El mercado laboral está cambiando con rapidez, impulsado por la inteligencia artificial. Más que generar incertidumbre, este contexto plantea nuevas exigencias y oportunidades para quienes se están formando hoy. Según el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo, esta transformación no implica necesariamente la desaparición del empleo, sino su evolución. De hecho, según el informe IA generativa y empleo en América Latina y el Caribe: ¿La brecha digital es un factor protector o un cuello de botella? (2024) del Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo entre el 26% y el 38% de los empleos en América Latina están expuestos a la inteligencia artificial; sin embargo, solo entre el 2% y el 5% podrían automatizarse completamente, mientras que una proporción significativa podría mejorar su productividad. En ese sentido, la diferencia no está en evitar la IA, sino en aprender a integrarla con criterio en el desarrollo profesional.

A lo largo del tiempo, la empleabilidad ha evolucionado junto con los cambios tecnológicos. Si antes se priorizaba la especialización y luego la adaptación digital, hoy el diferencial está en combinar habilidades humanas con el uso estratégico de la tecnología. Por ello, aprender deja de ser un momento puntual y se convierte en un proceso continuo, donde la actualización constante es clave.

En este escenario, la IA se posiciona como una aliada en el desarrollo profesional. Permite optimizar el currículum vitae (CV), prepararse para entrevistas, analizar tendencias del sector y generar ideas de proyectos. No obstante, su valor radica en el uso consciente: interpretar resultados, cuestionar la información y adaptarla a contextos reales siguen siendo capacidades humanas esenciales. Así, la empleabilidad depende cada vez más de cómo se articula el conocimiento con la tecnología para generar valor.

Asimismo, este cambio está transformando la forma de aprender. Las micro y nano credenciales permiten desarrollar habilidades específicas en menos tiempo y con mayor flexibilidad, complementando la formación universitaria. De este modo, el perfil profesional deja de ser estático y se construye de forma progresiva, en respuesta a un entorno laboral dinámico.

Frente a este panorama, la universidad tiene un rol clave. Más allá de transmitir contenidos, debe formar profesionales capaces de pensar críticamente, adaptarse y utilizar la tecnología de manera responsable. Esto implica integrar la IA en el aprendizaje, promover experiencias prácticas y abrir espacios más flexibles. Así, la educación superior no solo prepara para el primer empleo, sino para una trayectoria en constante cambio.

En el contexto peruano, este proceso convive con desafíos estructurales como la brecha digital y la alta informalidad laboral. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en su informe Perú: Comportamiento de los indicadores del mercado laboral a nivel nacional y en 27 ciudades (2026), el 70,2% de la población ocupada se encuentra en condición de informalidad, lo que evidencia un acceso desigual a oportunidades laborales y protección social. En este escenario, la inteligencia artificial no impactará de la misma manera en todos los perfiles; sin embargo, también abre una oportunidad: quienes desarrollen competencias digitales y utilicen estas herramientas de forma estratégica podrán potenciar su perfil y acceder a nuevas posibilidades. Así, la educación se posiciona como un actor clave para reducir brechas y ampliar oportunidades.

Finalmente, la empleabilidad siempre ha estado ligada a la capacidad de adaptación. Hoy, la inteligencia artificial no cambia esa lógica, pero sí eleva el nivel de exigencia. En un entorno donde la tecnología avanza rápidamente, ser empleable implica aprender de forma continua, cuestionar y crear con intención. Porque, más allá de cualquier avance, la verdadera ventaja sigue siendo profundamente humana.

En la sesión del viernes 24 de abril de la Comunidad IA en la Educación se presentó una experiencia aplicada en el campo de la odontología, a cargo de Maritza Meza, docente de la UPC, quien compartió el diseño de una sesión orientada a fortalecer la prescripción farmacológica en estudiantes de esta carrera. La propuesta, titulada “Más allá del papel: recetas odontológicas en la era de la inteligencia artificial”, abordó el uso de herramientas generativas para conectar el conocimiento teórico con la toma de decisiones clínicas en el aula.  

La sesión partió de una necesidad identificada en el curso de Terapéutica: la dificultad de algunos estudiantes para trasladar los contenidos farmacológicos a la redacción correcta de recetas odontológicas. Según la experiencia presentada, esta brecha se evidenciaba en la inseguridad para elegir medicamentos, definir dosis, precisar vías de administración y completar los elementos formales de una receta. Ante ello, la docente diseñó una actividad que integró inteligencia artificial como recurso de simulación, diseño y retroalimentación. 

Entre las herramientas utilizadas estuvieron Gamma, para la creación de materiales didácticos; ChatGPT y otras plataformas similares, para generar casos clínicos y ejercicios de identificación de errores; Canva, para el diseño de recetas; y Eleven Labs, para producir audios que simularan relatos de pacientes. Este último recurso permitió acercar a los estudiantes a una situación más parecida a la práctica profesional, en la que el paciente no presenta la información de manera ordenada, sino a través de una narración que debe ser interpretada clínicamente. 

La dinámica incluyó actividades progresivas: primero, la identificación de errores en recetas generadas con apoyo de IA; luego, la elaboración de recetas a partir de casos clínicos; y, finalmente, la resolución de un escenario narrado en audio, acompañado de imágenes diagnósticas. Durante el proceso, los estudiantes trabajaron de forma colaborativa, expusieron sus decisiones y recibieron retroalimentación de sus pares y docentes, lo que permitió reforzar el razonamiento clínico y la comunicación profesional. 

De acuerdo con la experiencia compartida, la incorporación de estas herramientas favoreció una mayor autonomía y confianza en los estudiantes al momento de enfrentar ejercicios de prescripción. También se observó una reducción de errores frecuentes en la redacción de recetas, especialmente en aspectos vinculados con dosificación y vía de administración. La sesión abrió además una conversación sobre el papel del docente en el diseño de experiencias con IA, la necesidad de verificar los resultados generados por estas herramientas y la importancia de promover pensamiento crítico en su uso. 

El encuentro concluyó con una reflexión sobre el valor de integrar inteligencia artificial en actividades concretas de enseñanza, sin reemplazar el criterio profesional ni la mediación docente. La experiencia mostró que, en áreas como la salud, la IA puede funcionar como apoyo para simular escenarios, ampliar oportunidades de práctica y fortalecer competencias clínicas, siempre que su uso esté acompañado de orientación pedagógica, revisión crítica y objetivos de aprendizaje claramente definidos. 

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Este webinar marca el inicio de la serie Innovación con propósito, un espacio en el que compartiremos contenidos y reflexiones sobre el uso de la tecnología para generar impacto positivo en la educación y la sociedad, a través de este blog y nuestras redes sociales de innovación educativa.

Por qué, en la era de la hiperconectividad, nos sentimos más distantes que nunca de las realidades que nos incomodan? Este webinar aborda el concepto de la “Ceguera Moral” de Zygmunt Bauman: esa barrera invisible que nos permite ver la necesidad del otro como un dato estadístico, sin que llegue a movilizarnos.

La sesión estará a cargo de Rocío Timaná, directora en Utopia Interactive y docente de la Facultad de Negocios y Comunicaciones en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, quien explorará este fenómeno desde una mirada crítica y aplicada al contexto educativo.

En este espacio, bajo el marco del Tech for Good, exploraremos el potencial de la realidad virtual como un puente para derribar esa anestesia emocional y contribuir al ODS 10 (Reducción de las desigualdades). Analizaremos:

webinar ceguera moral y el reto de la empatía
  • El origen de la indiferencia: ¿Qué está pasando en nuestra sociedad que nos impide conectar con el sufrimiento ajeno?
  • La tecnología como ventana: ¿Cómo cambia nuestra percepción cuando dejamos de observar una pantalla y pasamos a “estar” en el lugar a través de la inmersión?
  • El experimento humano: Presentaremos un estudio donde estudiantes universitarios se enfrentan a la realidad de una escuela rural peruana mediante distintos formatos: Video Convencional, Video Inmersivo 360° y Realidad Virtual.

Forma parte de este espacio de reflexión sobre el rol de la tecnología en el desarrollo de la empatía.

En la sesión del 17 de abril de la Comunidad IA, César Velázquez presentó una experiencia pedagógica desarrollada en el curso Decision Making by Data Driven Design, en la que exploró el uso de agentes virtuales como apoyo en procesos de investigación aplicados al diseño industrial. La propuesta partió de una pregunta concreta: hasta qué punto un sistema de inteligencia artificial puede complementar la comprensión de una comunidad usuaria sin sustituir el trabajo de campo ni el juicio académico de los estudiantes. 

La experiencia se construyó a partir de una metodología exploratoria que combinó técnicas tradicionales —como entrevistas y encuestas— con la creación de un agente virtual caracterizado según el perfil del usuario investigado. Para ello, se utilizó Google AI Studio con Gemini Flash, en una versión accesible para el trabajo en aula y sin requerimientos de programación. El propósito no fue entrenar modelos complejos, sino construir una representación digital suficientemente detallada como para contrastar las respuestas del usuario real con las del usuario simulado. 

Uno de los hallazgos más relevantes de la sesión fue la similitud que, en varios casos, existió entre la información obtenida mediante interacción humana y la generada por el agente virtual. Este resultado permitió discutir el potencial de la IA para ampliar o acelerar ciertas fases de la investigación, sobre todo en contextos donde el tiempo académico es limitado o el acceso a determinadas comunidades resulta difícil. La experiencia involucró a 28 estudiantes organizados en siete grupos, que trabajaron con comunidades específicas y cercanas al contexto local. 

Sin embargo, la presentación insistió en que el valor pedagógico de la experiencia no radica solo en la eficiencia de la herramienta, sino en su capacidad para hacer visibles los límites de los datos. César Velázquez subrayó que los agentes también produjeron respuestas sesgadas o alejadas de la realidad, lo que permitió discutir con los estudiantes temas como alucinaciones, calidad de fuentes, sobrecaracterización de perfiles y pérdida de matices emocionales o conductuales. En ese sentido, la IA no fue presentada como una instancia que resuelve, sino como un recurso que abre nuevas preguntas sobre cómo se produce, interpreta y valida la información. 

La sesión puso especial énfasis en la validación humana como principio irrenunciable. Aunque los agentes virtuales pueden ofrecer una línea de base útil para la exploración de datos y la generación de insights, las decisiones de diseño continúan dependiendo de la interpretación crítica de los estudiantes y docentes. Esta idea atraviesa la propuesta presentada: la inteligencia artificial puede ampliar capacidades, pero no reemplaza la responsabilidad humana en la comprensión del contexto, la lectura de sesgos y la toma de decisiones. 

Durante el diálogo posterior, los participantes plantearon posibilidades de ampliación de la experiencia hacia metodologías de investigación más estructuradas y hacia el uso de otras herramientas como ClaudePerplexity o Copilot. La conversación dejó abierta una línea de trabajo relevante para la educación superior: integrar la IA en los cursos no como un atajo, sino como una oportunidad para enseñar a experimentar, contrastar, equivocarse y volver a evaluar. Desde esa perspectiva, la sesión ofreció una reflexión pertinente sobre el lugar que pueden ocupar los agentes virtuales en procesos formativos que buscan articular innovación, pensamiento crítico y criterio profesional. 

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En el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, que se celebra cada 18 de abril, se destaca la importancia de proteger, conservar y dar a conocer aquellos lugares que forman parte de nuestra historia y cultura.

Sin embargo, no todas las personas pueden acceder a ellos. Factores como la distancia, los costos o la movilidad limitan la posibilidad de conocerlos de manera presencial.

Frente a ello, la innovación abre nuevas oportunidades. La realidad virtual permite recorrer monumentos y sitios históricos desde cualquier lugar, generando experiencias inmersivas que acercan el patrimonio a más personas y favorecen el aprendizaje.

En este contexto, desde la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas se vienen desarrollando experiencias que integran tecnología y turismo para acercar estos espacios a más personas. Un ejemplo es la propuesta en realidad virtual sobre Santa Rosa de Quives, que permite explorar este sitio de valor cultural y religioso a través de una experiencia inmersiva.

Algunas plataformas para recorrer monumentos en realidad virtual:

Google Arts & Culture
AirPano

Este enfoque se alinea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11: Ciudades y comunidades sostenibles, que impulsa la protección y el acceso inclusivo a la cultura, recordándonos que la tecnología también puede ser una aliada para acercar estos espacios a más personas.

El pasado 27 de marzo se llevó a cabo, con gran acogida, la primera edición del 2026 del Expert Academy Session, posicionándose como un espacio estratégico para analizar las tendencias que están redefiniendo el desarrollo profesional en la era digital.

En esta sesión, titulada “El futuro de las credenciales y la empleabilidad en la era digital”, se contó con la participación de Guido Grinbaum, Founder de POK y referente global en digital credentialing, quien ofreció una mirada estratégica y de alto impacto sobre cómo las credenciales digitales están transformando la validación de competencias y redefiniendo las dinámicas del mercado laboral a nivel global.

Durante la charla, los asistentes profundizaron en cómo las nuevas formas de certificación están transformando la manera en que profesionales y organizaciones validan competencias, posicionando el aprendizaje continuo y la adaptabilidad como ejes estratégicos para la empleabilidad en un entorno en constante evolución. La destacada participación evidenció el alto interés por comprender y adoptar estas nuevas dinámicas del mercado laboral.

En este contexto, se presentó el programa de Certificaciones Digitales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), una propuesta formativa diseñada para responder de manera ágil y pertinente a las exigencias actuales. Este programa ofrece rutas de aprendizaje flexibles, orientadas al desarrollo de competencias específicas y altamente demandadas, mediante certificaciones que permiten validar conocimientos con relevancia y reconocimiento en el entorno profesional.

La presentación estuvo a cargo de la Mg. Gabriela Gonzales, Coordinadora de Microcredenciales y Certificaciones Digitales en la Dirección de Innovación Educativa y Emprendimiento, quien explicó cómo esta propuesta integra un portafolio de certificaciones alineadas a la evolución del mercado y orientadas a potenciar el perfil profesional de los participantes.

Asimismo, se destacó que el programa se estructura en áreas clave como Liderazgo y Desarrollo, Datos e Investigación, Creatividad e Innovación, y Comunicación y Crecimiento, permitiendo a los participantes especializarse estratégicamente, fortalecer su perfil competitivo y adaptarse a los desafíos de un mercado cada vez más dinámico.

Finalmente, se resaltó que estas certificaciones no solo brindan acceso a contenidos organizados y experiencias de aprendizaje aplicadas, sino que también permiten obtener credenciales digitales alineadas con estándares y tendencias globales, facilitando una validación ágil de competencias y potenciando las oportunidades de inserción y crecimiento profesional.

Te invitamos a explorar el área que más se alinee a tus objetivos profesionales y dar el siguiente paso en tu crecimiento: https://educacioncontinua.upc.edu.pe/certificaciones-digitales/

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Este tipo de iniciativas refuerza el compromiso de la UPC con la innovación educativa, acercando a la comunidad a soluciones concretas que impulsan el desarrollo de competencias y los preparan para un entorno profesional cada vez más dinámico y exigente.

Continuamos generando espacios que conectan a nuestros participantes con expertos internacionales, tendencias globales y oportunidades reales de crecimiento, fortaleciendo así su proyección profesional.

Para cualquier pregunta o duda que tengas, escribe al siguiente correo o WhatsApp:

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En la sesión del 27 de marzo de la Comunidad IA, Gina Torres presentó una experiencia de uso de agentes conversacionales para simular pacientes virtuales en la formación de estudiantes de psicología. La exposición se centró en una necesidad concreta del proceso formativo: ampliar las oportunidades de práctica clínica para que más estudiantes puedan ejercitar habilidades de entrevista, observación y formulación inicial de casos antes de ingresar a escenarios de simulación más complejos. 

La propuesta surgió a partir de un curso de simulación clínica e inteligencia artificial realizado en 2025, a partir del cual la docente identificó el potencial de estos recursos para complementar la enseñanza en cursos vinculados con psicología clínica. Según explicó, una de las dificultades habituales es que no todos los estudiantes logran participar con la misma intensidad en prácticas presenciales o en laboratorio. Frente a ello, el uso de agentes permite que cada estudiante asuma un rol activo y sostenga una interacción individual con un “paciente” configurado para responder con determinadas características, niveles de apertura y grados de dificultad. 

Uno de los aspectos más relevantes de la sesión fue la explicación detallada del diseño pedagógico del agente. Torres mostró cómo, a través de Microsoft Copilot, es posible definir la identidad del personaje, su contexto, el tipo de respuestas que ofrecerá y la manera en que reaccionará ante preguntas formuladas con mayor o menor empatía. Esta configuración no busca únicamente generar una conversación, sino reproducir ciertas condiciones de una entrevista clínica real, donde el estudiante necesita construir rapport, interpretar señales, reorganizar sus preguntas y sostener el diálogo aun cuando el interlocutor ofrezca respuestas breves o ambiguas. 

La experiencia presentada también puso énfasis en el valor formativo de la retroalimentación. Al finalizar la interacción, los estudiantes pueden revisar la conversación completa, analizar sus decisiones durante la entrevista y reconocer aspectos por mejorar en escucha activa, empatía y conducción del caso. En los resultados compartidos, se destacó que los participantes percibieron la experiencia como cercana a una situación real y valoraron la posibilidad de practicar sin depender exclusivamente de la disponibilidad de pacientes simulados presenciales. Asimismo, la docente señaló que esta estrategia contribuye a que los estudiantes lleguen mejor preparados a instancias posteriores de simulación clínica. 

Durante el diálogo con los asistentes también se abordaron los límites y desafíos de este tipo de herramientas. Torres explicó que la creación de agentes requiere prueba, ajuste y especial cuidado en la redacción de instrucciones, especialmente en contextos sensibles como la psicología, donde ciertos términos pueden generar errores en el sistema. A ello se sumó una reflexión sobre la evolución de estos entornos: actualmente funcionan sobre todo mediante chat, pero se anticipa que incorporarán formas de interacción más cercanas a conversaciones orales, lo que abriría nuevas posibilidades para el entrenamiento profesional. 

En conjunto, la sesión mostró una aplicación concreta de la inteligencia artificial orientada no a reemplazar la práctica docente, sino a ampliar las oportunidades de aprendizaje y seguimiento. La experiencia compartida evidenció que los agentes conversacionales pueden convertirse en un recurso valioso para ensayar entrevistas, fortalecer competencias clínicas y generar evidencia del proceso de aprendizaje, siempre que su uso esté acompañado por criterios pedagógicos claros y supervisión docente. 

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En la universidad, la investigación y la divulgación científica también se fortalecen gracias a la iniciativa de los propios estudiantes. A través de comunidades y espacios colaborativos, muchos de ellos promueven el intercambio de conocimiento y generan oportunidades para aprender, investigar y compartir ciencia.

Un ejemplo de ello es Biómicas, una organización estudiantil de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) conformada mayoritariamente por estudiantes de Biología. Su trabajo está enfocado en la difusión científica, la educación en ciencias y la promoción de oportunidades académicas y profesionales para estudiantes interesados en las ciencias biológicas.

Iniciado como un proyecto de la carrera de Biología, Biómicas se ha convertido en un espacio liderado por estudiantes para compartir la ciencia de manera accesible, entretenida y abierta, promoviendo la democratización del conocimiento científico y la divulgación académica en diversas áreas de las ciencias biológicas.

Entre sus principales iniciativas destaca el Congreso Científico BioFutura, un evento académico que reúne a estudiantes, investigadores y profesionales de las ciencias biológicas y áreas afines con el objetivo de fomentar el interés y la participación en investigación científica, así como fortalecer las capacidades de estudiantes y jóvenes profesionales. El congreso se realizó del 5 al 7 de marzo y reunió ponencias magistrales, paneles con expertos, talleres, feria científica y presentaciones de investigaciones, generando un espacio de aprendizaje, intercambio y construcción de conocimiento.

Este tipo de iniciativas reflejan cómo las organizaciones estudiantiles pueden contribuir activamente al desarrollo del ecosistema científico, promoviendo el interés por la investigación y acercando la ciencia a más estudiantes.

En la sesión del viernes 13 de marzo de la Comunidad IA, Luis Valdivia Humareda, docente de la UPC y especialista en desarrollo de software, inteligencia artificial y arquitectura cloud, presentó una experiencia pedagógica centrada en la enseñanza de programación para estudiantes de ciclos superiores vinculados al desarrollo de videojuegos. Su propuesta, titulada Aprender reparando: debugging profesional en motores de juegos como Unity y Phaser, parte de una observación concreta: muchos estudiantes logran implementar funcionalidades, pero todavía dependen en exceso del docente cuando aparecen errores en el código.  

A partir de ese diagnóstico, la experiencia replantea el lugar del error dentro del proceso de aprendizaje. En vez de entenderlo como un obstáculo que debe evitarse, Valdivia lo convierte en recurso pedagógico. La metodología consiste en exponer al estudiante a errores intencionales, tanto técnicos como lógicos, para que aprenda a leer mensajes del sistema, identificar causas, proponer soluciones y documentar el proceso de corrección. De este modo, el aula se aproxima a escenarios reales de trabajo, donde no siempre se construye desde cero, sino que con frecuencia se debe intervenir sobre productos ya desarrollados, incompletos o defectuosos.  

La propuesta se organizó en dos momentos. En un primer tramo, el docente modeló con los estudiantes la identificación y resolución de errores dentro de motores como Unity y Phaser, mostrando cómo pequeñas omisiones o decisiones incorrectas afectan el funcionamiento del proyecto. En un segundo momento, cambió la lógica de la evaluación: en lugar de pedir la creación de un producto desde cero, entregó proyectos funcionales previamente alterados para que los estudiantes diagnosticaran y repararan fallas. Esta variación permitió evaluar no solo el resultado final, sino también la comprensión del problema, la capacidad de depuración y la argumentación técnica del proceso seguido.  

Los resultados presentados fueron relevantes. Según lo expuesto en la sesión, se redujo de manera considerable la solicitud constante de ayuda al docente, disminuyó el tiempo que los estudiantes dedicaban a la depuración de errores y mejoró la estabilidad de los proyectos entregados. A ello se sumaron logros formativos de mayor alcance: incremento de la autonomía, fortalecimiento del pensamiento computacional, mejor documentación de los procesos y mayor confianza para afrontar problemas similares en contextos profesionales. La experiencia mostró, además, que enseñar a corregir errores no implica bajar la exigencia, sino desplazarla hacia competencias más cercanas a las demandas del campo laboral.  

Uno de los puntos más valiosos de la conversación fue la reflexión sobre la evaluación en contextos atravesados por inteligencia artificial generativa. Frente a la facilidad con la que hoy un estudiante puede obtener código funcional mediante herramientas como ChatGPT, la experiencia presentada propone una evaluación más auténtica: resolver errores complejos, especialmente aquellos de lógica, exige comprensión de fundamentos y no solo capacidad de pedir respuestas a una herramienta. En ese sentido, la IA aparece como apoyo para optimizar tareas, pero no sustituye la necesidad de comprender cómo funcionan los sistemas ni de desarrollar criterios para intervenir sobre ellos.  

Finalmente, la sesión abrió una discusión sobre la transferencia de esta metodología a otras disciplinas. El ponente sugirió que la lógica de “aprender reparando” puede adaptarse a áreas como marketing, matemática, estadística, psicología, finanzas o ingeniería industrial, mediante actividades en las que los estudiantes deban analizar campañas mal diseñadas, procedimientos erróneos, datos defectuosos o procesos mal secuenciados. Desde esta perspectiva, el debugging deja de ser una práctica exclusiva de la programación y se convierte en una forma de aprendizaje basada en el análisis crítico, la corrección argumentada y la preparación para contextos profesionales donde identificar y resolver errores forma parte del ejercicio cotidiano. 

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