jesús L. Vivanco presentó avances de una investigación en curso sobre la relación entre ciencia de datos y procesamiento de imágenes, con foco en cómo trasladar estos conceptos al aula. El punto de partida fue una preocupación compartida: el despliegue acelerado de herramientas de IA desborda los tiempos de actualización docente, en especial en lo relativo al diseño de evaluaciones y sesiones de aprendizaje. 

El ponente describió, con ejemplos, el funcionamiento de sistemas que detectan y clasifican objetos a partir de imágenes, enfatizando la transformación de lo visual en representaciones numéricas (vectores, matrices, patrones). A partir de ello, propuso una ruta didáctica que vincula geometría y estadística para aproximar a las y los estudiantes a los principios de estos algoritmos sin exigir una axiomatización exhaustiva, privilegiando actividades que hagan visible el paso del dato a la imagen y viceversa. 

Desde su experiencia, Vivanco narró la transición de entornos como R hacia Python y el trabajo con bases de datos, así como el uso de generadores de imágenes en clase para abrir discusiones sobre “cómo” se produce el resultado y no solo “que” el resultado exista. Advirtió que el énfasis exclusivo en la operación de las herramientas puede consolidar sesgos y empobrecer procesos cognitivos, por lo que planteó la necesidad de cultivar explicaciones, justificaciones y lectura crítica de salidas algorítmicas. 

Un eje central fue el ejercicio de reconstrucción de imágenes: tratar una imagen como conjunto de puntos, estudiar su tratamiento estadístico y luego reconstruirla para comprender nociones como representación, compresión y error. Este “viaje de ida y vuelta” permite diseñar tareas evaluables donde el estudiantado argumenta decisiones, documenta procesos y reflexiona sobre trazabilidad y calidad del dato. 

En cuanto a su investigación, el ponente indicó que ya completó la revisión de literatura y el diseño del instrumento, y que la siguiente etapa será validar la propuesta en una clase piloto, observando si mejora la confianza explicativa del alumnado respecto al funcionamiento de estos sistemas.

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