Nos alistamos para retornar a clases presenciales y sabemos que, luego de todo lo que hemos aprendido en estos dos años, debemos incluir las tecnologías en la experienca presencial para que nuestros estudiantes sigan gozando de los beneficios que se generaron a partir del aprendizaje a distancia.

  1. Aulas virtuales: si bien muchos cursos ya incluían este tipo de dinámicas y el uso de aulas virtuales para compartir información, documentos y materiales con estudiantes, muchas otros lo hicieron por primera vez durante la pandemia. Esta es una práctica que no debe ser abandonada pues brinda a los estudiantes la facilidad de tener toda la documentación incluso antes de cada sesión de clase, facilitando así el desarrollo de la misma. Entonces, ¡sí!, las clases presenciales deben mantener sus aulas virtuales. Ver tutorial sobre gestión de Aulas Virtuales en Blackboard Ultra
  2. Grabaciones: Antes de la pandemia ninguna sesión de clase era grabada, era imposible pensar en eso. Pero ahora que ya sabemos cómo hacerlo ¿por qué dejar de hacerlo?… en nuestras aulas tenemos equipos conectados a internet, una laptop, tablet, pizarra inteligente o incluso simple celular puede servirnos para grabar nuestra clase como lo hacíamos desde nuestras casas. Las grabaciones ayudan a los estudiantes a repasar las clases y les brindan la flexibilidadpara ponerse al día en caso no puedan asistir por algún motivo (enfermedad, accidente o incluso algun evento de la naturaleza o problemas con el transporte público). Aquí un tutorial de cómo usar un ipad para grabar nuestras clases presenciales. ¡Podemos hacerlo!
  3. Participación y colaboración: Durante la pandemia vimos cómo el uso de tecnologías digitales le daba la oportunidad de participar a estudiantes que no solían participar mucho en clases, y ese es un valor que no podemos perder. El uso de herramientas digitales de participación como kahoot!, Mentimeter, Mural o Jamboard, entre otras puede mantenerse durante las sesiones presenciales si le pedimos a los estudiantes que usen sus móviles para ello. Aquí un padlet con cerca de 30 apps de participación y colaboración que pueden ser usadas en clase.
  4. Evaluaciones: Las evaluaciones no deben regresar a ser momentos de estrés y vigilancia. Aprendimos durante pandemia a valernos de herramientas digitales para crear evaluaciones continuas que permiten observar el proceso de aprendizaje durante todo el semestre y no solo los resultados en un momento. Este tipo de evaluaciones debe mantenerse y seguirse desarrollando combinando la presencialidad con actividades que pueden ser realizadas a distancia.

Luego de habernos acostumbrado al aprendizaje remoto, sabemos que retornar a la presencialidad generará fricciones, pero confiamos en que traer a la presencialidad lo aprendido generará una experiencia presencial novedosa, dinámica y atractiva para estudiantes y docentes.

Una experiencia como la que habíamos imaginado.

Feliz retorno.

Una serie que no pensaba ver. Recordaba las malas (pésimas) segunda y tercera partes de Karate Kid y me imaginaba que la serie no podía dejar de ser peor. Pero un largo viaje me llevó a elegir algo «ligero» para el camino.

No es spoiler decir que se trata del reencuentro -30 años después- de los otrora jóvenes rivales. En la serie el protagonista ya no es Daniel LaRusso sino Johnny Lawrence, sí, el bravucón de la historia original que aprendió el «Karate malo» y que por ello su vida terminó siendo una desgracia, a diferencia de quien aprendió el «Karate bueno» (sí, el de Okinawa, el de Mr. Miyagi) y que luego tuvo una vida exitosa.

Hasta aquí parece ser la tonta historia que busca explicar el éxito en la vida a partir de las enseñanzas recibidas durante el proceso formativo. Pero la historia va más allá y nos muestra a una persona (Johnny Lawrence) que lucha por desaprender lo aprendido, pero que reconoce que lo aprendido es lo único que tiene de valor, de algún valor. Y este alumno se convierte en docente (Sensei) al encontrar un estudiante interesado en aprender.

Al ejercer la docencia, el protagonista entiende la responsabilidad que implica ser un maestro, entiende que el mundo ha cambiado y que no puede simplemente repetir, sin ningún filtro, las enseñanzas recibidas cuando fue aprendiz. En ese momento se interna en un terreno riesgoso, empieza a crear algo alternativo, algo propio, algo nuevo… incluso para él mismo.

Es así que asume el riesgo de cambiar, pierde, se frustra, renuncia, regresa y vuelve a intentarlo.

La serie deja un conjunto de lecciones para quienes ejercemos la docencia. Por un lado la importancia de entender que tenemos una responsabilidad en la formación de las nuevas generaciones y que lo que nos enseñaron y aprendimos, en fondo y forma, no es necesariamente aplicable al contexto actual, por lo que repetir lo aprendido no solo no es garantía de éxito sino que probablemente asegurará el fracaso. En segundo lugar el valor de asumir riesgos, algo difícil de encontrar en la práctica docente, enfrentarse a la incertidumbre e intentar nuevas formas y explorar nuevos caminos -incluso el camino que consideramos opuesto- para llegar al objetivo. Y fracasar, claro, fracasar intentando algo nuevo, para poder reflexionar sobre las razones del fracaso y volver a intentarlo.

Así es como, incluso luego de tener un mal maestro, un buen aprendiz puede convertirse en un gran maestro.

¿No es acaso lo que buscamos?

PD. La música es buena, especialmente para quienes superamos los 50

 

Hace 20 años un amigo me contó una idea: crear un periódico llamado La Verdad en el que todo sea mentira, salvo el horóscopo. En ese momento era una idea graciosa e incluso interesante, hoy sería parte del caos informativo que nos inunda, nos agobia, nos ahoga.

Ya no sabemos en qué creer, y ese es precisamente el tema de la película  «No mires arriba» estrenada hace unos días en Netflix.

Como siempre, advertimos al lector que, si bien esta nota no es sobre la película, comentaremos algunos fragmentos o diálogos para usarlos como referencias en algunas  reflexiones. Si usted no ha visto la película y no le molesta enterarse de algunas cosas antes de verla, puede seguir adelante con la lectura.

La historia en «No mires arriba» muestra el conflicto entre el conocimiento científico, que es compartido por los astrónomos Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence) y Randall Mindy (Leonardo Di Caprio), y el conocimiento no-científico dominado por la subjetividad, creencias, emociones y percepciones.

Vale decir que este conflicto no es reciente ni podría identificarse como un fenómeno contemporáneo pues ya ha sido descrito por Platón mediante la Alegoría de la Caverna en La República (370 a.c.).

Platón describe una situación en la que a un grupo de personas encerradas en una caverna se les muestra imágenes intencionalmente y que, al ser todo lo que pueden ver y conocer, las identifican como verdad absoluta. Así, muestra Platón, un esquema de dominación a través de la información que se comunica a dicho grupo, que se no solo se encuentra impedido de conocer la verdad del mundo exterior (fuera de la caverna) sino que ha sido convencido de que esa es la única verdad a tal punto que, cuando uno de ellos se libera y logra ver el mundo exterior (el mundo de la razón) y regresa -emocionado- a contarle a sus compañeros, éstos no le creen, y le tratan como loco.

Es exactamente lo que que sucede a Dibiasky y Mindy los científicos en la historia que nos sirve de referencia.

La presidenta dice "¿Sabes en cuántas reuniones sobre el fin del mundo he estado en estos años?
¿Sabes en cuántas reuniones sobre el fin del mundo he estado en estos años? – President Orlean (Meryl Streep)

La verdad que descubren los protagonistas era que, según la observación del comportamiento de un cometa recientemente  descubierto, el planeta tierra experimentaría un evento de extinción similar al ocurrido hace millones de años y deciden comunicarlo al gobierno de los Estados Unidos para buscar que allí se tome alguna decisión que ayude a evitar la inminente destrucción del planeta, en caso fuera posible.

Obviamente: no les creyeron.

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Kate Dibiasky pierde los papeles por preguntas y comentarios ligeros de los entrevistadores

Ante ello los científicos deciden hacerlo público, pero, al no tener experiencia en el campo de la comunicación caen en en el discurso panfletario de «el mundo se va a acabar» o «todos vamos a morir» y con ello en el ridículo de la Cultura del Meme y el shitposting luego de perder los papeles ante los entrevistadores de un programa magazine matutino, tan ligero y superficial como cualquier otro.

Finalmente, cualquier otra noticia de la farándula logra opacar una noticia tan importante como la que los científicos buscaban difundir: el impacto directo de un cometa en el planeta. Luego de ello son perseguidos, arrestados por el FBI y obligados a dejar de hablar sobre su descubrimiento.

Esto tampoco es nuevo, recordemos lo que le sucedió a Galileo Galilei obligado a renunciar a sus ideas y descubrimientos ante el Tribunal de la Santa Inquisición (1633 d.c.)

Los protagonistas intentan informar directamente a la población sobre el peligro inminente y solo logran generar caos, desconcierto y enfrentamiento entre quienes confiaban en ellos y quienes no. Hasta que finalmente, el cometa aparece en el cielo y se puede observar a simple vista.

La evidencia podía ser verificada por cualquier persona solo mirando hacia arriba.

En ese momento la «verdad científica» coincide con la «verdad de los sentidos» y se hace creíble. Aunque no para todos, y es aquí cuando otro fenómeno aparece en escena: el negacionismo y la posverdad.

La posverdad es un fenómeno que va mucho más allá de la mentira pues no solo busca engañar con un discurso falso sino convencer y crear militancia a partir de dicho discurso, una militancia tal que ayude a negar cualquier evidencia y desconfiar de cualquier fuente. Así surge el movimiento «no mires arriba» que etiqueta a los miembros del bando contrario como enemigos, sediciosos, comunistas, entre otros. De esta manera, el debate deja de ser sobre razones o evidencias y se convierte en una confrontación de posiciones, en el que lo importante es vencer o ser vencido.

Las universidades son instituciones promotoras del pensamiento científico, y enfrentan nuevamente la amenaza de grupos que desconocen y rechazan la evidencia científica (ej. antivacunas,  terraplanistas y movimientos que difunden teorías de conspiración como Qanon, entre otros) y que atacan y desprestigian a científicos, pensadores o a cualquier individuo o institución que promueva una idea contraria a la que ellos defienden.

¿Es posible hacer algo desde las instituciones educativas?

No solo es posible sino necesario y urgente que las instituciones educativas implementen estrategias orientadas a desterrar y el negacionismo y las teorías conspirativas de sus campus. Pero, lamentablemente, esto no será  suficiente.

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Ariana Grande como Riley Bina. «Solo mira arriba y apaga los noticieros de porquería»

No es suficiente formar a nuestros estudiantes con competencias digitales e informacionales, no es suficiente con asegurar que nuestros estudiantes estén en capacidad de distinguir entre una noticia verdadera y una falsa. Las universidades deben generar nuevos espacios de diálogo y debate abierto más allá de las aulas, más allá de los campus. Espacios de debate de ideas (no de posiciones) que conduzcan a formación de consensos, encuentros, respeto y confianza.

Es importante notar en la película que prácticamente todas las instituciones (el gobierno, los medios, la NASA, los empresarios) tienen muy poca credibilidad, pero que las universidades (todavía) son instituciones confiables.

Si actuamos a tiempo quizás, solo quizás, podríamos desviar ese cometa que amenaza nuestra existencia.

 

 

 

 

 

A quienes hemos visto el documental «The Social Dilemma» en Netflix nos es difícil pensar en que este anuncio (o cualquier otro que provenga de Facebook) sea una buena noticia, pero también es necesario ser conscientes de que todo lo que haga o deje de hacer este gigante tecnológico impactará necesariamente en nuestras vidas.

En definitiva, el anuncio hecho recientemente por Mark Zuckerberg en la conferencia Facebook Connect no es solo un cambio de marca, no es solo un nuevo juego multiusuario, es la promesa de crear algo que podríamos llamar como «un mundo paralelo» en el que cada persona tiene un avatar (o varios, quién sabe), y podrá crear, comprar y vender objetos, incluso trabajar y «conocer» a otras personas en la plataforma.

Lo cierto es que esto no es nuevo. Ya hace cerca de 15 años Second Live había llamado la atención sobre esta posibilidad de tener una «vida paralela» en un videojuego, y luego otros videojuegos como Fortnite en los que los jugadores podían interactuar a través de los avatar e incluso participar en eventos masivos como, por ejemplo, un concierto de Ariana Grande. Cabe señalar que recientemente EPIC Games recibió financiamiento de US$ 1000 millones para desarrollar su visión de metaverso a partir del juego.

Y claro, sobre metaversos han habido muchas películas como Ready Player One  o The Matrix y series de televisión entre las que destacan Black Mirror en especial capítulos como Partida y San Junípero, y también la serie West World.

La novedad es la decisión de invertir cientos de millones de dólares en desarrollar, a partir de Facebook, un metaverso llamado Horizon.

Al explicar el funcionamiento de Horizon, Zuckerberg señala que más allá del avatar, los usuarios de la plataforma podrán crear su propio espacio (Horizon Home), su hogar, un espacio personal desde el que el usuario puede «teletransportarse» hacia otros espacios personales, juegos, ambientes comerciales o espacios de trabajo, lugares específicos en el planeta (o el universo) e incluso épocas específicas creadas en Horizon World. Teletransportarse implica poder llevar a ese otro espacio lo que tenemos, nuestros bienes virtuales (experiencia, dinero, skins, poderes, ¿armas?) cuya propiedad aseguramos gracias al desarrollo de los NFT (que identifican a un bien virtual único). De esta forma, señala, un avatar no está encerrado en una plataforma sino que podrá ir saltando de plataforma en plataforma, lo que implicará no solo garantizar la interoperabilidad sino también -abogados, presten atención aquí- el establecimiento de «normas y nuevas formas de gobierno».

Llegando a la mitad de la conferencia Marne Lavine, Chief Business Officer de Facebook, ingresa al escenario para hablar de cómo Horizon va a transformar la educación, preguntando: ¿Y si pudieran aprender cualquier cosa?

Para lograr que el contenido se encuentre asociado a la plataforma Levine anunció una inversión de US$150 millones para crear o adquirir dicho contenido y para entrenar a creadores de contenido en Spark AR en plataformas como Coursera y EdX.

Pero, más allá del contenido: ¿puede este conjunto de tecnologías de realidad virtual, aumentada, o extendida generar un cambio importante en la educación superior?.

La Educación Remota de Emergencia implementada como respuesta a la pandemia tuvo muchas virtudes pero también enormes retos, el principal se vincula con el aprendizaje activo, aquel que implica participación de los estudiantes en la creación de conocimiento al ponerlo en práctica en estacios de aprendizaje colaborativos y participativos. Lamentablemente la emergencia obligó a los estudiantes y docentes a separarse, retrocediendo, en muchos casos, hacia un modelo de formación tradicional basado en la transferencia de conocimientos.

La promesa de tecnologías de Realidad Virtual, Aumentada y Extendida está precisamente en generar la posibilidad del encuentro de personas  en espacios virtuales compartidos en los que pueda llevarse a cabo el aprendizaje activo. Esto ha sido probado desde el área de los videojuegos con buenos resultados. Es así que Minecraft ha sido utilizado para simular campus universitarios, realizar encuentros deportivos y de integración para los estudiantes, hasta actividades de creación colectiva para estudiantes de diseño. Plataformas como Minecraft Education y Roblox permiten a los estudiantes crear espacios y trabajar con los materiales a su disposición para desarrollar competencias de razonamiento cuantitativo, comunicación escrita, pensamiento innovador y hasta ciudadanía en entornos motivadores y libres. Incluso un juego tan adictivo como Fortnite puede tener usos educativos según investigadores de la universidad de Stanford.

Otro reto que se evidenció durante la Educación Remota de Emergencia fue la dificultad para acceder a experiencias de aprendizaje que han sido diseñadas para laboratorios especializados. Jeffrey Young de EdSurge, describe los avances de la Universidad Estatal de Arizona en la implementación de un aula demostrativa para experiencias inmersivas gracias a una alianza con Dreamscape Inmersive, empresa dedicada al entretenimiento un proyecto que espera demostrar que los aprendizajes en este tipo de salas inmersivas podrían ser mayores que los que se obtienen al operar en los laboratorios instalados en el campus. Si así fuera, estudiantes de cualquier lugar del mundo podrían solo ponerse unos anteojos -como dice Zuckerberg- y entrar a un laboratorio de física o química, o a una planta nuclear o a la cabina de un avión en pleno vuelo, llevando la experiencia de aprendizaje fuera del aula, fuera del campus y, quizás, fuera del planeta.

Pero -y aquí viene nuevamente la desconfianza- debemos preguntarnos si queremos vivir en el metaverso de Facebook, como señala Felix Palazuelos en Hipertextual, poniendo en duda si el futuro que se busca construir en este metaverso es realmente una nueva oportunidad para la humanidad de crear un mundo mejor, o si se va a parecer más al mundo descrito por Ray Bradbury en Farenheit 451 y a la alegoría de la caverna planteada por Platón, escenarios en los que solo una fuente de información y conocimiento era permitida, y aceptar vivir en un mundo de aparente felicidad y libertad mientras nos mantenemos «conectados a la matrix».

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Mark Zuckerberg pasea sonriente en un auditorio en el que todos los participantes están conectados a Horizon, todos menos él.

 

Ver también:

 

 

Avanza la vacunación y estamos preparándonos para volver a los campus … la pregunta clave es ¿a qué queremos volver?, luego de esta experiencia mundial de aprendizaje en línea ¿qué hemos aprendido?

A continuación algunas ideas -contadas como escenario futurista- que surgen del diálogo con colegas dedicados a la innovación educativa y algunas lecturas.

Tome esto, querido lector, como un ejercicio literario, como la historia de cualquier universidad, y no como un plan de trabajo.

o – o –

Fue hermoso.

El día que volvimos a los campus fue un momento muy emotivo: estudiantes y docentes se encontraron cara a cara luego de 2 años, algunos incluso se encontraban por primera vez. Hubo risas, bromas, juegos y abrazos… el campus era una fiesta… y así fue toda la primera semana de clases.

Una semana en la que, por cierto, no hubo clases.

La universidad tomó la decisión convertir la primera semana de clases en «la semana del encuentro» una semana dedicada a que estudiantes y docentes se conozcan y reconozcan, una semana con mucho arte, cultura, expresión, exposiciones. Los estudiantes de ciclos más avanzados expusieron sus logros, los egresados compartían experiencias y consejos, y los ingresantes compartieron también sus sueños y anhelos.

Ese primer semestre post-pandemia muchos cursos seguían ofreciéndose a distancia con actividades síncronas (videoconferencias) y asíncronas (lectura, trabajo individual y grupal, diálogo entre pares y reflexión) pero algo había cambiado: los cursos iniciaban los domingos por la tarde con una charla magistral del docente a cargo del tema de cada semana. Sí, cada semana la charla (la clase) era dada por un experto -podía ser el mismo docente o no-  y los estudiantes podían verla en cualquier momento.

Es como una serie de Netflix que libera capítulos cada semana (Rodrigo, estudiante de administración)

A diferencia de las largas y aburridas sesiones de videoconferencia del año pasado, esta vez las charlas son cortas y dinámicas, incluyen datos actuales, debate y opiniones de expertos que contextualizan el tema. Los videos incluyen preguntas de opinión y reflexión que permiten a los estudiantes validar lo aprendido y comparar sus respuestas con las de sus compañeros de aula, del campus y de toda la universidad. Son charlas que tienen como objetivo motivar el interés por el tema y prepararse para el reto de las siguientes semanas.

Antes de cada clase, el docente tiene acceso a información de seguimiento que le proporciona la plataforma: si los estudiantes han visto el video y han descargado las guías para el trabajo en clase, si respondieron a las preguntas o si tienen alguna duda sobre el reto planteado. De esta forma, tras una breve dinámica para romper el hielo, el docente inicia la actividad, y acompaña a los estudiantes en la búsqueda de soluciones. 

En no más de 1 hora, los estudiantes discuten, debaten y trabajan en grupos un caso o problema puntual que surge de la motivación planteada en la charla magistral y diseñan una propuesta o solución que, posteriormente, hacia el final de la semana, deben subir a la plataforma y compartirla para recibir comentarios.

Cuando publicamos nuestra propuesta no esperábamos recibir tantos comentarios y respuestas… eso nos ayudó mucho a mejorarla. (Carla, estudiante de comunicaciones)

Así, las clases han dejado de ser eventos aislados, limitados por el tiempo y el espacio, y han pasado a ser procesos de aprendizaje abierto, continuo y con horarios flexibles. Los estudiantes no tienen una clase semanal sino un conjunto de actividades síncronas y asíncronas, individuales y grupales, lectivas y no lectivas diseñadas específicamente para el desarrollo de competencias y orientadas hacia los logros de aprendizaje.

Para evaluar los logros de aprendizaje se ha reemplazado los exámenes por evaluaciones continuas e integradoras en las que tanto estudiantes como docentes participan. Ese momento tenso y estresante conocido como «semana de exámenes» quedó en el pasado y se ha convertido en la «Semana de la Innovación y de la Creatividad», una semana para que la comunidad universitaria se dedique a desarrollar proyectos interdisciplinarios. Es una semana de maratones de innovación y creación en la que los mismos estudiantes organizan talleres, exposiciones, y participan en hackathons con temáticas propuestas por el sector privado y organismos internacionales de desarrollo, planteando soluciones para problemas reales.

Fue increíble. Hicimos un grupo con chicas de sistemas y presentamos una propuesta de una app para la gestión de pagos ¡y al banco le encantó! (Gabriel, estudiante de finanzas)  

El trabajo en grupo ahora tiene una nueva motivación, y la participación y aporte de los integrantes es evaluada en cada avance por el docente y los mismos estudiantes, cada estudiante tiene un papel en el equipo y se hace responsable de liderar en esa tarea sin perder de vista el objetivo común. Si bien la entrega de trabajos privilegia los formatos digitales, también se realizan entregas de objetos (maquetas de arquitectura, colecciones de diseño de modas y productos de los talleres o del FabLab). De esta forma, la fecha de entrega de trabajos finales se ha convertido en una gran exposición a cargo de los propios estudiantes, un momento de orgullo.

Para quienes viven lejos de los campus también hay espacios de encuentro. La universidad implementó convenios con locales en varios puntos de la ciudad y en otras ciudades del país, los estudiantes y docentes ahora pueden conectarse a Internet de manera segura y a bajo costo en un lugar cercano a su casa. Estos lugares (institutos, bibliotecas públicas, cafeterías, oficinas, y espacios de coworking) brindan acceso a equipos de cómputo y a software especializado para los estudiantes. Otros socios más avanzados ofrecen salas de videoconferencias privadas, simuladores y visores de realidad virtual, e incluso acceso a impresoras 3D y a FabLabs. Por ello, ya no es necesario trasladarse diariamente hasta el campus (o mudarse a un lugar cercano) para poder tener acceso a equipamiento especializado y buena conectividad. 

La universidad también implementó aulas híbridas para facilitar el acceso remoto de estudiantes que viven fuera de la ciudad, de esta forma pueden participar en las sesiones de trabajo presencial como si estuvieran en el campus. De esta forma todos los estudiantes tienen la oportunidad de interactuar con compañeros que se encuentran viviendo fuera de la ciudad, fortaleciéndose así el aprendizaje en diversidad.

Con los compañeros que viven aquí nos juntamos en el local para hacer los proyectos, entrar a clases y hasta para las ferias. Es como un campus pequeñito pero nos sentimos parte del campus más grande. (Jesús, estudiante de arquitectura, Ayacucho)

Como no todo puede ser a distancia, la universidad amplió también su oferta de talleres y laboratorios usando las aulas que quedaron libres, ahora los estudiantes pueden reunirse en los campus para practicar o realizar experimentos, separando estos espacios con anticipación en la intranet. 

o – o –

Los campus universitarios son y seguirán siendo fundamentales para el desarrollo de profesionales y ciudadanos del futuro, pero han dejado de ser un lugar al que los estudiantes deben ir y han pasado a ser el lugar al que los estudiantes quieren ir.

La universidad ha ido abriendo el acceso al campus de manera gradual. La prioridad la tuvieron las clases prácticas, talleres y laboratorios, así como las tareas de investigación. Algunos servicios se han puesto a disposición de estudiantes y docentes: espacios para conectarse a las clases online o también los estudios de grabación y cubículos personales para que los docentes realicen sus clases en ambientes seguros, aislados y con buena conectividad. 

Los espacios al aire libre fueron los primeros en retornar: deportes, danza, teatro, debates, exposiciones… todo lo que podía realizarse a puertas abiertas sin riesgo de contagio.

De esta forma, la universidad ha vuelto a ser un punto de encuentro entre docentes y estudiantes, un espacio de investigación y creación en el que la curiosidad y la inquietud por descubrir nuevo conocimiento es la motivación principal de quienes participan de ella.

Y fue así como volvimos a la universidad… a la que vamos a querer volver, siempre.

 


*Texto actualizado y adaptado por el propio autor, publicado originalmente aquí.

“Nos dijeron cuando chicos, jueguen a estudiar” Los Prisioneros

Se ha vuelto muy popular una serie Coreana en Netflix llamada “El Juego del Calamar”. La historia es evidentemente ficticia, pero con algunas pequeñas pinceladas de realidad contemporánea, es por esa razón que la relacionamos con una actividad -desde nuestro punto de vista- muy similar y real que hemos podido observar durante la pandemia: los exámenes.juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflix

[Spoiler Alert]

Intentaremos evitar contar partes relevantes de la historia (como quién gana o pierde, o quién sobrevive a cada juego o quién está detrás de la máscara) pero será inevitable vincular esta reflexión con escenas específicas de la serie por lo que, si no la ha visto todavía, advertimos que podríamos estarle adelantando algo.

En resumen, la serie trata de un concurso al que los participantes acuden “voluntariamente” y compiten por algo que les garantizará la libertad y el bienestar futuro para ellos y sus familias. Los juegos son sencillos: solo tienes que seguir las instrucciones para no ser eliminado

Nada más parecido a nuestro sistema educativo.

Juego #1: ¡Luz roja! No te muevas

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixEn la serie, el primer juego «Luz verde, luz roja» establece que los participantes serían eliminados si realizan movimientos cuando está prohibido. En las instituciones educativas hemos implementado sistemas de vigilancia remota de los exámenes, estos sistemas observan movimientos de las personas que rinden estas pruebas y si llegan a hacer un movimiento no permitido el sistema dispara una alerta y el participante es eliminado.

Estos sistemas han sido muy criticados y hasta prohibidos en algunos lugares principalmente por consideraciones relacionadas con la privacidad y la protección de datos personales por los sistemas de reconocimiento facial utilizados. Pero al parecer a muy pocos les preocupa el estrés que podrían sentir los estudiantes al saberse vigilados ¿por qué? Pues por que siempre ha sido así: los exámenes siempre han planteado un sistema de vigilancia, el docente, convertido en celador caminaba de manera amenazante por el aula golpeando una mano con el extremo de una regla, observando cualquier movimiento … hasta que … ¡ajá! ¡te atrapé! …

El estudiante 20113456 ha sido eliminado.

Juego #2: El resultado

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixUno de los juegos en la serie reta a los participantes a conseguir un resultado exacto, no se toleraba ningún error (como en el juego de la galleta de caramelo).

Tradicionalmente en la educación las evaluaciones han perseguido la misma lógica: el resultado exacto es lo único que importa.

Es cierto que la educación también ha evolucionado algo y hay docentes que realizan evaluaciones en las que no solo piden el resultado sino también el procedimiento. ¿Por qué? Porque sospechan que el estudiante ha hecho trampa. Es más, el procedimiento debe ser exactamente aquel que fue enseñado en clase pues de lo contrario sería considerado fraudulento ¡cómo se atreven a usar un procedimiento distinto! ¡eso va contra las reglas! ir contra las reglas implica consecuencias…

El estudiante 20126554 ha sido eliminado.

Juego #3: Velocidad

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixEn la serie, la mayoría de los retos deben cumplirse en un tiempo determinado, si el tiempo vence y la tarea no ha sido cumplida, el jugador es eliminado.

Los exámenes han sido siempre así: una carrera contra el tiempo. Generalmente el tiempo ha sido limitado, la mayoría de los estudiantes al vencer el plazo seguían respondiendo las últimas preguntas, casi sin pensar, casi sin razonar, jugándose a la suerte hasta que escucha:

¡Dejen de escribir!

¡Entreguen sus pruebas inmediatamente o serán eliminados!

En las evaluaciones online la presión sobre el tiempo se ha radicalizado, es el sistema el que marca el tiempo: ¡ni un segundo más! Si el estudiante no llegó a entregar el examen o el trabajo en el tiempo establecido, entonces corresponde ponerle cero.

El estudiante 20023244 ha sido eliminado

Juego #4: ¡Sorpresa! El reto se complica

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixLos exámenes siempren sido sorpresivos, de hecho el contenido de un examen se resguarda con mucho celo pues es un secreto que solo puede ser develado en el momento exacto en que inicia la prueba. En ese momento se conoce cuál será el reto y cuáles son las instrucciones, condiciones y reglas.

Pero los estudiantes (los jugadores) son hábiles, se adaptan, coordinan, buscan en sus habilidades la mejor manera de sobrepasar los obstáculos. En la serie uno de los participantes cuenta con la habilidad de reconocer las características de un obstáculo, ese conocimiento permitiría que todos sus compañeros pasen la prueba. En ese momento, el celador se da cuenta y cambia las condiciones para evitar que esa habilidad permita que los participances avancen.

Muchos docentes (celadores) hacen lo mismo: toman exámene sorpresa, sin previo aviso, quizás pensando que de esa forma preparan a los estudiantes para el cruel mundo que tendrán que enfrentar o en que de esta forma le restan oportunidad a los tramposos para que de preparen, coordinen y planifiquen cómo vencer el obstáculo con alguna formula innovadora.

Los docentes también reducen el tiempo de duración de los exámenes pues consideran que mientras menos tiempo tengan los estudiantes para responder un cuestionario, menos oportunidades tendrán de coordinar con sus compañeros y apoyarse mutuamente para aprobar. Hay evaluaciones en las que los estudiantes deben responder extensos cuestionarios en solo 15 minutos … ¡como si la velocidad fuera un indicador de aprendizaje!

Pero, nuevamente, esto siempre ha sido así. Las restricciones durante los exámenes son variadas: prohibidos los libros y materiales, las calculadoras, los celulares y cualquier dispositivo … ¡entreguen todas sus pertenencias! (igual que en la serie)

Y así inicia la carrera de obstáculos:

¡El examen es por filas!

¡Los cuestionarios son distintos!

¡Las preguntas están en distinto orden!

Y… ¡Lee bien las preguntas! (porque algunas están escritas intencionalmente para inducirte al error)

Y así las evaluaciones se convierten en una competencia entre celadores y prisioneros, mientras unos establecen restricciones y obstáculos;  los otros, o se las arreglan para evadirlos sin ser descubiertos o se resignan a cumplir con las cambiantes y cada vez más estrictas reglas y restricciones para sobrevivir… si es que pueden.

El estudiante 20013284 ha sido eliminado

Juego #5: El grupo

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixEn la serie los participantes son obligados a conformar grupos para el siguiente juego sin saber de qué tratará, ¿cuáles serán las habilidades necesarias?, ¿cuál será la mejor forma de conformar el equipo si no conozco a las otras personas?

¿Les suena conocido?

Al inicio de cada semestre se forman grupos de trabajo entre los estudiantes para resolver un conjunto de actividades que no han sido descritas previamente, y se forman grupos entre personas que no se conocen y de las cuales dependerá si pasan o no la prueba (o el curso).

Como en la serie, lo que observamos en la realidad es que los grupos se definen por afinidad, parentesco, grupos sociales, apariencia, género, entre otros. Lo que resulta no solo siendo poco apropiado para los fines que aparentemente se persiguen (como formar a los estudiantes para el trabajo en equipos diversos) sino que se termina reforzando patrones de exclusión y discriminación.

Algo a favor de lo que ocurre en la serie es que “el más débil”, aquella persona que fue excluida o no fue elegida para ningún grupo, no es eliminada … en cambio en nuestro sistema educativo sí se le elimina.

En este sentido, el sistema educativo es incluso más perverso que el Juego del Calamar.

El estudiante 20153284 ha sido eliminado

Juego #6 Sin perdedores no hay ganadores

juego del calamar,exámenes,evaluaciones,educación,crítica,netflixProbablemente el momento más tenso en la serie ocurre cuando los participantes se dan cuenta que la cooperación para sobrevivir tiene un límite pues «sin perdedores no hay ganadores», lo que genera un incentivo para evitar que las otras personas tengan éxito.

En el sistema educativo a eso se le llama: tercio superior.

A los estudiantes se les mide por el promedio ponderado de sus calificaciones y de ello dependen muchas cosas: desde el orden de matrícula hasta mantener o no una beca. Aquellos que pertenecen al tercio superior en el orden de promedios cuentan con beneficios o ventajas que los demás no. ¿y si de ser parte del tercio superior dependiera la supervivencia? ¿si no hay forma de poder seguir estudiando si se pierde la beca por no ser tercio superior?

Es importante notar que para que exista un tercio superior, necesariamente deben existir dos tercios inferiores… ¿qué tipo de comportamiento se motiva cuando los estudiantes llegan a darse cuenta de esto? Probablemente los mismos que en la serie.

Los estudiantes 20145647 y 20149876 han sido eliminados

El premio… ¿por qué estamos haciendo todo mal?

Así como el ganador en la serie se da cuenta de que haber ganado , que haber llegado a la meta no satisface lo que buscaba en la vida, probablemente los estudiantes que logren pasar todos las evaluaciones y graduarse, sentirán orgullo por haber logrado “vencer todos los obstáculos” en lugar de estar orgullosos por todo lo aprendido.

¿Será que, en lugar de estar formando personas que lideren cambios y transformaciones en nuestra sociedad, estamos fomando gladiadores, personas capaces de vencer obstáculos a toda costa, capaces de aprovechar los vacíos del sistema para obtener ventaja? ¿Acaso estamos formando personas entrenadas para enfocarse en el resultado y el beneficio individual sin importar a quién o quiénes se deja atrás?.

Por ello es urgente repensar el sentido formativo de las evaluaciones para que dejen de ser un momento en el que el estudiante es puesto a prueba por el docente, y pasen a ser el momento en el que el estudiante comprueba que ha avanzado. Un momento ansiado por el estudiante como aquel de la confirmación de sus logros, de sus aprendizajes, es decir,  un momento de orgullo y satisfacción tanto del estudiante como del docente, en lugar de un momento de enfrentamiento entre ambos en el que el defensor (el docente) se vale de su poder y control del territorio para evitar que el atacante (el estudiante) avance y logre su objetivo.

Sí, igual que en el último juego: el Juego del Calamar.

Un juego que debemos dejar de jugar.

“Sería una tontería no aprovechar la pandemia global para pasar la página sobre décadas de desastres docimológicos (…) No más preguntas sobre salas de examen bunkerizadas en las cuales las reglas de conducta son casi tan estrictas como en el ambiente de la prisión; no más protocolos de vigilancia que hace sospechosos a todos los estudiantes y que nunca impidieron ningún engaño; no más métodos que finalmente evalúan mucho más la capacidad de resistir el estrés que el conocimiento de una materia por parte de los estudiantes.” (Horemans; Schmidt, 2020 citado por Pardo y Cobo en Expandir la Universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia)